sábado, 24 de octubre de 2026

Cuba responde a amenaza de Trump: En isla también hay “diente de perro”


Cuba ha rechazado la nueva amenaza de Donald Trump y ha advertido que está decidida a defenderse frente a las ambiciones de dominación de Estados Unidos.

En un mensaje publicado este sábado en su cuenta de X, en respuesta a la amenaza del presidente estadounidense, Donald Trump, de una intervención militar en Cuba, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha denunciado que “el gobierno de EE.UU. deja claro que no renuncia a sus ambiciones de dominación sobre Cuba”

“Es bueno recordar que los cubanos alcanzamos desde el 1o de Enero de 1959 nuestra verdadera independencia y estamos decididos a defenderla”, ha recordado en su mensaje, en el que también ha señalado el bloqueo estadounidense impuesto a la isla como una amenaza y ha rechazado que Cuba represente un peligro.

Mientras tanto, la reacción más contundente ha llegado del canciller cubano, Bruno Rodríguez, quien ha rechazado “toda amenaza sobre las ambiciones de EE.UU. hacia Cuba” y ha lanzado una advertencia ante cualquier intervención militar en su país.

“En nuestras costas hay bellas playas, pero también diente de perro, inhóspito para quienes llegan con fines hostiles y ansias de dominación. Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí”, ha escrito en X.

@BrunoRguezP
Rechazamos toda amenaza sobre ambiciones de EEUU hacia Cuba. En nuestras costas hay bellas playas, pero también diente de perro, inhóspito para quienes llegan con fines hostiles y ansias de dominación.
#CubaNoEsUnaAmenaza El Bloqueo Sí

Estas declaraciones se producen después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, indicara el viernes que enviará un buque de guerra a las proximidades de Cuba –una vez concluyan la guerra contra Irán–, con el interés de forzar a las autoridades cubanas a suscribir un “acuerdo”.

“Lo que vamos a hacer con Cuba es que vamos a regresar de Irán, esos hermosos barcos, pasaremos por Cuba, haremos que uno de ellos se detenga a unas 50 yardas (45 metros) de la costa. Levantarán las manos y luego vamos a enviar a Marco Rubio a cerrar el acuerdo”, aseveró Trump en un evento electoral en Fort Myers, en la costa oeste de Florida.

“Nos ocuparemos de Cuba a nuestro regreso de Irán. Haremos una pequeña escala”, agregó.

Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, llamó en X a aquellos que quieran impulsar un “cambio” en Cuba, a establecer “una colaboración discreta” con la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés). En agosto, The New York Times informó que la CIA había creado en secreto un grupo operativo dedicado a Cuba.

Tanto Rubio como Trump han sido partidarios de emprender acciones en Cuba, y Trump ya había insinuado que el país “sería el siguiente” objetivo en una intervención estadounidense en el extranjero después de la guerra contra Irán, un escenario que ha pronosticado durante meses, pero que aún no ha ocurrido.

Washington ha mantenido un embargo contra Cuba durante más de 60 años y la administración Trump ha estado aumentando la presión sobre La Habana después de que el ejército estadounidense secuestrara en enero al presidente venezolano Nicolás Maduro en una redada mortal.




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La Guerra en Ucrania desangra económica y políticamente a Europa


Por Pablo Jofré Leal

El tablero geopolítico europeo atraviesa una de sus paradojas más convulsas y dolorosas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Lo que en febrero de 2022 comenzó como un estallido unánime de solidaridad continental de una Ucrania considerada víctima de Rusia, se ha transformado hoy en un desgaste transatlántico estructural.

Las esquirlas de una guerra ya no se limitan al frente oriental; se han instalado de forma permanente en la economía doméstica de la Unión Europea. Las recientes y masivas movilizaciones ciudadanas en Albania, Francia, Italia, España, Bélgica, Grecia, entre otros, revelan un diagnóstico urgente: las calles europeas exigen un cambio de rumbo radical. Mientras que las grandes corporaciones mediáticas se centran, como siempre, en los disturbios y el orden público, los medios que no son parte de la cadena hegemónica aportan una lectura más veraz: la demanda de un cambio radical frente al encarecimiento de la vida, la precarización juvenil y el colapso de los servicios esenciales (1).

La indignación popular apunta directamente a una contradicción insostenible: mientras los gobiernos multiplican los presupuestos de sus ministerios de guerra, servicios de inteligencia y contratos multimillonarios de cada uno de sus complejos militar-industrial, y envían miles de millones de euros en asistencia militar, política y financiera a Kiev, los pilares del Estado de bienestar europeo, léase: sanidad pública, educación, pensiones y el acceso a la cultura sufren recortes drásticos y una precarización galopante.

La anatomía del descontento, no sólo hay que entenderla en función de las políticas económicas ordenadas por el liderazgo de la Unión Europea destinadas a satisfacer los apetitos de sus transnacionales y su aporte a la política hegemónica de un occidente que se encuentra sumido en la disputa entre la unipolaridad mandatada por su Estados unidos o un mundo donde la multilateralidad comienza a ganar terreno.

El descontento tiene su raíz también en la convicción que aquello de lo cual se priva a sus sociedades se entrega al motor de la guerra en Ucrania. Igualmente, el apoyo a entidades como el régimen sionista israelí, el mantener un PIB que ha pasado del 2 % al 5 % como obligación y que implica recortes en el gasto social y que la población percibe, acertadamente, como una imposición imperial de Estados Unidos.

Efectivamente la ecuación económica detrás del conflicto ucraniano es uno de los detonantes de fondo del malestar social. Los Estados miembros de la Unión Europea han tenido que asumir enormes costes derivados, no solo de la inflación energética – derivada de los propios errores estratégicos de su liderazgo político y militar con relación a Rusia- junto al encarecimiento de la vida, sino de la inyección directa de fondos públicos hacia la maquinaria bélica y los millonarios paquetes de ayuda macrofinanciera y militar a Ucrania.

Esta dinámica no surge de la nada ni arranca en 2022. Hunde sus raíces geopolíticas en la decisión de incumplir las garantías de seguridad exigidas por la Rusia Post Soviética, el año 199, como también en la crisis de 2014, año marcado por el golpe de Estado contra Víktor Yanukóvich en el contexto del Euromaidán. Aquella ruptura institucional fracturó de forma definitiva la seguridad regional y abrió la puerta a una escalada de confrontación tutelada por los intereses de la OTAN en las fronteras rusas. Recordemos el papel cumplido por Victoria Nuland y el embajador de Estados Unidos en Ucrania en aquel Golpe de Estado (2).

La subsecretaria de Estado de EE.UU. para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, distribuyendo pan y galletas en la plaza del Maidán, Kiev (Ucrania), junto al embajador de EE.UU. en Ucrania, Geoffrey Pyatt, diciembre de 2013. (Foto: Andrew Kravchenko / AP)

A partir de febrero de 2022, con el inicio de la operación militar especial rusa, bajo los objetivos de A partir de febrero de 2022, con el inicio de la operación militar especial rusa, bajo los objetivos de desnazificación y desmilitarización de Ucrania, la hemorragia financiera europea se multiplicó exponencialmente. Las estadísticas del Instituto de Economía Mundial de Kiel y los registros comunitarios reflejan la magnitud colosal de este esfuerzo: la asistencia total movilizada por la Unión Europea y sus socios hacia el régimen de Volodímir Zelenski supera ya los 300 mil millones de euros. El caso alemán es sintomático, pues no sólo apoya en armas y dinero al régimen genocida israelí, sino que, en el caso de Ucrania, mantiene un ingente gasto en el mantenimiento de refugiados ucranianos en suelo alemán y compromisos militares diferidos a futuro (3).

Apoyo que abarca decenas de miles de millones en armamento pesado, municiones, ayudas macrofinancieras directas y paquetes plurianuales como el Mecanismo para Ucrania y los recientes préstamos masivos de rearme aprobados para el bienio 2026-2027. Este año 2026 se han entregado ya 70 mil millones de euros, que se unen a los 80 mil aprobados para el 2027. Todo ello destinado a lo que se suele denominar un saco roto que engulle y engulle fondos que podrían ser utilizados en desarrollo social europeo. A pesar de lo evidente que resulta anticipar que Ucrania, no sólo ha perdido estratégicamente la guerra, sino también parte importante de su soberanía.

Sin embargo, los recursos de las arcas públicas son finitos. Cuando los ministerios de hacienda europeos destinan partidas récord al rearme y a sostener el aparato administrativo y militar de un estado en guerra subsidiaria (porque la guerra es efectivamente entre Rusia contra la alianza entre Estados Unidos, la OTAN y como testaferro el estado ucraniano) el dinero debe recortarse de algún lado. Ese "lado" ha sido, de manera sistemática, el gasto social.

Hoy, en los países donde las protestas sociales se han intensificado encontramos a un sector salud y de educación bajo mínimos. Hospitales públicos saturados, listas de espera interminables y recortes crónicos en las universidades y escuelas públicas contrastan grotescamente con los titulares que celebran la aprobación de nuevos desembolsos multimillonarios en armamento pesado, misiles y drones para el frente de Europa oriental.

Igualmente, un derrotero de dificultades en el sistema de pensiones y el empleo. Con una inflación persistente y el costo de la vivienda disparado, las clases trabajadoras y las generaciones más jóvenes perciben que su futuro está siendo hipotecado. Sienten con toda razón que sus impuestos no sirven para protegerlos ante las crisis internas, sino para financiar aquello en lo cual no han tenido oportunidad alguna de decidir, más allá de observar como las elites gobernantes, llevan a cabo una guerra de largo aliento.

Las protestas masivas actuales reflejan el hartazgo de una ciudadanía que rechaza seguir costeando una intervención ejecutada en detrimento directo de sus derechos fundamentales. Y, este punto es importante porque en general, los medios hegemónicos tratan de presentar estas movilizaciones como estallidos de violencia irracional, de desbordes que concluyen con destrucción de bienes, pero poco se adentra en el análisis de la unión entre la población trabajadora, estudiantil, jubilados, sindicatos, movimientos sociales, grupos de apoyo al sur global. Y, claramente la presencia de las banderas palestinas es una evidencia que las reivindicaciones no olvidan a los pueblos que sufren las políticas hegemónicas que igualmente los afectan en su fortaleza europea.


Ante la evidente erosión de su capital político interno, surge una pregunta ineludible: ¿por qué los líderes de la Unión Europea insisten en mantener y escalar este compromiso financiero y militar con el régimen de Zelenski? En el análisis sobre la arquitectura de la dominación atlantista, la respuesta no obedece a un genuino interés humanitario, sino a un profundo cálculo geopolítico e institucional basado en el miedo a un efecto dominó que vislumbra el fantasma de la seguridad continental y el dictado de la OTAN.

Para Bruselas y las principales cancillerías europeas, subordinadas a los designios estratégicos de Washington, la supervivencia del gobierno ucraniano se ha convertido en la línea de defensa de su propia hegemonía frente a Rusia. Los gobiernos otanistas suelen argumentan que ceder, equivaldría a admitir el fracaso de la expansión oriental de la Alianza Atlántica. Europa ha construido su seguridad de posguerra bajo el paraguas transatlántico. Desvincularse abruptamente del apoyo a Ucrania significaría una ruptura traumática con los compromisos de defensa occidental y una pérdida total de influencia geopolítica global frente a potencias rivales.

Por tanto, lo que se visualiza es fortalecer aún más el compromiso institucional europeo con los intereses de Washington que aparecen irreversible: Paquetes de ayuda plurianuales e instituciones comunitarias enteras han ligado su credibilidad al destino de Kiev. Los dirigentes europeos temen que un giro drástico de timón proyecte debilidad institucional y fracture de forma definitiva la cohesión interna de los Veintisiete.

La vinculación entre la guerra en Ucrania y las crisis sociales europeas es directa y bidireccional. Como denuncia el análisis más profundo de lo que acontece hoy en Europa, dicha dirección de observación permite visualizar que ese compromiso de las catas gobernantes de este continente en Ucrania actúa como un acelerador de la erosión interna: agota los recursos fiscales, desestabiliza los mercados energéticos y traslada el costo de la geopolítica al bolsillo del contribuyente de a pie.

A su vez, el descontento en las calles pone en jaque la sostenibilidad de esa misma política exterior. Ninguna democracia puede mantener indefinidamente un esfuerzo de guerra exterior de dimensiones históricas si su propia base social se desmorona y experimenta una pérdida drástica de calidad de vida.

Europa se encuentra atrapada en una encrucijada existencial. Si abandona a Ucrania, corre el riesgo de fracturar su seguridad y su arquitectura de defensa; pero si continúa por la senda actual sin amortiguar el impacto interno, el malestar en las calles promete dinamitar los cimientos políticos y sociales desde adentro.

1- Las protestas sociales son la prueba fehaciente de que Europa necesita un giro absoluto en su política exterior. Un replanteamiento que recupere una verdadera soberanía, pero centrada estrictamente en el bienestar y la dignidad de su población, y no en la rentabilidad del complejo militar-industrial estadounidense o en aventuras geopolíticas ajenas a los intereses de los europeos. El verdadero desafío para el Viejo Continente ya no se juega únicamente en las trincheras del este, sino en su capacidad para reconciliar su seguridad con la supervivencia de sus derechos sociales.Victoria Nuland viajó a Kiev semanas antes del golpe de Estado que acabó con la presidencia de Víktor Yanukóvich en 2014, mientras ocurrían las protestas. Fue precisamente en las calles de la capital ucraniana, donde la subsecretaria de Estado norteamericana repartió en diciembre de 2013 las famosas galletas y pan entre la multitud que exigía pactar con la Unión Europea, algo que el Gobierno de aquel entonces se había negado a hacer por razones económicas. Poco después, a comienzos de febrero de 2014, Nuland discutió por teléfono la composición del futuro gabinete de Ucrania con el embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey Pyatt. La posterior violenta toma del poder desencadenó una serie de eventos que propiciaron la reunificación de Crimea con Rusia, la quema de activistas ‘Antimaidán’ vivos en la Casa de los Sindicatos de Odessa y los enfrentamientos armados en Donbass. https://www.5septiembre.cu/eeuu-reconoce-llevar-meses-preparando-junto-a-kiev-la-contraofensiva/

2- Esta revista de análisis estratégico y político destaca el trasfondo de la crisis del costo de la vida. Señalan que las movilizaciones no son hechos aislados, sino una respuesta directa a la inflación y a las subidas de los precios del combustible, sirviendo de catalizador para que colectivos históricos como los Chalecos Amarillos, sindicatos y asambleas estudiantiles converjan en una impugnación más amplia contra el rumbo macroeconómico de la Unión Europea. https://legrandcontinent.eu/es/2026/10/19/mas-alla-de-francia-la-crisis-del-coste-de-la-vida-sacude-europa/

3. https://www.kielinstitut.de/media/news/ukraine-support-tracker-only-eur-417-billion-of-germanys-eur-100-billion-went-to-ukraine/

Pablo Jofré Leal

Periodista. Analista Internacional

Artículo para HispanTV

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jueves, 22 de octubre de 2026

Putin: Declaraciones de Europa sobre una "amenaza de guerra" con Rusia son esquizofrenia política

El mandatario ruso subrayó que los pueblos europeos tampoco quieren un enfrentamiento militar con Moscú.

Vyacheslav Prokofyev / Gettyimages.ru

El presidente ruso, Vladímir Putin, calificó de "esquizofrenia política" las declaraciones europeas sobre una supuesta 'amenaza de guerra con Rusia' y aseguró que su país no se prepara para ningún conflicto bélico con Europa. Así lo afirmó en una entrevista concedida al periodista Pável Zarubin para el programa Vesti.


El mandatario subrayó que los pueblos europeos no quieren 'una guerra con Rusia', al igual que Moscú tampoco desea enfrentarse militarmente a Europa.

Asimismo, Putin afirmó que ya ha quedado claro que infligir una "derrota estratégica" a Rusia es imposible. En este sentido, expresó su esperanza de que quienes persiguen ese objetivo reconozcan la realidad y comprendan que es mejor mantener relaciones amistosas con Moscú.


La supuesta "amenaza rusa"


Europa sigue presentando a Rusia como una supuesta amenaza, a pesar de que Moscú ha dicho en repetidas ocasiones que no planea atacarla. Durante la sesión plenaria del Club Valdái, Vladímir Putin volvió a reiterar: "No tenemos intención de atacar a nadie, ni en 2029, ni en 2030, ni en 2050". Explicó también que las razones de "la constante escalada de tensión por parte de muchos países europeos" en cuanto a la supuesta 'amenaza rusa' radican en "un grave deterioro de la situación económica y la política interna en estos países".

En ocasiones anteriores, el mandatario ruso había reiterado que las élites gobernantes europeas están sumidas en la histeria de que "la guerra con los rusos está a la vuelta de la esquina". "Es imposible creérselo, aunque intentan convencer a su propia gente", agregó.

A su vez, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, ha denunciado que las declaraciones de los líderes occidentales demuestran que se están preparando "seriamente" para una guerra contra Rusia. El objetivo de infligir una derrota estratégica a Moscú sigue presente en las mentes y los planes de los líderes europeos, expresó.