lunes, 28 de septiembre de 2026

De “¿Cómo terminará esto para Irán?” a “Cuando EEUU se retire”: la historia de dos portadas de The Economist


La revista británica “The Economist” pasa de preguntar cómo terminará Irán a plantear cuándo se retirará EE.UU., en un giro sobre el relato de la guerra.

Por: Maya Kareen

Hace casi 466 días, apenas siete días después del inicio de la agresión militar israelí contra Irán, respaldada por EE.UU. y no provocada e ilegal, The Economist colocó provocativamente en su portada una bandera iraní desgarrada y preguntó: “¿Cómo terminará esto?”

La imagen fue ampliamente interpretada como una metáfora del posible colapso o fragmentación de la República Islámica frente a una fuerza militar abrumadora.

En aquel momento, el relato predominante sobre Irán estaba dominado por las predicciones de una derrota inminente, el debilitamiento de su liderazgo e incluso el posible colapso de la República Islámica bajo el peso de una agresión que se produjo en medio de las conversaciones nucleares indirectas entre Irán y Estados Unidos.

El artículo continuaba preguntándose si lo que describía como la primera guerra de Israel contra Irán “será también la última”, o si “dará lugar a una serie de guerras entre Irán e Israel que sumirán” a Asia Occidental en años, si no décadas, de mayor violencia.

Escrito antes de que Estados Unidos se incorporara directamente a la guerra de agresión mediante el bombardeo ilegal de las instalaciones nucleares iraníes de Fordo, Natanz e Isfahán el 22 de junio, el artículo también sugería que Washington debía ir más allá de “limitarse a defender a Israel y disuadir a Irán” y unirse al régimen ocupante en el ataque contra el programa nuclear pacífico de Irán.

Sin embargo, incluso entonces, The Economist advertía de que una guerra de este tipo podría convertirse en un conflicto regional más amplio, disparando los precios de la energía mediante ataques contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudí o el bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria vital para el suministro energético mundial.

Irán, sin embargo, no convirtió la guerra en un conflicto regional en aquella etapa ni cerró el estrecho de Ormuz. Respondió de manera contundente e infligió enormes daños al régimen sionista.

Tras una poderosa oleada de ataques de represalia contra los territorios ocupados por Israel, la República Islámica demostró que conservaba la capacidad de imponer elevados costes a sus adversarios.

Después de 12 días de guerra, Israel y Estados Unidos finalmente acordaron un alto el fuego. Sin embargo, la confrontación y la hostilidad estadounidense estaban lejos de haber terminado.

El 1 de febrero, el Líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, advirtió que cualquier nueva guerra iniciada por Estados Unidos contra Irán se convertiría inevitablemente en una guerra regional que envolvería a todos los países de la región.

Menos de un mes después, el 28 de febrero, Washington y Tel Aviv lanzaron una segunda ronda de agresión militar contra Irán, nuevamente en medio de la diplomacia nuclear.

El primer día, Estados Unidos e Israel asesinaron al Líder de Irán y a varios altos mandos militares, aparentemente calculando que “decapitar” al liderazgo del país allanaría el camino para el rápido colapso de la República Islámica y el llamado “cambio de régimen”.

Sin embargo, ese cálculo volvió a resultar erróneo.

Las Fuerzas Armadas iraníes emprendieron una respuesta sostenida y contundente, lanzando oleada tras oleada de ataques de represalia contra los territorios ocupados por Israel y las bases militares estadounidenses en toda la región.

Lejos de colapsar bajo la presión, Irán demostró su capacidad para absorber el impacto inicial, reorganizar su estructura de mando y continuar combatiendo en múltiples frentes.

Portada de junio de 2025 de The Economist, con una bandera iraní desgarrada y la pregunta: “¿Cómo terminará esto?”. Publicada durante los primeros días de la guerra israelí contra Irán.

La guerra finalmente llegó al estrecho de Ormuz, cuando Irán hizo valer su control sobre esta vía marítima estratégica, provocando graves alteraciones en los mercados energéticos mundiales y exponiendo la vulnerabilidad de uno de los cuellos de botella estratégicos más importantes del mundo.

Después de 40 días de guerra, Estados Unidos e Israel se vieron nuevamente obligados a aceptar un alto el fuego. Esta vez, la Administración Trump incluso aceptó una propuesta iraní para poner fin a la guerra impuesta.

El resultado supuso un marcado alejamiento de las expectativas que habían acompañado las primeras horas de la agresión: en lugar del llamado “cambio de régimen”, Washington y Tel Aviv se encontraron frente a un Irán que había soportado el asesinato de sus máximos dirigentes, resistido ataques sin precedentes y continuado oponiendo resistencia e infligiendo golpes al enemigo.

Desde el alto el fuego del 8 de abril, los intercambios de fuego han continuado de manera intermitente, mientras el estrecho de Ormuz ha permanecido en gran medida cerrado a las embarcaciones hostiles.

Tras fracasar en el logro de sus objetivos por medios militares, Washington ha recurrido cada vez más a la presión económica, imponiendo nuevas sanciones y aplicando un bloqueo naval y aéreo contra Irán. Sin embargo, la República Islámica ha continuado resistiendo la presión.

Asimismo, pese a las sanciones, amenazas, presiones políticas y agresión militar, Teherán ha mantenido que el estrecho de Ormuz solo será reabierto una vez que Estados Unidos ponga fin a la guerra impuesta en todos los frentes.

Y ahora, más de 15 meses después de que aquella bandera iraní desgarrada apareciera en su portada, The Economist ha regresado con una imagen que difícilmente podría ser más diferente.

Ya no aparece la pregunta de cómo terminará Irán. En su lugar, la revista ha colocado una nueva pregunta en el centro de su última portada: “CUANDO ESTADOS UNIDOS SE RETIRE”.

El cambio de imagen refleja un marcado giro en el relato. En junio de 2025, el foco estaba puesto en la supervivencia de Irán. Hoy, la pregunta planteada gira en torno al futuro del poder estadounidense en Asia Occidental.

Portada de septiembre de 2026 de The Economist, con la pregunta: “CUANDO ESTADOS UNIDOS SE RETIRE”, más de 15 meses después de su anterior portada centrada en el futuro de Irán.

Pero la transformación del relato no se limita al lenguaje utilizado en las portadas de The Economist.

Durante los últimos 15 meses, la guerra también ha generado un creciente registro de costes militares, financieros y estratégicos para Estados Unidos y su complejo militar-industrial.

Washington inició la guerra contra Irán con numerosos objetivos ambiciosos, entre ellos paralizar las capacidades nucleares y misilísticas de Irán con el fin de socavar y debilitar a la República Islámica.

Sin embargo, meses de guerra han dejado a Estados Unidos afrontando decenas de miles de millones de dólares en gastos, instalaciones militares dañadas en toda la región, reservas agotadas de algunos de sus interceptores y otras municiones más sofisticados, así como bajas entre sus militares.

Las siguientes cifras y evaluaciones, muchas de ellas procedentes de organismos gubernamentales estadounidenses, medios de comunicación estadounidenses y centros de estudios occidentales, ofrecen una imagen del precio que Washington ha pagado por la guerra y de la creciente brecha entre los objetivos anunciados al comienzo y la situación que ha surgido meses después.

43 600 millones de dólares y la factura sigue aumentando

El 18 de septiembre, The Washington Post informó de que el Comando Central de Estados Unidos (Centcom, por sus siglas en inglés) había estimado el coste de la guerra en 43 600 millones de dólares a principios de septiembre.

La cifra incluía 28 000 millones de dólares para reponer las municiones utilizadas durante la guerra contra Irán y más de 4300 millones de dólares por equipos perdidos o dañados. El desglose también situaba los costes operativos de la Fuerza Aérea en más de 6600 millones de dólares, los de la Armada en unos 2200 millones y los del Ejército en aproximadamente 1600 millones.

Es importante destacar que la estimación de 43 600 millones de dólares no incluye el coste futuro de reconstruir o reparar las instalaciones militares estadounidenses dañadas en Asia Occidental, según el informe.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) de EE.UU. también publicó su propia evaluación el 15 de septiembre, estimando que la guerra contra Irán ya había costado al Departamento de Guerra aproximadamente 38 000 millones de dólares hasta el 1 de agosto.

La CBO señaló que la cifra incluía la reposición de municiones utilizadas y equipos perdidos en combate, el aumento de las horas de vuelo, otros costes operativos y gastos adicionales de combustible.

Pero la parte más importante de la evaluación de la CBO fue su advertencia sobre la continuidad de los costes.

Señaló que, si la guerra se mantenía en la intensidad relativamente baja observada en mayo y junio, otro mes de combates costaría aproximadamente 2000 millones de dólares. Si los combates regresaban a la intensidad registrada en julio, el coste mensual podría aumentar hasta unos 3000 millones de dólares.

La CBO también subrayó que su estimación de 38 000 millones de dólares no incluía todos los costes asumidos por otras partes del Gobierno federal ni determinados gastos ya incorporados al presupuesto militar ordinario.



Al menos 228 activos militares estadounidenses dañados

La factura financiera estuvo acompañada de importantes daños físicos a la infraestructura militar estadounidense.

El 6 de mayo, el diario estadounidense The Washington Post publicó una investigación basada en imágenes satelitales que concluyó que los ataques iraníes habían destruido al menos 228 estructuras o piezas de equipo en 15 instalaciones militares estadounidenses de Asia Occidental.

El análisis del Post identificó 217 estructuras y 11 equipos que habían resultado dañados o destruidos. Entre los objetivos figuraban hangares, barracones, depósitos de combustible, aeronaves, sistemas de radar, equipos de comunicaciones y sistemas de defensa aérea.

El periódico examinó más de 100 imágenes satelitales de alta resolución difundidas por medios iraníes y verificó de forma independiente 109 de ellas mediante imágenes del sistema satelital Copernicus de la Unión Europea y, cuando estuvieron disponibles, imágenes comerciales por satélite.

No encontró pruebas de que las imágenes iraníes hubieran sido manipuladas. El Post también informó de que la destrucción era “mucho mayor” de lo reconocido públicamente por el Gobierno estadounidense.

La magnitud de los daños fue posteriormente reforzada por el propio organismo de supervisión del Gobierno estadounidense. En un informe publicado el 14 de septiembre, el inspector general del Pentágono proporcionó lo que la agencia estadounidense de noticias The Associated Press calificó como el recuento oficial más exhaustivo hasta la fecha del impacto de la guerra sobre las instalaciones militares estadounidenses.

El informe señaló que los ataques iraníes habían dañado o destruido cientos de edificios y otras estructuras en bases estadounidenses de Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak, Omán y Jordania.

La importancia de este hallazgo radica en que los daños ya no se basaban únicamente en análisis satelitales o informes iraníes. Fueron reconocidos en una evaluación oficial del gobierno estadounidense.

Decenas de MQ-9 Reaper y otras aeronaves perdidas o dañadas

Las conclusiones del inspector general del Pentágono también ofrecieron una imagen más clara de los daños sufridos por las aeronaves estadounidenses.

Según el sitio web estadounidense Stars and Stripes del 15 de septiembre, la guerra había provocado daños o destruido hasta 30 drones MQ-9 Reaper, junto con cuatro cazas F-15 y más de seis aviones cisterna KC-135.

El informe también señaló que el coste de reparar o sustituir algunos de estos activos aún no se había incorporado a la estimación general del coste de la guerra realizada por el Pentágono.

En otras palabras, incluso la cifra de 43 600 millones de dólares no debería considerarse necesariamente la factura definitiva.

La cifra real, sin embargo, es mucho mayor. Más de 50 MQ-9 Reaper han desaparecido sobre los cielos iraníes, según estimaciones independientes.



La guerra ha agotado las reservas estadounidenses de defensa antimisiles

Quizá más significativo que el valor en dólares de las armas empleadas sea el agotamiento de las reservas estadounidenses de interceptores avanzados.

En su informe del 6 de mayo, The Washington Post, citando un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, informó de que entre el 28 de febrero y el 8 de abril las Fuerzas Armadas estadounidenses habían utilizado al menos 190 interceptores THAAD y 1060 interceptores Patriot.

Estas cifras representaban aproximadamente el 53 % de las existencias estadounidenses de THAAD antes de la guerra y el 43 % de sus reservas de Patriot. Para septiembre, la evaluación se había vuelto aún más preocupante.

El think tank estadounidense Stimson Cente, en un informe publicado el 22 de septiembre, señaló que para agosto Estados Unidos había utilizado aproximadamente el 80 % de sus reservas de THAAD y alrededor de la mitad de sus interceptores Patriot.

El mismo informe indicó que el Ejército había utilizado “prácticamente todos” sus ATACMS y misiles de ataque de precisión (PrSM), armas de largo alcance que también serían importantes en un posible conflicto con China.

Según la evaluación del Stimson Center, reponer algunas de estas reservas podría llevar años. El CSIS estimó que las existencias de Tomahawk podrían no recuperar sus niveles anteriores a la guerra hasta finales de 2030 o principios de 2031, mientras que las reservas de Patriot y THAAD podrían tardar al menos tres años en recuperarse.

Los costes van más allá del campo de batalla

El impacto financiero también se ha extendido más allá del Pentágono. La CBO señaló el 15 de septiembre que la interrupción de los envíos de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz había elevado los precios mundiales de la energía, contribuyendo al aumento de los precios de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones en Estados Unidos.

La CBO estimó que la guerra dejaría la inflación estadounidense en el primer trimestre de 2027 en 0,5 puntos porcentuales por encima de su proyección de febrero de 2026, mientras que se proyectaba que la inflación subyacente del PCE (gastos de consumo personal )sería 0,3 puntos porcentuales superior.

El organismo también estimó que los tipos de interés de las letras del Tesoro a tres meses serían casi 0,2 puntos porcentuales más altos en 2026 de lo previsto anteriormente.

El Stimson Center fue más allá y estimó el coste directo e indirecto de la guerra en aproximadamente 220 000 millones de dólares, situando en unos 1650 dólares la parte correspondiente al hogar estadounidense medio. Atribuyó gran parte de esa carga económica más amplia al aumento de los precios de la energía.

Stimson señaló que, para el 15 de septiembre, el precio medio de la gasolina en Estados Unidos había alcanzado los 4,32 dólares por galón, un aumento del 45 % desde el inicio de la guerra, mientras que los precios del diésel habían subido aproximadamente un 70 %.

Daños a las instalaciones militares estadounidenses

Además de los miles de millones gastados en armas, operaciones y equipos militares dañados, Washington también asumió importantes gastos militares, diplomáticos y de emergencia.

El 14 de septiembre, el inspector general del Pentágono, según informó The Washington Post, señaló que los ataques iraníes habían causado aproximadamente 184 millones de dólares en daños a instalaciones militares y diplomáticas estadounidenses en Irak, Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

Por separado, el Departamento de Estado estadounidense informó de unos 113 millones de dólares en gastos relacionados con la guerra y de emergencia, de los cuales casi 80 millones estuvieron asociados a la evacuación de diplomáticos, sus familias y otros ciudadanos estadounidenses y personas que reunían los requisitos.

Unos 9000 ciudadanos estadounidenses fueron evacuados de la región durante la guerra contra Irán.

El programa de misiles de Irán ha comenzado a reconstruirse

El agotamiento de las reservas estadounidenses de interceptores adquiere especial importancia cuando se considera junto con la continua resiliencia del programa misilístico iraní.

El 10 de septiembre, The Wall Street Journal informó de que Irán había reanudado la producción de misiles balísticos, pese a los amplios ataques estadounidenses e israelíes contra su infraestructura misilística durante la fase inicial de la guerra.

Según el informe, funcionarios estadounidenses y regionales señalaron que Irán estaba ensamblando misiles de combustible líquido y sólido utilizando componentes almacenados en instalaciones subterráneas.

Los servicios de inteligencia detectaron actividad en varios emplazamientos subterráneos, incluida la instalación misilística de Jodžir, mientras Irán también trabajaba en nuevos centros subterráneos de ensamblaje.

El informe concluía que la reanudación de la producción ponía de relieve la dificultad de desmantelar por completo el programa misilístico iraní, uno de los objetivos declarados de la guerra.



Seis meses después, los objetivos originales siguen fuera de alcance

Esto devuelve el gasto militar a la cuestión central: ¿qué se consiguió realmente con todo esto? Washington continúa describiendo la guerra contra Irán como una operación que ha degradado gravemente las capacidades militares del país.

Sin embargo, evaluaciones occidentales independientes apuntan a una brecha sustancial entre los objetivos originales y la situación que ha surgido.

El Stimson Center, en su evaluación del 22 de septiembre, señaló que la Administración inició la guerra con objetivos que incluían poner fin al programa nuclear de Irán, destruir su industria misilística, aniquilar su Armada y acabar con su apoyo al Eje de la Resistencia.

Concluyó que Estados Unidos no había logrado alcanzar esos objetivos. En cambio, Stimson señaló que posteriormente la misión se redujo a la reapertura del estrecho de Ormuz, un objetivo que se volvió necesario precisamente porque la propia guerra había interrumpido el transporte marítimo a través de esta vía.

“Seis meses después, se ha avanzado poco hacia esos objetivos, mientras que la misión se ha reducido en gran medida a la única tarea de reabrir el estrecho de Ormuz, una vía marítima que la propia guerra cerró”.

Las cifras cuentan la historia de esa brecha cada vez mayor: 43 600 millones de dólares en costes militares estadounidenses; 28 000 millones necesarios simplemente para reponer las municiones utilizadas; más de 4300 millones de dólares en equipos dañados o perdidos; cientos de estructuras militares dañadas; reservas de THAAD y Patriot agotadas; y un sistema de producción de armas que afronta años de reposición.

Y, sin embargo, según The Wall Street Journal, Irán ya está reconstruyendo partes de su capacidad de producción de misiles balísticos.

Ese contraste —entre la magnitud de los recursos comprometidos por Washington y la dificultad de traducir la fuerza militar en sus objetivos políticos y estratégicos originales— constituye quizá la evidencia más importante del dramático cambio en el relato en torno a la guerra.



Y ahora, de vuelta a The Economist

Aquí es donde la última portada de The Economist adquiere especial relevancia.

Más de 15 meses después de que la revista colocara una bandera iraní desgarrada en su portada junto a la pregunta “¿Cómo terminará esto?”, la pregunta de su nueva portada ya no está centrada en Irán.

Pregunta: “CUANDO ESTADOS UNIDOS SE RETIRE”.

“Estados Unidos parece estar atrapado en Oriente Medio (Asia Occidental). No tiene una salida fácil de su guerra con Irán. Sin embargo, el conflicto, independientemente de cómo termine, marcará en realidad algo muy diferente: el momento en que Estados Unidos se retire de la región, en el sentido de que finalmente renuncie a su hegemonía allí”, señala el artículo.

En un editorial del 25 de septiembre, el subdirector de The Economist, Robert Guest, plantea una valoración similar y escribe que Estados Unidos ha disfrutado de décadas de dominio en la región, pero que esta era está llegando ahora a su fin.

“Ahora, mientras el señor Trump busca una salida a su guerra mal planificada, está ocurriendo algo trascendental. Como describimos en nuestro especial de portada, la hegemonía estadounidense en Oriente Medio está llegando a su fin”, escribe Guest.

Texto recogido de un artículo publicado en Press TV

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sábado, 26 de septiembre de 2026

Desmentido: escandalosas afirmaciones de Trump ante la ONU sobre la guerra contra Irán se desmoronan bajo escrutinio


Las escandalosas afirmaciones de Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) sobre la guerra contra Irán se desmoronan bajo escrutinio.

Por: Humaira Ahad

El presidente de EE.UU., Donald Trump, subió el martes a la tribuna de la Asamblea General de la ONU y formuló una serie de afirmaciones generales sobre Irán, su programa nuclear, la guerra impuesta y el estrecho de Ormuz.

Presentó la agresión militar de Washington como una campaña para derrotar una “amenaza iraní”, mientras describía a Teherán como la fuente de “décadas de derramamiento de sangre en toda Asia Occidental”.

Detrás de la desgastada retórica había una versión de los acontecimientos plagada de falsedades, omisiones y distorsiones generalizadas.

Por ejemplo, Trump afirmó que Irán había matado a “72 000 de sus propios ciudadanos”, describió el programa nuclear del país como “aniquilado” por Estados Unidos, declaró destruida toda la armada iraní, compuesta por 159 buques, acusó a Irán de violar el alto el fuego y afirmó que las fuerzas navales estadounidenses estaban trasladando decenas de buques y miles de millones de barriles de petróleo a través del estrecho de Ormuz.

Nada podría estar más lejos de la verdad.

Las evaluaciones de inteligencia estadounidenses concluyeron que el programa nuclear de Irán no había sido destruido; investigadores del Pentágono documentaron cientos de instalaciones estadounidenses dañadas en toda la región y un agotamiento de las municiones, mientras la maquinaria bélica estadounidense acumulaba gastos de decenas de miles de millones de dólares.

Las bajas estadounidenses y las pérdidas de aeronaves aumentaron, mientras que el tráfico a través del estrecho de Ormuz se desplomó, en lugar de volver a algo parecido a la normalidad tras la agresión estadounidense-israelí contra Irán.



A continuación, un desglose de las afirmaciones más evidentemente falsas de Trump sobre Irán y de lo que muestran los registros documentados.

Alegación: Durante 51 años, Irán (República Islámica) ha “gobernado mediante el derramamiento de sangre y asesinatos masivos”, extendiendo “muerte, carnicería y caos” por toda Asia Occidental y más allá.

Hecho: Más allá de la alegación errónea sobre que Irán extiende “muerte y caos” en la región, su cronología también parte de una distorsión histórica básica.

La República Islámica se estableció en 1979, tras la victoria de la Revolución Islámica, lo que significa que lleva 47 años en el poder, y no 51, como afirmó el megalómano presidente estadounidense.

La descripción que hace Trump de Irán como una fuerza de “derramamiento de sangre y agresión” contradice el registro histórico.

Durante los últimos dos siglos, Irán ha luchado para defender su territorio y disuadir ataques, en lugar de emprender guerras de conquista o expansión territorial.

Incluso instituciones gubernamentales y de política exterior estadounidenses describen la doctrina militar de la República Islámica como principalmente defensiva y basada en la disuasión, centrada en proteger la integridad territorial de Irán.

Una evaluación del Instituto de Paz de Estados Unidos señala que Irán “no tiene ambiciones territoriales y no busca invadir, conquistar u ocupar otras naciones”.

Esto contrasta marcadamente con el propio historial moderno de Washington de invadir países, librar guerras prolongadas en el extranjero, matar civiles, destruir infraestructuras y, en varios casos, alterar fundamentalmente Estados enteros.

La magnitud de ese historial queda clara al examinar las principales invasiones e intervenciones militares lideradas por Estados Unidos durante las últimas décadas.

1986, Operación Cañón El Dorado: Libia

El 15 de abril de 1986, Estados Unidos lanzó la Operación Cañón El Dorado, bombardeando objetivos cerca de Trípoli y Bengasi después de que Washington acusara al gobierno libio de apoyar el terrorismo internacional. Más de 100 aeronaves estadounidenses participaron en la operación, de las cuales 27 llevaron a cabo las principales misiones de bombardeo y lanzaron unas 150 toneladas de municiones.

Los balances de víctimas de la época registran 45 soldados y funcionarios libios muertos y 15 civiles libios fallecidos.

1988, el USS Vincennes y el vuelo 655 de Iran Air

El 3 de julio de 1988, el crucero de la Armada estadounidense USS Vincennes disparó un misil contra un Airbus A300 de Iran Air que sobrevolaba el Golfo Pérsico, matando a las 290 personas que viajaban a bordo, incluidos 66 niños y 16 miembros de la tripulación.

Washington afirmó que la aeronave había sido derribada “por error”. No hubo una disculpa oficial estadounidense por el horrendo crimen.

El episodio resulta particularmente relevante para la descripción que hace Trump de Irán como la “fuente del derramamiento de sangre regional”, ya que uno de los incidentes más mortíferos en los que estuvieron involucrados civiles iraníes durante ese periodo fue provocado por un buque de guerra estadounidense que operaba cerca de aguas iraníes.

1995, Operación Fuerza Deliberada: Bosnia

Estados Unidos y la OTAN lanzaron la denominada Operación Fuerza Deliberada contra posiciones de los serbobosnios. La operación dañó gravemente las capacidades militares serbias y contribuyó a alterar el equilibrio de la guerra de Bosnia.

La campaña de bombardeos mató a 152 civiles e hirió a cerca de 300, según las cifras recogidas en el material. La operación se llevó a cabo sin una autorización específica del Consejo de Seguridad de la ONU para la campaña aérea, un aspecto que ha seguido siendo central en el debate sobre su legalidad.

1999, Operación Fuerza Aliada: Yugoslavia

El 24 de marzo de 1999, Estados Unidos, junto con la OTAN, lanzó la denominada Operación Fuerza Aliada contra Yugoslavia. La campaña incluyó extensos bombardeos contra zonas residenciales, instalaciones de televisión y radio, hospitales, fábricas, empresas e infraestructuras.

Catorce países miembros de la OTAN participaron junto a Estados Unidos. Los bombardeos destruyeron o dañaron 82 puentes ferroviarios y de carreteras, 48 hospitales, 25 oficinas de correos y estaciones de telégrafos, 70 escuelas, nueve edificios universitarios y cuatro residencias estudiantiles, 18 guarderías, 35 iglesias y 29 monasterios, incluidos sitios del patrimonio protegidos por la Unesco.

Entre los objetivos también estuvieron el centro de televisión de Belgrado, un convoy de refugiados albaneses y la embajada de China en Serbia.

Según las cifras del Gobierno serbio citadas en el material, los bombardeos causaron la muerte de unas 2500 personas, incluidos 89 niños, y dejaron 12 500 heridos.

Unas 863 000 personas, principalmente serbios residentes en Kosovo, abandonaron la región, mientras que otras 590 000 se convirtieron en refugiados. Las estimaciones de los daños económicos oscilaron entre 30 000 y 100 000 millones de dólares.

La Comisión Internacional Independiente sobre Kosovo, creada en agosto de 1999 para examinar la intervención de la OTAN, concluyó que la intervención fue ilegal. También criticó el uso de municiones de racimo y el bombardeo de fábricas químicas y refinerías de petróleo debido a sus consecuencias medioambientales. En 2002, la ONU confirmó la contaminación radiactiva en Kosovo tras los bombardeos estadounidenses.

Balance posterior al 11-S: millones de muertos y decenas de millones de desplazados

Según el proyecto Costs of War del Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad Brown, las guerras lideradas por Estados Unidos desde 2001 han causado directamente unas 940 000 muertes en Afganistán, Pakistán, Irak, Siria, Yemen y otras zonas de guerra posteriores al 11-S.

Se estima que el número de muertes indirectas asciende a otros 3,6-3,8 millones, lo que eleva el total de fallecidos en las guerras posteriores al 11-S a al menos 4,5-4,7 millones y sigue aumentando.

Las guerras desplazaron a unos 38 millones de personas en Afganistán, Pakistán, Irak, Siria, Libia, Yemen, Somalia y Filipinas.

El coste financiero ha alcanzado unos 8 billones de dólares. La investigación del proyecto Costs of War de Brown ha documentado el deterioro de las libertades civiles y los derechos humanos en Estados Unidos y en el extranjero.



Alegación: Irán “masacró” a más de 72 000 de sus ciudadanos este año. Recientemente, 10 000 personas fueron asesinadas por “protestar”.

Hecho: La extraordinaria cifra de víctimas ofrecida por Trump, que actualiza cada pocas semanas, requiere ser comparada con los registros disponibles.

El 1 de febrero, el Gobierno iraní publicó los nombres de casi 3000 personas muertas durante los disturbios respaldados desde el extranjero a principios de enero.

La Presidencia iraní difundió una lista de 2986 personas fallecidas, incluidos sus nombres completos, los nombres de sus padres y los últimos seis dígitos de sus números de identidad nacional.

Un comunicado del Gobierno iraní situó el número total de fallecidos en 3117. Un comunicado emitido a finales de enero señaló que más de 600 de los fallecidos eran alborotadores y terroristas, mientras que el resto eran civiles y miembros de las fuerzas de seguridad asesinados principalmente por alborotadores fuertemente armados.

Los disturbios respaldados desde el extranjero estuvieron acompañados de una destrucción generalizada, incluidos ataques sistemáticos contra bazares, tiendas, bancos, mezquitas, hospitales, ambulancias, estaciones de bomberos, clínicas e infraestructuras públicas.

Las pruebas presentadas por el Gobierno mostraron que los disturbios sistemáticos y coordinados involucraban a redes de espionaje respaldadas desde el extranjero.

En apoyo de los alborotadores, el exsecretario de Estado estadounidense Mike Pompeo escribió en las redes sociales: “Feliz Año Nuevo a todos los iraníes en las calles. También a todos los agentes del Mossad que caminan junto a ellos”.

El Mossad publicó por separado un mensaje en persa en las redes sociales en el que instaba a los alborotadores a “salir juntos a las calles. Ha llegado el momento”, y afirmaba que sus agentes estaban presentes “no solo a distancia y verbalmente”, sino también “sobre el terreno”.

Alegación: Yo (Trump) nunca permitiré que Irán tenga un arma nuclear.

Hecho: Trump presentó la actual agresión militar estadounidense contra Irán como el medio para impedir que Irán tenga un arma nuclear.

Irán, como signatario del Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear, ha sostenido sistemáticamente que su programa nuclear es pacífico y permanece bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

La magnitud de las inspecciones internacionales ha sido considerable. Solo en 2023 y 2024, las instalaciones nucleares iraníes fueron sometidas a más de 427 inspecciones, un nivel de escrutinio “sin precedentes” en la historia de la supervisión nuclear mundial, según admitieron incluso funcionarios de la ONU.

En una reciente entrevista, el general de división Mohsen Rezai, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán (CSSN), declaró: “Seguimos comprometidos con la fatwa (edicto religioso) del Líder mártir de la Revolución y no hemos cambiado nuestra doctrina nuclear, pero no sabemos qué ocurrirá en el futuro”.

En una fatwa, el Líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, declaró que no solo las armas nucleares, sino también otras armas de destrucción masiva, incluidas las armas químicas y biológicas, representan una grave amenaza para la humanidad y dictaminó que su uso está prohibido.

La alegación de Trump de que el ejército estadounidense “aniquiló” el programa nuclear de Irán choca directamente con la evaluación de inteligencia estadounidense posterior a la denominada Operación Martillo de Medianoche.

Durante la agresión estadounidense-israelí de 12 días contra Irán en junio del año pasado, Estados Unidos atacó tres instalaciones nucleares pacíficas, Fordo, Natanz e Isfahán, utilizando bombas antibúnker capaces de penetrar hasta 18 metros de hormigón o 61 metros de tierra.

Una evaluación inicial de inteligencia del Pentágono concluyó que los ataques “probablemente retrasaron el programa nuclear de Irán varios meses, en lugar de destruirlo”.

El informe señaló que las reservas de uranio enriquecido de la República Islámica no fueron eliminadas, según fuentes familiarizadas con la evaluación de la Agencia de Inteligencia de Defensa.

Según diversos medios de comunicación occidentales, las entradas de dos instalaciones nucleares fueron selladas, pero gran parte de la infraestructura enterrada a gran profundidad permaneció a salvo de los bombardeos estadounidenses.

Alegación: Como resultado de la denominada Operación Furia Épica, los 159 buques de la Armada iraní “ahora yacen en el fondo del mar”.

Hecho: La alegación de Trump de que toda la Armada iraní fue destruida se contradice frontalmente con las operaciones de combate que las fuerzas navales iraníes han continuado realizando durante la guerra, incluida su capacidad para rastrear, interceptar y hacer retroceder a unidades navales estadounidenses en las aguas estratégicas del estrecho de Ormuz.

En las primeras horas del 8 de septiembre de 2026, en la entrada del estrecho de Ormuz, las fuerzas navales del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) rastrearon, interceptaron y recuperaron una de las plataformas submarinas no tripuladas más avanzadas de la Armada estadounidense.

Los medios identificaron la embarcación como un Anduril DIVE-LD, un vehículo submarino autónomo de gran diámetro que había sido entregado al Grupo Uno de Vehículos Submarinos No Tripulados de la Armada estadounidense apenas un año antes.

Las fuerzas navales iraníes también han interceptado y hecho retroceder con éxito a unidades navales estadounidenses, obligándolas a retirarse hasta 400 kilómetros del estratégico punto de estrangulamiento.

Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos aparentemente está librando una guerra naval contra un adversario de capacidades comparables principalmente desde una posición de distancia, sin poder proyectar su poder cerca de Irán.

Las fuerzas navales iraníes han impedido efectivamente que el ejército estadounidense opere con libertad cerca de la costa iraní, obligándolo a combatir desde la distancia en lugar de dominar las aguas a las que entró.

La presión sobre las operaciones navales estadounidenses ha sido visible. El incendio del USS Gerald R. Ford en marzo, los intentos de suicidio de marineros a bordo del USS Abraham Lincoln y los repetidos ataques de represalia contra destructores estadounidenses en el estrecho de Ormuz han añadido presión sobre las fuerzas navales estadounidenses que operan en la región.



Alegación: La Fuerza Aérea de Irán ha desaparecido, sus radares han desaparecido, sus sistemas antiaéreos han desaparecido y su capacidad de fabricar misiles y drones está prácticamente destruida.

Hecho: El 16 de septiembre, el propio inspector general del Pentágono presentó un conjunto diferente de hechos sobre las consecuencias de la guerra.

Un informe que abarca del 28 de febrero al 30 de junio señaló que los ataques de represalia iraníes dañaron o destruyeron cientos de edificios y equipos en bases militares estadounidenses en Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak, Omán y Jordania.

El informe también reconoció un agotamiento significativo de las reservas de municiones estadounidenses clave y la destrucción de activos militares esenciales, incluidas instalaciones de radar de defensa antimisiles.

Los ataques de represalia iraníes obligaron al Comando Central de Estados Unidos (Centcom) a modificar la forma en que operaban las fuerzas estadounidenses en toda la región. Centcom “reubicó personal, activos e instalaciones de almacenamiento” en respuesta a los ataques de Irán y de las fuerzas aliadas.

Entre los cambios estuvo la retirada de los helicópteros de evacuación médica del ejército estadounidense de Irak y Kuwait. Como resultado, “la mayoría de las evacuaciones médicas se han realizado por tierra… hasta centros médicos locales”, según el informe.

La destrucción del centro regional de la Armada estadounidense en Baréin por los ataques iraníes creó “importantes desafíos” para establecer bases navales y puertos de apoyo adecuados.

El ejército estadounidense convirtió la remota isla de Diego García, en el océano Índico, en un centro logístico marítimo, ampliando los ciclos de reabastecimiento a entre 14 y 18 días.

Irán también derribó aproximadamente el 30 % de la flota estadounidense de MQ-9 sobre los cielos iraníes.

Un reciente informe del Congreso señaló que el ejército estadounidense perdió al menos 42 aeronaves durante los 40 días de guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, con pérdidas estimadas en aproximadamente 2600 millones de dólares.

El Departamento de Guerra de Estados Unidos también actualizó su base de datos de bajas, elevando a 642 el número total de miembros de las fuerzas estadounidenses muertos o heridos durante la guerra de Washington contra Irán, según las cifras publica

Texto recogido de un artículo publicado en Press TV

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Irán dice qué pasará si EE.UU. interviene en el estrecho de Ormuz

La nación persa nunca permitirá que Washington regrese a su antigua posición en el nuevo orden mundial, aseguró el portavoz del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes.


El estrecho de Ormuz.Gettyimages.ru

El portavoz del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, Abolfazl Shekarchi, advirtió que Estados Unidos "recibirá una bofetada" si interviene en el estrecho de Ormuz.

"Los estadounidenses pueden soñar con intervenir en el estrecho de Ormuz, pero nunca podrán interferir en la administración del estrecho de Ormuz, y si lo hacen, se enfrentarán nuevamente a las bofetadas de la República Islámica y las Fuerzas Armadas", declaró.


Para saber más sobre por qué el estrecho de Ormuz es importante para Irán y para todo el mundo, pulse AQUÍ

El portavoz militar afirmó que la nación persa, como una potencia mundial, "nunca permitirá que Estados Unidos vuelva a acceder a su posición anterior en el nuevo orden mundial", señalando que "los estadounidenses no tienen otra salida que abandonar la región de Asia Occidental".

"Cuanto antes se vayan de esta región, menos daño sufrirán, y la región sin duda estará mejor sin ellos. Esta región quedará sin duda libre de cualquier forma de amenaza o inseguridad", agregó.




RT

¿Cuál es la verdadera 'arma' de Irán?

El paso marítimo es uno de los puntos clave del comercio mundial de petróleo y gas.

Soldados de la Armada iraní en una lancha rápida armada en el Golfo Pérsico, cerca del estrecho de Ormuz. 30 de abril de 2019.Morteza Nikoubazl / NurPhoto / Gettyimages.ru

La escalada del conflicto entre Israel e Irán, tras la agresión del pasado 12 de junio de Estado hebreo contra Teherán, ha sembrado un buen puñado de incertidumbres acerca de cuáles serán las consecuencias a nivel regional y global.

En medio de las amenazas recíprocas de los dos Gobiernos, que advierten del recrudecimiento de los ataques y del empleo de armas cada vez más destructivas y sofisticadas, se cuela otra preocupación que puede tener efectos a escala mundial.

Como ya hizo repetidamente en los últimos años, Irán amenaza con utilizar un arma secreta: el bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los canales marítimos más importantes del globo, debido a que por él pasa un importantísimo volumen de petróleo y gas que abastece a enormes regiones del planeta.
Un punto clave de la economía global

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán. Por él transitan buques petroleros y gasísticos de Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Irak, Irán y Kuwait. Desde allí llevan sus productos a través del Océano Índico a países como India o China.

De su importancia dan buena cuenta los números:Por él pasaron en 2022 una media de 21 millones de barriles de petróleos diarios, el 21 % del consumo mundial.

En 2022 y el primer semestre de 2023, transitaron por esa ruta más de una cuarta parte del total mundial de petróleo comercializado por vía marítima.

Alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado también utilizó el estrecho.
Consecuencias de su bloqueo

El bloqueo de este importante paso puede provocar considerables retrasos en el suministro e incrementar los costes de envío y, por lo tanto, los precios mundiales de la energía.


RT

Si el cierre no es solo temporal, sino que se alarga en el tiempo, los costes pueden verse aumentados de manera exponencial, desatando una crisis inflacionista con previsiones mucho peores que la vivida en 2022.

Tan solo Arabia Saudita y los EAU cuentan con una vía alternativa para sortear el estrecho de Ormuz. El primero tiene acceso a un oleoducto capaz de transportar 7 millones de barriles diarios, mientras que el segundo posee un tubo que le lleva hasta el Golfo de Omán y puede trasladar 1,5 millones de barriles diarios.

¿Reacción en cadena?

En 2022, se estima que 82 % del petróleo crudo e hidrocarburo condensado que atravesó el estrecho de Ormuz tuvo como destino países asiáticos, principalmente China, Corea del Sur, India y Japón.


View looking north showing the Strait of Hormuz, connecting the Gulf of Oman with the Persian Gulf, with the Zagros Mountains and Qeshm Island of Iran in the background, and areas of OmanSpace Frontiers / Archive Photos / Hulton Archive / Gettyimages.ru

Otros destinos tienen menos demanda de los productos energéticos de esta zona. En ese mismo período, EE.UU. compró alrededor del 11 % de sus importaciones de crudo y condensado, y adquirió 3 % de su consumo de líquidos de petróleo a través de esa ruta.

Pero un hipotético cierre de esta vía aumentaría drásticamente la demanda de las mayores economías asiáticas, propiciando una escalada de los precios sin precedentes en los últimos tiempos, que afectaría también a las naciones que en la actualidad se nutren de otros mercados.

¿La verdadera arma de Irán?

La amenaza del cierre del estrecho de Ormuz pretende ser un arma disuasoria para evitar que EE.UU. se sume a la escalada de ataques de Israel.


No solo significaría una presión directa para Washington, que no se puede permitir que la escalada inflacionista siga el ritmo ascendente provocado por la guerra arancelaria, sino que también busca que el conjunto de la comunidad internacional presione a la Casa Blanca para evitar turbulencias económicas, más aún en tiempos de incertidumbre.

El viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Irak, Fuad Hussein, advirtió hace tan solo tres días que la escalada del conflicto y el cierre de este canal podrían llevar los precios del petróleo hasta los 300 dólares por barril, el doble de su récord histórico.

¿Un arma de doble filo?

Sin embargo, el posible cierre del estrecho de Ormuz también puede convertirse en un arma de doble filo para Irán. Por un lado, si la amenaza no fuese suficiente y tuviera que llegar a ejecutar esa acción, podría ser el espolonazo para la implicación directa de EE.UU.

Por otro lado, Teherán perdería su más importante fuente de ingresos (los últimos datos del Banco Mundial apuntan que, en 2021, la ruta suponía más de un 18 % de su PIB) y, quizá, a uno de sus mayores valedores a nivel internacional: China.

El gigante asiático compra en la actualidad cifras récord de petróleo iraní, alcanzando 1,8 millones de barriles por día. Un cierre del grifo podría afectar a Pekín, un miembro con derecho a veto del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que ha bloqueado resoluciones contra Teherán.

En este escenario, Trump ha vuelto a levantar recelos sobre sus siguientes pasos en esta crisis: "Nadie sabe lo que voy a hacer", dijo. Tan solo un día antes había pedido a Irán que se "rindiera incondicionalmente".

SIGUE EL ENFRENTAMIENTO ENTRE IRÁN E ISRAEL EN NUESTRO MINUTO A MINUTO