sábado, 16 de mayo de 2026

Venezuela informa deportación de Alex Saab hacia Estados Unidos

El gobierno venezolano confirmó la deportación del diplomático Alex Saab hacia Estados Unidos, alegando disposiciones migratorias y causas judiciales abiertas en territorio estadounidense, pese a que tribunales y organismos internacionales desestimaron previamente múltiples acusaciones en su contra por falta de pruebas.

Venezuela informa deportación de Alex Saab hacia Estados Unidos

El Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) informó este 16 de mayo la deportación de Alex Naim Saab Morán, "en cumplimiento de las disposiciones establecidas en la legislación migratoria venezolana".


Mediante un comunicado oficial, las autoridades venezolanas señalaron que la medida fue adoptada debido a que Saab “se encuentra incurso en la comisión de diversos delitos en los Estados Unidos de América”.

La decisión marca un nuevo giro en el caso del diplomático, quien en mayo de 2024 fue absuelto de todos los cargos que enfrentaba en Colombia, luego de que el tribunal encargado determinara que la Fiscalía no logró presentar pruebas concluyentes en su contra.

Al Mayadeen Español

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Al concluir el diálogo con el presidente, Nicolás Maduro, el diplomático venezolano Alex Saab envió un mensaje al exasesor de Seguridad John Bolton: "Señor Bolton, mi nombre es Alex Saab, agente 008 al servicio del Super Bigote" 

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Durante el gobierno del expresidente colombiano Iván Duque, Saab fue acusado de diversos delitos vinculados presuntamente a corrupción y lavado de activos, en un proceso que Caracas calificó reiteradamente como parte de una operación de persecución política y lawfare.

Saab fue arrestado en junio de 2020 durante una escala técnica en Cabo Verde cuando viajaba hacia Irán, en una misión oficial destinada a gestionar acuerdos relacionados con alimentos, medicinas y combustible para Venezuela en medio de las sanciones impuestas por Washington y sus aliados occidentales.


La Cancillería venezolana sostuvo entonces que Saab actuaba como agente diplomático del Estado venezolano y participaba en gestiones vinculadas al abastecimiento de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), mecanismo que distribuye alimentos a millones de familias venezolanas.

Al Mayadeen Español


@almayadeen_es

Agradecimiento del diplomático Alex Saab al pueblo y gobierno de Venezuela tras su liberación: "Feliz de estar en Venezuela, feliz te poder seguir ayudando al país, y agradecido con Dios, con la vida y con ustedes, con ustedes que no se cansaron, porque era fácil cansarse... Los gobiernos fuertes, leales, firmes, con convicción, que saben que están en lo correcto, nos acompaña. Y yo siempre y mi familia, nos sentimos acompañados, todo el tiempo". 

#alexsaab #NicolasMaduro #Venezuela #Politica


En marzo de 2024, un tribunal federal del Distrito Sur de Florida desestimó los cargos pendientes contra Saab tras años de litigio judicial y ausencia de pruebas concluyentes, según la defensa del diplomático y denuncias de lawfare del gobierno venezolano con el presidente Nicolás Maduro al frente.

Posteriormente, en diciembre de 2023, fue liberado en el marco de un intercambio de prisioneros entre Caracas y Washington.

Tras su regreso a Venezuela, el presidente Nicolás Maduro designó a Saab como presidente del Centro Internacional de Inversiones Productivas de Venezuela en febrero de 2024 y luego ocupó el cargo de Ministro de Industrias y Producción Nacional de Venezuela.

El 17 de enero del presente año, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció la unificación de los ministerios de Industrias y Producción Nacional con el de Comercio Nacional con Luis Antonio Villegas a cargo, tras lo cual agradeció la labor de Álex Saab en la cartera industrial, indicando que asumiría nuevas responsabilidades en el servicio público.




jueves, 14 de mayo de 2026

Un nuevo proyecto del “Pacto de Bagdad”: advertencias turcas contra la “trampa” de antagonizar a Irán.

Entre la preocupación por la seguridad regional y las ambiciones de reconfigurar las alianzas, el acuerdo de defensa conjunta entre Pakistán y Arabia Saudita plantea interrogantes sobre el nacimiento de un nuevo eje que podría cambiar el equilibrio de poder en la región y estrechar el cerco en torno a Irán.

Viernes, 15 de mayo de 2026

Si se une a la alianza cuatripartita propuesta, Turquía podría perder nuevamente su capacidad de mediar entre Irán y Estados Unidos (de la web).

¿Se convertirá el “Acuerdo de Defensa Conjunta” firmado entre Pakistán y Arabia Saudita el 17 de septiembre de 2025 en el punto de partida para establecer una alianza regional que incluya a otros países de la región? Esta pregunta fue planteada con fuerza en Turquía tras las declaraciones del Ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, quien afirmó que la actual cooperación en materia de defensa entre su país y el Reino podría evolucionar hacia un “marco de seguridad regional más amplio”. Explicó que “la adhesión de Turquía y Qatar al acuerdo actual sería bienvenida”, indicando que el objetivo de esta iniciativa es “mejorar la estabilidad regional y la seguridad colectiva mediante la creación de una amplia base de cooperación entre países afines”. Las declaraciones de Asif suscitaron mucha especulación en Turquía sobre la posibilidad de que se adhiera al mencionado acuerdo, que estipula que cualquier ataque contra uno de sus miembros se considera un ataque contra los demás, en consonancia con la Carta de la OTAN, cuyo artículo 5 establece que un ataque contra cualquier miembro se considera un ataque contra todos los Estados miembros, obligándolos a responder.

La propuesta pakistaní, surgida en medio de la agitación que azota la región debido a la continua agresión estadounidense-israelí contra Irán y sus aliados, recuerda al Pacto de Bagdad, establecido en 1955, al que Turquía se unió a pesar de ser miembro de la OTAN. Lo que facilitó su formación en aquel entonces fue que todos los Estados miembros del pacto original, desde Irak e Irán hasta Pakistán, estaban alineados con Estados Unidos y Gran Bretaña, y su objetivo principal era contrarrestar el auge del movimiento de liberación árabe liderado por Gamal Abdel Nasser. Hoy, la nueva alianza propuesta incluye a partes que también mantienen vínculos con Estados Unidos, pero la diferencia radica en que su formación se produce en el contexto de un ataque contra una importante potencia regional, Irán, lo que hace improbable su eventual adhesión.

"La nueva estructura de acuerdo propuesta tiene como objetivo reducir la carga militar de Estados Unidos en la región."

El periódico Cumhuriyet considera que el nuevo acuerdo propuesto busca aliviar la carga militar de Estados Unidos en la región tras la crisis iraní, transfiriendo responsabilidades de seguridad a más socios regionales de Washington. Esto cobra especial relevancia dada la base militar turca en Qatar y sus estrechas relaciones de cooperación con Pakistán en diversos ámbitos, sobre todo en el militar. Si bien el periódico reconoce que esta nueva estructura no constituye un reemplazo permanente para la presencia militar estadounidense en la región, señala que las relaciones entre Ankara y Riad continúan desarrollándose —en los sectores de energía, defensa e inversión— a pesar de haber estado gravemente tensas hace tan solo unos años. Sin embargo, el periódico argumenta que la dimensión sectaria de la posible alianza regional genera preocupación en Irán, ya que teme que esté diseñada para perjudicar a Irán en el futuro y crear alianzas sectarias que la región no puede permitirse en este momento. Por lo tanto, "Jumhuriyat" cree que Turquía, que busca recomponer sus relaciones con todos y es capaz de dialogar con todos, podría cometer un error estratégico al unirse a una "alianza" —que sigue siendo "suní" por mucho que se la presente con lemas de promoción de la estabilidad y la seguridad regionales— que podría tener como objetivo aumentar la presión sobre Teherán e ir al extremo de intentar derrocar a su régimen.

Si Pakistán ha logrado posicionarse como mediador entre Irán y Estados Unidos, es porque la exclusión de Turquía del proceso de mediación en la primera fase, y el consiguiente agotamiento del papel de Omán, no dejaron a Teherán otra opción que Islamabad. Esto se debe a que Islamabad está cerca de Washington y no tiene vínculos con Tel Aviv, a diferencia de Ankara. Sin embargo, si se une a la propuesta alianza a cuatro bandas, Turquía podría perder nuevamente su capacidad de mediación, especialmente porque en los últimos años se ha esforzado por recuperar el papel de mediador que desempeñó al inicio del gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo. Si bien lo intentó nuevamente en enero pasado, en relación con la cuestión iraní, fracasó también entonces, después de que Irán rechazara su mediación y la idea de que Estambul fuera el centro de las negociaciones en lugar de Mascate. Esto provocó una airada y jactanciosa reacción turca basada en el principio: "Que Irán se las arregle solo".

Sin embargo, si bien el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan y su ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, expresan constantemente la disposición de su país a contribuir al acercamiento entre Irán y Estados Unidos, la diplomacia turca permanece a la expectativa, esperando el fracaso de la mediación pakistaní y el regreso, aunque tardío, a su contraparte turca. Aun así, incluso si este último enfoque se materializara, su éxito no está garantizado. Basta con poder dialogar con todas las partes; es esencial establecer puntos en común entre las facciones en conflicto. Esto escapa con creces la capacidad de cualquier actor regional para facilitar la comunicación y probablemente mantendrá el poder real en manos de las grandes potencias, en particular China y Rusia. Quizás por ello el mundo sigue de cerca el resultado de la actual visita del presidente estadounidense Donald Trump a Pekín.



Rusia lleva años alertando sobre biolaboratorios en Ucrania y ahora EE.UU. decide investigar

No se trata de un fenómeno aislado ni de un solo país, sino de una infraestructura amplia, extendida geográficamente y sostenida por mecanismos de financiación complejos.

Imagen ilustrativaBritta Pedersen/picture alliance / Gettyimages.ru

La directora de Inteligencia Nacional de EE.UU., Tulsi Gabbard, anunció este lunes que está investigando más de 120 biolaboratorios en el extranjero financiados con el dinero de los contribuyentes estadounidenses durante décadas. De ellos, 40 se encuentran en Ucrania y podrían correr "el riesgo de estar comprometidos" debido al conflicto armado en curso con Rusia, según estimaciones de la oficina encabezada por Gabbard.

La investigación estadounidense tiene lugar después de años de advertencias desde Rusia sobre actividades ilícitas en laboratorios ucranianos financiados por los países de la OTAN. Desde 2022 Moscú ha proporcionado pruebas de esta actividad en diferentes plataformas internacionales, entre ellas la ONU, pero ni EE.UU., ni Ucrania, ni otras partes implicadas reaccionaron a los llamados rusos a investigar el funcionamiento de esos biolaboratorios.


Advertencias de Rusia

Rusia intentó llamar la atención de la comunidad internacional sobre este problema en reiteradas ocasiones, advirtiendo de la existencia en Ucrania del:

Proyecto UP-4, cuyo objetivo era investigar la posibilidad de transmisión de infecciones particularmente peligrosas a través de aves migratorias

Proyecto P-781, en el marco del cual se investigó el uso de murciélagos como agentes de armas biológicas

Las Fuerzas Armadas de Rusia consiguieron también documentos que confirman numerosos casos de entrega de muestras biológicas de ciudadanos ucranianos al extranjero. "Con gran probabilidad se puede hablar de que una de las tareas de EE.UU. y sus aliados es la creación de bioagentes, capaces de afectar de manera selectiva a diversos grupos étnicos", indicó el teniente general Ígor Kirílov, exjefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia.

Además, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, subrayó ya en 2022 que los proyectos de investigación biológica desarrollados durante años en una serie de laboratorios ucranianos conjuntamente con Estados Unidos violan la Convención sobre armas biológicas, y que los documentos capturados en el curso de la operación militar rusa en Ucrania son solo la cima del iceberg.

Rusia no había recibido ninguna explicación sobre la actividad de los laboratorios biológicos estadounidenses en el territorio de Ucrania, declaró hace tres años el ministro adjunto ruso de Exteriores, Serguéi Riabkov.

¿Qué está investigando exactamente Gabbard?

El punto de partida de esta investigación, según explicó la alta funcionaria en comentarios para el New York Post, no es una acusación genérica, sino una revisión con objetivos concretos:

Identificar dónde están los laboratorios financiados con fondos estadounidenses
Determinar qué patógenos contienen

Clarificar qué 'investigación' se está realizando en ellos

Poner fin a la peligrosa investigación de ganancia de función que amenaza la salud y el bienestar del pueblo estadounidense y del mundo

¿Qué alcance tendría la red de laboratorios?

Según Gabbard, los más de 120 laboratorios financiados por EE.UU. se ubican en más de 30 países.

Varios de ellos recibieron fondos mediante un programa del Departamento de Defensa de EE.UU. ligado a la etapa posterior a la Guerra Fría y orientado a deshacerse de armas de destrucción masiva o reducir ese tipo de riesgos.

El caso de Ucrania

La presencia de 40 de los laboratorios en cuestión en Ucrania supone en una carga singular para el caso, sobre todo porque el Gobierno estadounidense negó públicamente su relación con instalaciones biológicas en ese país.

La administración de Joe Biden negó la existencia de "laboratorios químicos o biológicos de propiedad u operación de EE.UU. en Ucrania", calificando las afirmaciones contrarias de propaganda china y rusa.

Supervisión laxa y la opaca cadena de financiación

Las actividades de los biolaboratorios investigados se enmarcan en el Programa de Reducción Cooperativa de Amenazas del Departamento de Guerra de EE.UU., que formalmente estudia patógenos para prevenir peligrosos brotes en el futuro y aumentar la bioseguridad de EE.UU.

Los críticos de ese programa denunciaban la supervisión laxa de la financiación de estas investigaciones y falta de transparencia derivada de cómo circula el dinero, que a menudo pasa por agencias estadounidenses y luego llega a beneficiarios.

Esta estructura de por sí dificulta que los estadounidenses puedan saber con certeza qué experimentos se financian, dónde, con qué patógenos y bajo qué reglas de control.

Funcionarios de la oficina de Gabbard señalaron que los ensayos clínicos que se llevan a cabo en esos biolaboratorios suscitan "importantes preocupaciones éticas, financieras y de seguridad".
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