domingo, 14 de junio de 2026

Cuba: Una nación agredida en forma crónica. Parte II


Estados Unidos ha intensificado su política de máxima presión contra Cuba, combinando sanciones, bloqueos y acciones legales para profundizar el cerco económico y político.

En la primera parte de este artículo señalé que, tras siete décadas de ataques contra Cuba por parte de todos los gobiernos estadounidenses, sean demócratas o republicanos, desde 1959 hasta la fecha, esa política se ha recrudecido hasta niveles que superan todo lo que puede considerarse delictivo en el plano del derecho internacional, especialmente bajo el segundo período presidencial de Donald Trump.

Medidas coercitivas, sanciones, bloqueos, embargos, prohibiciones para comerciar bienes básicos e impedimentos al suministro energético sitúan a la isla bajo las peores condiciones económicas desde el denominado período especial en tiempos de paz, tras la caída de la extinta Unión Soviética y el derrumbe del campo socialista a principios de la década del 90 del siglo XX.

Además, la acción legal emprendida contra la figura política de Raúl Castro Ruz representa una más de las nuevas jugadas de Washington, para seguir hostigando de manera ilegal a la nación caribeña. Hoy, la maquinaria legal estadounidense vuelve a ponerse en marcha, con todo el peso y las implicancias que ello supone, bajo las más diversas interpretaciones: sentar una base jurídica para amparar una agresión contra Cuba e, incluso, un eventual secuestro de Raúl Castro, siguiendo un modelo que ya se aplicó en Venezuela.



El bloqueo como sistema de presión integral

No se puede hablar aquí de justicia. Lo que Washington intenta hacer es alterar la lectura histórica para desviar la atención del problema de fondo. El verdadero debate debería centrarse en el largo historial de agresiones de Estados Unidos contra Cuba y los efectos que es apolítica criminal ha generado sobre la nación latinoamericana. Un expediente que incluye violaciones sistemáticas y que, desde esta perspectiva, debería ser perseguido y sancionado internacionalmente.


En ese marco, es Cuba la que tiene autoridad moral para exigir responsabilidades a políticos, parlamentarios y mandos militares estadounidenses por décadas de acciones hostiles. Es Cuba la que debería exigir la captura, prisión y juzgar al mandatario estadounidenses. Es cuba el que tiene que exigir la aplicación del capítulo VII de la carta de las naciones Unidas por la conducta de amenazas a la paz de los gobiernos estadounidenses. Ese historial de agresiones de EE. UU. contra la isla puede sintetizarse en los siguientes hechos:

Invasión de Playa Girón (1961): operación militar financiada y dirigida por la CIA, en la que una fuerza paramilitar desembarcó en Cuba para derrocar a la naciente Revolución cubana, dejando más de un centenar de muertos antes de ser derrotada.

Agresiones contra la población y la industria: entre 1961 y 1965 se ejecutaron bombardeos aéreos directos contra ingenios azucareros y zonas pobladas, con el propósito premeditado de echar abajo la economía y sembrar el pánico, causando la muerte de decenas de campesinos.

Terrorismo y guerra biológica: Cuba ha denunciado múltiples actos terroristas, como fue el atentar volar el vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, que dejó 73 víctimas mortales, así como la introducción deliberada de plagas agrícolas y sanitarias, entre ellas el dengue hemorrágico.

Intentos de magnicidio: múltiples acciones dirigidas contra el fallecido comandante Fidel Castro Ruz.

Bloqueo económico y comercial: Considerado de manera reiterada por la comunidad internacional como una práctica violatoria de los derechos humanos. El entramado legal, que incluye normas como la Ley Helms-Burton, restringe severamente el comercio y limita el acceso de la población a alimentos, combustible y medicinas.

Guerra económica extraterritorial: la inclusión arbitraria y unilateral de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo funciona como una herramienta de asfixia económica que disuade a bancos, navieras y empresas de todo el mundo de comerciar con la isla.

Base Naval de Guantánamo: la ocupación ilegal de más de 110 kilómetros cuadrados de territorio cubano desde 1903. Esa base se mantiene contra la voluntad del pueblo y del gobierno cubano y ha sido utilizada por Estados Unidos como un centro de detención internacional al margen del derecho humanitario.

Desestabilización interna: intensificación de acciones en múltiples frentes destinadas a generar un estado de conmoción social funcional a los intereses de una intervención, mediante el uso de la llamada estrategia de guerra suave (2)

Con este marco histórico en perspectiva, queda aún más expuesta la hipocresía de la casta política estadounidense. Esa postura se expresa hoy, de manera particularmente visible, en la figura de Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y actual secretario de Estado de la nación norteamericana, quien encarna una de las posiciones más duras entre quienes aspiran a la destrucción total de Cuba.

La mitomanía y el ferviente deseo de aniquilar a la Revolución cubana llevan a personajes como Rubio a afirmar que “el presidente Trump está dispuesto a liberar un paquete de ayuda humanitaria” por 100 millones de dólares para la isla, responsabilizando directamente al gobierno cubano de la crisis actual. Según sus palabras, “la verdadera razón por la que no tienen electricidad, combustible ni alimentos es porque quienes controlan su país saquearon miles de millones de dólares”. Resulta, cuanto menos, paradójico que un político del país que más daños ha ocasionado a Cuba pretenda atribuir toda la responsabilidad a quienes han resistido durante décadas esa política de asedio.

Por su parte, el presidente Donald Trump dio curso a sus amenazas mediante la firma de una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante lo que Washington califica como una “amenaza inusual y extraordinaria” de Cuba para la seguridad de Estados Unidos. En ese texto se acusa al gobierno cubano, presidido por Miguel Díaz-Canel, de alinearse con potencias enemigas de Washington, acoger a grupos terroristas y permitir el despliegue militar de países como China y la Federación de Rusia.

El texto ejecutivo sostiene, de manera unilateral y sin presentar pruebas públicas, que La Habana se alinea con países hostiles, acoge a grupos terroristas transnacionales y permite el despliegue en la isla de capacidades militares y de inteligencia de Rusia y China. Desde esa misma lógica, Trump llega al extremo de justificar sus medidas en nombre de este “rincón tan sufrido de nuestro hemisferio”, apelando una vez más al ya conocido argumento de la “seguridad nacional” (3)


En esa misma línea, la política de Washington hacia Cuba no puede entenderse como un episodio coyuntural, sino como parte de una estrategia histórica de “máxima presión” destinada a quebrar la soberanía de la isla y forzar la claudicación de la Revolución. A su juicio, Estados Unidos ha combinado durante décadas bloqueo económico, desestabilización, sanciones y amenazas abiertas de intervención como parte de un manual de agresión sistemática contra un país que ha decidido sostener un proyecto propio, ajeno a los designios hegemónicos de la Casa Blanca.

El recrudecimiento de las medidas coercitivas bajo la nueva administración de Trump refuerza la idea de que el objetivo de Washington no es promover la democracia ni los derechos humanos, sino profundizar el castigo colectivo, forzar un cambio de gobierno y allanar el camino para intereses económicos ligados al exilio cubano en Estados Unidos.

Bajo esta lectura, el bloqueo contra Cuba no puede entenderse solo como una restricción comercial. Se trata de un sistema de presión integral con efectos acumulativos sobre la vida cotidiana, la capacidad productiva del país y sus vínculos con el sistema financiero internacional. Sus consecuencias alcanzan el abastecimiento de bienes esenciales, el funcionamiento de los servicios públicos y la estabilidad de las familias cubanas, expuestas de forma permanente a carencias, incertidumbre y sobrecostos.

Principales ámbitos de impacto

Social: afecta de manera directa la salud pública, la alimentación, la educación, el transporte y el suministro energético. Las restricciones dificultan la importación de insumos médicos, reactivos, combustibles y equipamiento, lo que repercute en listas de espera quirúrgicas, limitaciones del cuadro básico de medicamentos y deterioro de servicios esenciales.

Financiero: la persecución de transacciones internacionales y el aumento del riesgo país desalientan a bancos, aseguradoras, navieras y proveedores a operar con Cuba. Como resultado, se encarecen los créditos, se dificultan los pagos y cobros, y se elevan los costos logísticos y de seguros.

Económico: el bloqueo actúa como un obstáculo estructural para el crecimiento, al reducir ingresos por exportaciones, aumentar sobrecostos comerciales y dificultar la adquisición de tecnología, repuestos, combustibles e insumos productivos. Sus efectos se extienden a la industria, la agricultura, la energía, el transporte, la biotecnología y los servicios.


En el plano económico, los antecedentes a los que es posible acceder desde el exterior convergen con los informes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en que el bloqueo constituye un obstáculo estructural para el crecimiento. Las afectaciones comprenden ingresos dejados de percibir por exportaciones de bienes y servicios, sobrecostos por la reubicación geográfica del comercio, mayores gastos logísticos y trabas para adquirir tecnología, repuestos, combustibles e insumos productivos. Todo ello repercute negativamente en la industria, la agricultura, la energía, el transporte, la biotecnología y los servicios, e impide que la economía cubana despliegue plenamente sus capacidades productivas y de inversión.

El informe más reciente presentado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) ante las Naciones Unidas, expuesto por el canciller Bruno Rodríguez, documentó daños y perjuicios materiales por 7.556 millones de dólares. Según el propio informe, esta cifra representa un incremento interanual cercano al 49 % respecto del período anterior, impulsado por el endurecimiento de las medidas coercitivas, la persecución de las exportaciones cubanas y las restricciones a las importaciones.

A precios corrientes, según el texto de denuncia, los daños acumulados desde el inicio de esta política superan los 170.677 millones de dólares y, si se calcula su equivalencia según el valor del oro, la cifra rebasa los 2,1 billones de dólares. Estas magnitudes demuestran que el bloqueo no es un episodio coyuntural, sino una estrategia prolongada de asfixia económica con consecuencias humanas imposibles de medir por completo en cifras.

En esa línea, el canciller cubano ha sostenido que las consecuencias del bloqueo se reflejan de forma dramática en las carencias que enfrenta la población. Según su planteamiento, los daños económicos acumulados en apenas 60 días equivalen al costo del combustible necesario para satisfacer la demanda eléctrica del país, lo que ilustra hasta qué punto esta política condiciona la vida cotidiana y limita la capacidad de respuesta del Estado.

En conjunto, el bloqueo y todas sus aristas configuran un mecanismo de coerción multidimensional: socialmente degradante, financieramente asfixiante y económicamente restrictivo. Desde esta perspectiva, las pérdidas materiales cuantificables representan solo una parte del problema, porque a ellas se suman costos humanos, demográficos, sanitarios, energéticos y emocionales que repercuten sobre varias generaciones de cubanas y cubanos.

Buen camino es el anunciado por el presidente cubano Miguel Díaz Canel que ha dado a conocer a la población cubana el pasado 12 de junio un importante paquete de reformas económicas destinado a : descentralizar la administración del estado, otorgar mayores grados de autonomía a los gobiernos locales, empresas estatales, facilitar los negocios en una alianza con cubanos en el extranjero e impulsar fuertemente la inversión pública y privada (4)

Nuestras sociedades del Sur Global, entre ellos Cuba, debemos ser capaces de buscar márgenes de independencia mediante alianzas más amplias. En el caso cubano, eso se traduciría en ampliar relaciones con actores y espacios como los BRICS y otros polos no subordinados a Washington, para reducir dependencia financiera, comercial y diplomática.

Es fundamental y urgente que Cuba desarrolle alternativas nacionales y socios externos estables para sortear la persecución financiera, el cerco energético y las trabas comerciales. Eso supone diversificar mercados, reducir vulnerabilidades críticas y sostener capacidades internas en sectores estratégicos. Otro componente clave es la construcción de redes de apoyo político, social y cultural fuera de Cuba. Distintos espacios de solidaridad internacional presentan esa dimensión como una herramienta concreta para romper el aislamiento y visibilizar el costo humano del bloqueo.


Pablo Jofré Leal

Periodista. Analista Internacional

Articulo Para HispanTV

1. Estrategia que recibe diversas denominaciones pero que expresan lo mismo: intervención y acciones delictivas: Golpe Suave, Golpe de Estado blando, golpe no tradicional y atribuida al politólogo Gene Sharp de quien se sostiene recibió el encargo de la CIA estadounidense para llevar a cabo los puntos de esta estrategia de perturbación, social, económica y política en la república popular Chinea en China el año 1989 y que posteriormente fue asumida por los servicios de inteligencia del régimen israelí y su ejército para apoyar la labor de los servicios de inteligencia occidentales en planes y acciones golpista. En la actualidad a las acciones propias del “Golpe Suave” y sus cinco puntos esenciales se une la denominada guerra judicial – lawfare – para llevar a cabo acciones de desestabilización y golpismo mediante mecanismos aparentemente legales

2. http://www.cubadebate.cu/noticias/2025/09/17/cuba-presenta-informe-sobre-bloqueo-de-eeuu-hasta-febrero-de-2025-danos-y-perjuicios-materiales-aumentaron-49-por-ciento/

3. https://www.state.gov/translations/spanish/hoja-informativa-el-presidente-donald-j-trump-se-pronuncia-respecto-a-las-amenazas-a-estados-unidos-por-parte-del-gobierno-de-cuba

4. https://www.isri.cu/es/node/694

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Estos son algunos de los puntos alcanzados en el acuerdo de paz entre Irán y EEUU


El Consejo de Seguridad Nacional de Irán dio a conocer algunos de los puntos incluidos en el acuerdo de paz que alcanzó con Estados Unidos, este 14 de junio.

El documento precisa que todas las operaciones militares, incluidas las que se llevan a cabo en el Líbano, serán suspendidas.

Por otra parte, el bloqueo naval que se impuso en contra del país persa, también concluirá.


Las autoridades iraníes señalaron que el documento se signará el próximo 19 de junio y, una vez firmado, comenzarán las negociaciones para llegar a un acuerdo final una vez que las partes cumplan con las obligaciones adquiridas.



viernes, 12 de junio de 2026

A un año de la guerra de 12 días: Irán emerge como superpotencia regional y EEUU como un imperio en el olvido


Tras un año en el que se movilizó todo el espectro de la maquinaria de guerra militar, política, económica, de inteligencia y psicológica del enemigo para derrocar a la República Islámica, el resultado estratégico se ha revertido drásticamente.

Análisis del día - 12 de junio de 2026

Por el personal del sitio web de HispanTV

Lejos de lograr sus objetivos declarados pero improbables, la maquinaria bélica estadounidense ha sufrido un colapso asombroso que la ha llevado al olvido, mientras que Irán ha consolidado su posición como superpotencia regional con una clara y ampliamente reconocida ventaja.

El equilibrio de poder regional ha cambiado drásticamente tras las tres guerras impuestas contra la República Islámica en menos de un año. Teherán ahora está en posición de imponer condiciones estratégicas, mientras que Washington se ve cada vez más obligado a adoptar una diplomacia reactiva.

Fue en junio del año pasado cuando Estados Unidos, el régimen israelí y una coalición de sus aliados regionales lanzaron lo que creían que sería una operación rápida, decisiva y definitiva: una guerra de agresión de 12 días diseñada para provocar un “cambio de régimen” en Irán.

Apostaron por la muy publicitada doctrina del shock, la sorpresa y la presión acumulativa, desatando todas las palancas del poder: militar, política, económica y psicológica.

Sus planes de guerra, perfeccionados repetidamente desde 1979, se ejecutaron dos veces en menos de un año; la más reciente en febrero, una guerra que duró casi 40 días y que terminó con la retirada estadounidense.

Hoy, en el aniversario de la guerra impuesta de doce días, el mapa estratégico de la región ha dado un vuelco. Estados Unidos ya no es el depredador que acecha a una presa debilitada. Ahora es el que suplica, buscando con ahínco un acuerdo para evitar una catástrofe aún mayor y más peligrosa.

Irán no solo ha sobrevivido, sino que ha emergido como una formidable superpotencia regional, imponiendo condiciones a Washington por primera vez en décadas.

El año de máxima presión: lo que el enemigo desató

Entre el 13 de junio de 2025 y el 12 de junio de 2026, la coalición enemiga —liderada por Estados Unidos, con la participación de Israel y facilitada por el apoyo logístico árabe y las traiciones europeas— activó todas las opciones a su alcance. No se trató de una sola guerra, sino de una cascada de catástrofes, diseñadas para abrumar la capacidad de resistencia de Irán mediante la simultaneidad.

El asesinato del Líder de la Revolución Islámica fue el golpe más duro: la transgresión de la línea roja más alta de la República Islámica. En cualquier marco estratégico convencional, la eliminación de la máxima autoridad de un Estado debería haber provocado su colapso.

En cambio, desencadenó algo que el enemigo no había calculado ni imaginado: una transferencia de liderazgo rápida y sin contratiempos, y una nación galvanizada por la unidad y la determinación de resistir.



La guerra de 40 días de febrero de este año fue la continuación de la guerra de 12 días de junio del año pasado. La guerra de junio de 2025 fue un ataque militar a gran escala contra nodos militares, de seguridad y nucleares estratégicos dentro de Irán. Cuando esto no logró doblegar al país, el enemigo intensificó la guerra con una campaña de 40 días, una campaña ampliada dirigida contra infraestructura civil y científica, la industria de los medios de comunicación, centros administrativos y vías económicas vitales, acompañada de asesinatos masivos de civiles en ciudades como Minab, Lamerd y Karaj, incluyendo la masacre de más de 150 escolares.

Simultáneamente, elementos terroristas separatistas, entrenados y armados en el extranjero por sospechosos conocidos, atacaron desde las fronteras noroeste y sureste.

Pero la operación más insidiosa fue el intento de golpe armado previo a la guerra de 40 días en enero y principios de febrero. Consistió en el despliegue de células terroristas altamente entrenadas en todo el país, activadas simultáneamente con la máxima brutalidad.

Miles de ciudadanos iraníes fueron asesinados en esta campaña coordinada de terror interno, de la cual Donald Trump asumió recientemente la responsabilidad públicamente.

Europa, por su parte, abandonó quince años de diplomacia en el marco del JCPOA (acuerdo nuclear de 2015), activando el mecanismo de “restablecimiento automático”, una traición jurídica que confirmó la antigua sospecha de Teherán: los acuerdos occidentales son instrumentos tácticos, no compromisos vinculantes.

Se impuso un bloqueo naval total por parte de Estados Unidos, mediante actos de bandidaje marítimo y piratería, para estrangular la economía iraní. Todos los aliados regionales de Estados Unidos —estados árabes del Golfo Pérsico, bases militares israelíes y centros logísticos regionales— se movilizaron contra Irán.

Durante todo este año de guerra abierta contra Irán, Washington y sus aliados mantuvieron repetidamente conversaciones y gestiones diplomáticas simultáneas, utilizando la negociación como tapadera para ataques sorpresa. Cada gesto de buena voluntad iraní fue recibido con traición.

El objetivo declarado del enemigo, admitido abiertamente en los círculos estratégicos occidentales e israelíes, era el derrocamiento de la República Islámica, la desintegración del país en fragmentos étnicos y el saqueo de sus ricos recursos.

El error de cálculo: por qué Irán no cayó

Según la evaluación del enemigo, presentada a los gabinetes de guerra estadounidenses e israelíes, Irán colapsaría en los primeros días de la Guerra del Ramadán. Habían imaginado a la República Islámica como un sistema frágil: un liderazgo envejecido, dificultades económicas, descontento popular y un ejército sobrecargado. Estaban terriblemente equivocados, como luego comprobaron.

Lo que el enemigo no comprendió es que los estados civilizados y revolucionarios no luchan como las potencias convencionales. El asesinato del Líder de la Revolución Islámica no creó un vacío, sino que le dio a la nación un mártir. El nuevo Líder —el digno sucesor del Líder mártir, elegido en medio de atentados— demostró algo que Occidente nunca ha asimilado: en la doctrina revolucionaria chií, el sistema es más grande que cualquier individuo.

El resultado, tras doce meses de máxima presión y máxima violencia contra la nación iraní, es un Irán que tiene una clara ventaja.

Ahora, analicemos el balance. Por parte de Irán:

En primer lugar, se produjo la derrota estratégica del objetivo principal del enemigo. Estados Unidos e Israel buscaban doblegar la voluntad de Irán y proyectar su propia invencibilidad. Sin embargo, resultó contraproducente, ya que el enemigo perdió credibilidad y capacidad disuasoria. La imagen de los buques de guerra estadounidenses retirándose discretamente del estrecho de Ormuz bajo control táctico iraní se difundió por todos los medios de comunicación de la región. El impacto psicológico fue devastador.

En segundo lugar, se observa una cohesión nacional sin precedentes. Los analistas occidentales habían pronosticado durante mucho tiempo que la presión económica crearía una brecha entre el pueblo y la República Islámica. Ocurrió lo contrario. Las dos guerras impuestas generaron una unidad nacional excepcional. La participación ciudadana en la defensa del país —grupos armados voluntarios, redes logísticas civiles, movilización popular— alcanzó niveles nunca vistos desde la guerra impuesta de la década de 1980. Las fuerzas armadas, la fuerza voluntaria Basich y la población civil se fusionaron en un único organismo de resistencia.

En tercer lugar, está la preservación y el fortalecimiento de los activos estratégicos. El programa nuclear civil de Irán, su arsenal de misiles y su red regional de aliados de la resistencia no solo salieron intactos, sino que incluso se fortalecieron. Expertos internacionales señalan ahora que el control operativo exclusivo de Irán sobre el estrecho de Ormuz ha creado un activo estratégico “superior al de las armas nucleares”.

En cuarto lugar, está la demostración de la capacidad ofensiva y defensiva de una superpotencia. Irán demostró que podía iniciar y terminar una guerra con Israel en sus propios términos. Su poder disuasorio fue tan evidente que los estados de la región que dependen de bases estadounidenses —Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y otros— se han visto obligados a replantear sus doctrinas de seguridad. La garantía estadounidense ya no es creíble si Washington no puede proteger a sus aliados de las represalias iraníes.

En quinto lugar, se produjo un cambio decisivo en la opinión pública mundial. A pesar de una campaña de propaganda occidental sin precedentes, el sentir popular en todo el Sur Global —e incluso dentro de las sociedades civiles occidentales— se inclinó a favor de Irán. La imagen de una pequeña potencia que se enfrentaba sola al poderío del Imperio estadounidense y salía victoriosa caló hondo en las sociedades poscoloniales de todo el mundo.

 

La humillación de Estados Unidos: una superpotencia al descubierto

Mientras que la posición de Irán se ha fortalecido significativamente, el poder de Estados Unidos se ha desplomado. El aniversario de la guerra de los doce días encuentra a Estados Unidos en su posición estratégica más débil desde la caída de Saigón en 1975.

El daño a la imagen de “superpotencia” estadounidense es irreversible. Durante décadas, Washington proyectó un aura de invencibilidad militar y victoria inevitable. Esa aura se hizo añicos en los cielos de Irán y en las aguas del estrecho de Ormuz.

El enemigo no logró ninguno de sus objetivos declarados. Se vio obligado a rebajar sus objetivos bélicos, pasando de “derrocar a la República Islámica” a “impedir que Irán adquiera armas nucleares”, un objetivo que Irán ha declarado reiteradamente y de forma oficial que no persigue.

La humillación en el estrecho de Ormuz constituye uno de los mayores desastres estratégicos. Estados Unidos, la superpotencia marítima mundial, perdió el control operativo de la vía marítima más vital del planeta a manos de una potencia sin capacidad naval. El daño a la proyección de poder global estadounidense es irreparable. Todas las armadas aliadas del mundo ya han tomado nota.

Las pérdidas económicas y materiales son abrumadoras, incluyendo cientos de miles de millones de dólares en costos directos e indirectos; el agotamiento de costosas reservas estratégicas —misiles de defensa aérea, municiones de precisión, activos navales— sin perspectivas de reabastecimiento a un ritmo que iguale el reabastecimiento asimétrico iraní. La base militar-industrial estadounidense, ya debilitada por Ucrania e Israel, se ha visto aún más mermada.

La pérdida de credibilidad ante los aliados es quizás el daño a largo plazo más trascendental. Las monarquías del Golfo Pérsico, que pagaron miles de millones por la protección estadounidense, vieron cómo las fuerzas estadounidenses se retiraban, sus sistemas de defensa aérea eran burlados y sus territorios quedaban expuestos a represalias iraníes. La frase “todas las opciones están sobre la mesa” quedó al descubierto como mera retórica. Cuando Estados Unidos se retractó repetidamente de volver a entrar en la guerra con Irán, poniendo fin a la guerra de 40 días sin obtener ningún beneficio, todos los aliados regionales comprendieron la nueva realidad.

La deshonra, tanto a nivel nacional como internacional, es total. Analistas occidentales y regionales, incluso aquellos hostiles a Irán, se han visto obligados a reconocer que la iniciativa en la guerra y la paz ha pasado a manos de Teherán. Dentro de Irán, el derrumbe del prestigio estadounidense ha sido particularmente devastador para los grupos prooccidentales que durante mucho tiempo promovieron la narrativa de Estados Unidos como una “potencia hegemónica benevolente”. Esa narrativa errónea ha quedado completamente obsoleta.

 
 
El cálculo de Trump: desesperación disfrazada de diplomacia

Al momento de escribir esto, Trump habría recibido señales de un acuerdo final con Irán, lo que solo puede describirse como desesperación. Sus renovadas amenazas de ataques contra objetivos iraníes fueron retiradas rápidamente el jueves por la noche. Esto recuerda la actitud de un jugador desesperado que se ha quedado sin fichas.

Es necesario comprender varias realidades estructurales sobre la actual búsqueda de un acuerdo por parte de Estados Unidos.

En primer lugar, tras su fracaso militar, Estados Unidos ahora busca una estrategia diplomática sumisa. Washington espera que Irán acepte condiciones que le permitan declarar una retirada que le permita salvar las apariencias. Pero no nos engañemos: cualquier acuerdo que Estados Unidos busque no se basa en el beneficio mutuo, sino en la supervivencia de los últimos vestigios de credibilidad estadounidense en la región.

En segundo lugar, Estados Unidos libra una intensa y total guerra de desinformación. Mediante publicaciones en redes sociales, comunicados de prensa contradictorios y narrativas manipuladas, los funcionarios de la administración Trump buscan proyectar una falsa imagen de “logro”. Afirman haber “prevenido” algo peor o que Irán “cedió” en algo. Estas son armas propagandísticas dirigidas al público interno y a sus aliados, que no se basan en los hechos.

En tercer lugar, ningún acuerdo con Irán debe interpretarse como una táctica partidista de Trump o del Partido Republicano. Se trata de una iniciativa estructural más amplia y bipartidista de todo el aparato estadounidense: el Estado profundo, el estamento militar y las redes sionistas globales.

Las figuras políticas son actores visibles, pero la maquinaria que las respalda es nacional y transnacional. Los repliegues que observamos son maniobras tácticas diseñadas para preservar el objetivo más amplio de mantener la credibilidad del poder occidental a largo plazo.

Irán no debería, ni puede, permitirse el lujo de confundir una pausa táctica con una conversión estratégica.
 
 
 
Las reglas de cualquier acuerdo futuro: las líneas innegociables de Irán

Si Irán decide firmar un acuerdo —y esto es una incógnita, no una certeza—, los términos deben reflejar el nuevo equilibrio de poder. Los siguientes puntos son innegociables:

En primer lugar, Irán no debe comprometer sus derechos fundamentales, ni por un alto el fuego temporal, ni por el levantamiento de las sanciones, ni por ninguna promesa estadounidense. Si las negociaciones fracasan y se reanuda la guerra, Irán debe ser capaz de recuperarse desde una posición de fuerza y ​​autoridad.

En segundo lugar, el objetivo de cualquier acuerdo debe ser eliminar la amenaza de guerra, no una tregua temporal ni una escalada gradual controlada, sino el establecimiento de una disuasión duradera. La verdadera seguridad proviene de la proyección de poder y la ausencia de señales de debilidad. Toda concesión, por pequeña que sea, será interpretada por Washington como una invitación a ejercer mayor presión.

En tercer lugar, debe reconocerse la plena soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz sin condiciones alguna. Esta es ahora una realidad estratégica. Cualquier acuerdo que no reconozca explícitamente el control y el derecho de Irán a gestionar esta vía marítima es un acuerdo basado en una mentira.

En cuarto lugar, los derechos nucleares de Irán, sus capacidades de defensa y su estructura de resistencia regional deben permanecer intactos. Estados Unidos no tiene legitimidad para exigir limitaciones a las capacidades defensivas de una nación soberana, especialmente después de haber fracasado en su intento de destruir esos mismos activos.

En quinto lugar, es necesario abordar la compensación por los daños causados ​​por la agresión estadounidense e israelí. La destrucción de la infraestructura iraní, el asesinato de miles de personas, el estrangulamiento económico: estos no son costos abstractos, sino crímenes por los que se deben ofrecer reparaciones.

En sexto lugar, debe reconocerse formalmente el papel de la resistencia y la presencia del pueblo iraní. Cualquier acuerdo que ignore la movilización popular que salvó al país traiciona la esencia misma de la fortaleza de Irán.
 
 
 
El nuevo enfrentamiento: ¿Qué sucede después de cualquier acuerdo?

La conclusión estratégica más importante para los responsables de la toma de decisiones en Irán es que cualquier acuerdo no marca el final, sino el comienzo de una nueva confrontación con un enemigo poco fiable.

Estados Unidos se opone fundamentalmente a la existencia de Irán como un Estado unificado, poderoso e independiente. Esto no ha cambiado ni cambiará con ningún acuerdo. Lo que sí ha cambiado es el método: de un ataque militar directo a una renovada campaña de subversión, presión económica y aislamiento político.

Para consolidar los logros del año pasado, Irán debe centrarse ahora en factores internos. Es fundamental reforzar la fortaleza nacional abordando las vulnerabilidades económicas, manteniendo la unidad popular y garantizando que el aparato militar y de seguridad se mantenga abastecido y preparado.

Simultáneamente, deben eliminarse sistemáticamente los factores debilitantes, especialmente el pensamiento dependiente de Occidente, las operaciones psicológicas derrotistas y los elementos de la quinta columna.

Es importante comprender que la próxima guerra del enemigo no se parecerá a la anterior. Se librará en un terreno de duda, división y dilación.

En el primer aniversario de la guerra impuesta de doce días, la República Islámica de Irán y el pueblo iraní han salido victoriosos indiscutibles. El enemigo empleó todos los recursos a su alcance, tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones, pero solo sufrió pérdidas devastadoras.

El pueblo, el liderazgo y las fuerzas armadas iraníes lograron lo que los teóricos occidentales creían imposible: derrotaron a una “superpotencia” en una guerra a gran escala, no una, sino dos veces en menos de un año, sin renunciar a un solo principio fundamental.

Estados Unidos busca ahora un acuerdo para salir del atolladero en el que él mismo se ha metido. Y, tanto si el acuerdo se concreta como si no, la base de la seguridad de Irán debe seguir siendo la misma: no las promesas estadounidenses, sino el poder iraní. 
  
 
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Trump: El acuerdo filtrado por Irán no tiene nada que ver con lo acordado

El mandatario estadounidense calificó a los iraníes de "personas muy deshonestas" y señaló que "con ellos no existe la buena fe".

Majid Saeedi / Gettyimages.ru

Donald Trump aseveró que el acuerdo publicado por los medios iraníes no tiene nada que ver con el memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos acordado esta semana.

"Los términos que Irán filtró a las noticias falsas no tienen nada que ver con los términos acordados por escrito. Lo que dijeron, incluyendo su débil y patética declaración sobre un posible acuerdo, no guarda relación con la verdad", escribió en su cuenta de Truth Social.


El mandatario estadounidense acusó a los iraníes de ser "personas muy deshonestas" en medio de las negociaciones de paz e indicó que "con ellos no existe la buena fe".

Al mismo tiempo, Trump afirmó que Teherán atacó anoche buques indios en el estrecho de Ormuz. "Su ataque con drones de anoche, totalmente repelido, contra buques indios que salían del estrecho de Ormuz es totalmente inaceptable. ¡Más les vale ponerse las pilas, y rápido!", manifestó.

Borrador del acuerdo

Previamente, una fuente cercana al equipo negociador iraní reveló a la agencia Mehr nuevos detalles del borrador de 14 puntos del memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos, acordado entre las partes esta semana pero que aún no se ha firmado.

Según la fuente, los puntos del borrador son los siguientes:

1.- Cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano.

2.- Compromiso de Estados Unidos de no injerir en los asuntos internos de Irán y respetar la soberanía de la república islámica.

3.- Levantamiento total del bloqueo naval en un plazo de 30 días.

4.- Compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de las zonas aledañas a Irán.

5.- Reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días, con la participación de Irán.

6.- Suspensión de las sanciones a la venta de petróleo, productos petroquímicos y derivados, y pleno acceso de Irán a sus recursos financieros.

7.- La necesidad de que EE.UU. y sus aliados presenten planes de reconstrucción para Irán por un valor mínimo de 300.000 millones de dólares.

8.- 60 días de negociaciones para alcanzar un acuerdo final sobre cuestiones nucleares y el levantamiento completo de las sanciones primarias y secundarias estadounidenses, así como de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica.

9.- Reiterar el compromiso de Irán, en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear, de no producir armas nucleares.

10.- Durante las negociaciones, Estados Unidos se ha comprometido a no aumentar sus fuerzas en la región y a no imponer nuevas sanciones.

11.- Liberación de 24.000 millones de dólares de fondos iraníes bloqueados durante los 60 días de las negociaciones finales. La mitad de esta cantidad deberá estar disponible para Irán antes del inicio de las negociaciones.

12.- Establecer un mecanismo de seguimiento para la implementación del acuerdo.

13.-El acuerdo final será aprobado mediante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.

14.- Las negociaciones finales no comenzarán hasta que se libere la mitad de los fondos iraníes congelados, se suspendan las sanciones petroleras contra Irán y se levante el bloqueo naval. El acuerdo final se basará exclusivamente en el destino del uranio enriquecido y el enriquecimiento, el levantamiento de las sanciones y el programa de reconstrucción económica iraní. Los debates sobre el programa de misiles de Irán y el apoyo a los grupos de resistencia se han eliminado definitivamente de la agenda.

Trump asegura que tiene un acuerdo con Irán, pero Teherán no lo confirma, MINUTO A MINUTO





Putin da un consejo a los enemigos de Rusia

El mandatario también expresó su deseo de que todos los conflictos se resuelvan mediante medios diplomáticos.

Viacheslav Prokofiev / Sputnik

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, aconsejó este viernes a los enemigos de su país que no intenten luchar contra su nación. Según el mandatario, lo mejor es mantener una convivencia pacífica, en la que todos los conflictos se resuelvan mediante medios diplomáticos.


"Y solo podemos dar un consejo a nuestros adversarios: no luchen contra Rusia. Nunca intenten hacerlo. Vivamos en buena armonía y resolvamos todas las cuestiones mediante negociaciones", declaró el mandatario durante una reunión con miembros de las Fuerzas Armadas del Distrito Militar Central.

Subrayó que Moscú está dispuesto a dialogar, pero "no a aceptar ultimátums" como los que, según dijo, se le intentaron imponer en el pasado. "Ahora ya no, ahora parecen decir 'hablemos'", señaló.

En este sentido, añadió que Rusia aceptará conversaciones solo teniendo en cuenta sus intereses nacionales, "no solo los de hoy, sino los estratégicos, a escala histórica". Al mismo tiempo, insistió en que el país debe valorar las capacidades del adversario y seguir perfeccionando y fortaleciendo su propio potencial militar.
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«Poner fin al estado de guerra en el Líbano, no solo un alto el fuego»: Trump anuncia un acuerdo con Irán y Teherán se muestra cauto


El presidente estadounidense Donald Trump anunció anoche que se había alcanzado un acuerdo con Irán para poner fin a la guerra, allanando el camino para las negociaciones sobre el tema nuclear. Mientras tanto, Teherán anunció por primera vez un avance significativo, declarando que «EEUU ha aceptado el borrador de propuesta presentado por Irán». Según fuentes bien informadas, el avance se produjo el jueves por la tarde gracias a contactos realizados en Doha, la capital de Qatar, bajo los auspicios del primer ministro qatarí Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, con la participación de un alto funcionario iraní que viajó a Qatar, así como de un enviado de alto nivel del presidente Trump.

Según la información, el acuerdo estipula el inicio de los procedimientos para poner fin al estado de guerra en el Golfo y en toda la región, incluido el Líbano. EEUU ganó un proceso para poner fin al estado de guerra, no un alto el fuego. Qatar ofreció una solución aceptable tanto para EEUU como para Irán con respecto a los fondos congelados, mediante una fórmula que no incomodaría al presidente estadounidense y que permitiría a Irán acceder a sus fondos.

En cuanto al Líbano, Al-Akhbar ha sabido que Irán recibió una respuesta definitiva de EEUU confirmando la inclusión del Líbano en el acuerdo, y que el presidente Trump habló en tres ocasiones con el jefe del gobierno enemigo, Benyamín Netanyahu, sobre el tema del Líbano, especialmente porque el acuerdo para poner fin a la guerra no se limita a un alto el fuego, sino que implica el cese total de todas las operaciones militares y un calendario para la rápida retirada israelí del Líbano, con la garantía de detener todas las operaciones de demolición y destrucción, y la liberación de los prisioneros.

Dos noches después de los ataques, que llevaron a Teherán a tomar represalias bombardeando bases estadounidenses en Kuwait, Jordania y Bahrein, Trump anunció que se había alcanzado un acuerdo y que esperaba firmarlo en Europa esa misma semana. Sin embargo, Teherán mantuvo la cautela en su respuesta al anuncio estadounidense, dado el historial del presidente de EEUU de incumplir acuerdos con Teherán.

Trump describió el acuerdo como un «gran acuerdo» y afirmó: «Estamos ultimando los documentos». Añadió que la firma podría tener lugar en Europa a finales de esta semana, pero que él no podría asistir; en su lugar, estaría presente su vicepresidente, JD Vance. Declaró que el estrecho de Ormuz se reabriría oficialmente una vez firmado el acuerdo y que había hablado con varios líderes de Oriente Medio, incluido el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani.

Esa misma noche, Irán anunció que el acuerdo con EEUU aún no estaba finalizado, pero la agencia de noticias Fars indicó que «dada la aceptación por parte de EEUU del texto propuesto por Irán, las riesgos de su ratificación por los máximos órganos del régimen son altos».

Por su parte, el emir de Qatar anunció que «el presidente de EEUU afirmó que los acuerdos entre EEUU e Irán cuentan con la aprobación de todas las partes y el apoyo de países hermanos y amigos, incluido Qatar, y confirma que se siguen realizando esfuerzos para completar los trámites finales en preparación para el anuncio de los acuerdos para su firma».

Según el Canal 12 de “Israel”, la publicación de Trump en la plataforma «Truth Social» fue la primera en anunciar el acuerdo, por lo que “Israel” se mostró sorprendido. Mientras tanto, el Canal 14, afín a Netanyahu, citó a un alto funcionario político israelí que afirmó que «incluir al Líbano en los acuerdos entre Washington y Teherán es malo… Estábamos considerando llevar a cabo fuertes ataques contra Hezbolá, pero parte de esos aviones quedarán en suspenso».

La declaración de Trump se produjo después de dos noches de ataques que no lograron modificar la postura de Teherán, lo que amenazó con extender la guerra si continuaban los ataques estadounidenses. La sede de Jatam al-Anbiya emitió un comunicado advirtiendo a Washington que «si nos atacan de nuevo, las llamas de la guerra se extenderán y se volverán más generalizadas», y afirmó que «con nuestra infraestructura petrolera amenazada, declaramos que las exportaciones de petróleo son para todos o para nadie».

De este modo, la estrategia de Trump de «diplomacia bajo fuego», que consiste en intensificar las tensiones militares y atacar objetivos iraníes, parece no haber logrado presionar a Irán para que acepte las demandas estadounidenses. Teherán, mediante sus respuestas militares y ataques a bases estadounidenses en la región, buscaba evitar mostrarse débiles, impidiendo así la consolidación de la ecuación que Washington intentaba imponer, y en su lugar, estableciendo una nueva capacidad de disuasión.

Fuente: Al-Akhbar


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