martes, 14 de abril de 2026

Consecuencia de las guerras contra los eslavos, los árabes y los persas

Derrumbe del derecho multilateral y confusión de los campos de batalla

por Thierry Meyssan

Durante esta guerra israelí contra Irán, Estados Unidos y su presidente se comportan como bárbaros. El presidente Trump se jactó de sus ataques contra los mismos civiles que hace un mes decía querer liberar. Llegó incluso a amenazar con destruir la civilización iraní, olvidando que hace poco decía merecer el premio Nobel de la Paz. Con su comportamiento, Washington no sólo ha violado la Carta de las Naciones Unidas. También ha obligado algunos “aliados” a descubrir por fin que Estados Unidos no es el protector que ellos creían sino que, al contrario, los arrastra a una guerra que ellos nunca quisieron.

Cuando Nerón incendió Roma.

El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, declaró primero que estaban siendo «seriamente examinadas la destrucción total de zonas y la muerte garantizada de grupos de personas que, hasta ahora, no se habían tenido en cuenta como posibles objetivos» (S/2026/141). Después, el 7 de abril de 2026, amenazó, pública y explícitamente, con destruir la civilización iraní [1], violando así el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas.

Con ese comportamiento, el presidente de Estados Unidos se puso al margen de la civilización. Si hay un principio básico en el derecho internacional, desde la Conferencia de La Haya de 1899, es que los Estados firmantes no deben comportarse como barbaros.

Trump no llegó a concretar su amenaza pero, en un inaudito despliegue de violencia, las fuerzas armadas de Estados Unidos procedieron a la destrucción de numerosos objetivos civiles.

El presidente de Estados Unidos comenzó por participar en el asesinato del jefe espiritual de millones de musulmanes chiitas, el ayatola Alí Khamenei (S/2026/109). Luego, destruyó los complejos deportivos Azadi y Besat, el parque acuático de Azadegan, el estadio Shahidan Esmaeili y la sala de deportes Shahid Eskandarloo de Teherán (ONU S/2026/130). Seguidamente arrasó la escuela primaria de Minab. Posteriormente fueron atacados los edificios de la Media Luna Roja iraní, los hospitales Gandi, Motahari y Khatam de Teherán, el hospital Abouzar en Ahvaz (S/2026/111). Bombardeó varias instalaciones de almacenamiento de combustible en Teherán, provocando emanaciones que llevaron a la atmósfera enormes volúmenes de óxido de azufre y de hidrógeno, que causaron lluvias ácidas sobre la capital iraní, la muerte de numerosas personas que sufrían secuelas de los ataques con gases venenosos durante la guerra con Irak e incendios gigantescos (S/2026/149). También bombardeó sitios culturales, como el Palacio de Golestán (S/2026/180), reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Quizás debido a algún tipo de confusión, también fueron bombardeadas las oficinas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (S/2026/269) y hasta el Instituto Pasteur de Teherán (S/2026/279).

Haciendo gala de una violencia sin límites, y aunque pretendía estar luchando contra un “peligro atómico” –desde este sitio web hemos explicado detalladamente y en múltiples ocasiones que en Irán no existe un programa nuclear militar desde 1988–, Estados Unidos bombardeó 4 veces la central nuclear civil iraní de Bushehr, a pesar del peligro de que los bombardeos afectaran el sistema de enfriamiento y provocaran fugas de agua radioactiva que contaminarían las fuentes de agua en toda la región.

En este momento, las poblaciones del Medio Oriente ya no creen en la “protección” de las Naciones Unidas, como tampoco creen ya que Estados Unidos pueda tener intenciones de aportarles la paz [2].

Las poblaciones de los países del golfo Pérsico, países que aceptaron la instalación de bases militares estadounidenses en sus territorios para protegerlos, acaban de darse cuenta de que fueron engañadas. Estados Unidos ha utilizado sus países como trampolín para su propia guerra contra la civilización persa, convirtiéndolos así en blancos legítimos de la respuesta militar –igualmente legítima– de Irán.

La confusión generalizada que hemos podido ver desde hace 5 semanas ha mostrado que el multilateralismo puede ser contrario al derecho internacional. Tratando de protegerse, los Estados del golfo Pérsico han multiplicado las declaraciones multilaterales, en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) [3], en la Liga Árabe [4], en la Organización Marítima Internacional [5]. Pero acabaron descubriendo que el derecho internacional también está en contra de ellos ya que son corresponsables de la agresión estadounidense perpetrada desde las bases militares estadounidenses que ellos albergan.

Esta confusión llegó al colmo el 11 de marzo con la adopción –Rusia y China se abstuvieron– de la resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU, una resolución que contradice la resolución 3314 de la Asamblea General, adoptada por unanimidad el 14 de diciembre de 1974 [6]. Es evidente que la ONU va a tener que disolverse o ser objeto de una profunda reforma [7].

Esa enorme confusión tiene que ver ahora con el estrecho de Ormuz. Dejemos de lado el momento de la guerra en el que Irán prohibió el paso a los barcos de las potencias que lo agreden (Israel, Estados Unidos y Reino Unido), así como a los barcos de los países que autorizan esas potencias a utilizar sus territorios para cometer su agresión contra Irán (Alemania, Italia, Jordania, las monarquías del golfo Pérsico). En Occidente existe un consenso que lleva a creer que nadie tiene derecho a controlar el paso por el estrecho de Ormuz en tiempo de paz. Pero eso no es tan lógico como parece ya que las aguas del estrecho de Ormuz no son internacionales, en realidad son aguas territoriales de Irán y del Sultanato de Omán [8].

Por consiguiente, aunque el estrecho de Ormuz es una vía marítima natural, Irán y Omán están en todo su derecho de concertarse para cobrar una especie de peaje, exactamente como sucede en el Canal de Suez (Egipto) y en el Canal de Panamá [9]. Sólo habría que tener en cuenta que no deberían oponerse al paso de los barcos considerados “inofensivos” –ya que el estrecho de Ormuz es la vía de acceso al golfo Pérsico–, pero también habría que tener en cuenta que los tanqueros cargados con enormes volúmenes de petróleo representan un verdadero peligro para el medioambiente en caso de accidente.

El ejemplo del Canal de Suez es fundamental en ese sentido. En 1956, cuando el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, Francia y Reino Unido, con la colaboración militar de Israel, trataron de apoderarse de esa vía marítima. El fracaso de aquella operación, de inspiración claramente colonialista, marcó el fin de dos imperios coloniales y sacó a la luz la existencia de la alianza franco-británica con Israel –a la que el presidente francés Charles de Gaulle pondría fin durante la llamada “guerra de los seis días”. Hoy en día, esta crisis del estrecho de Ormuz podría marcar el fin de las ambiciones de Estados Unidos sobre el “resto del mundo”.

Pero también se plantean otras cuestiones. Si se acepta que Omán e Irán cobren un derecho de paso, ¿cómo garantizar que no sea un monto prohibitivo? ¿Y en qué moneda se pagaría? Irán precisó que el pago sería en yuans. Estados Unidos, interesado en mantener la supremacía del dólar, exigiría que el pago se hiciera en dólares o… utilizando el Trump coin ($Trump), la criptomoneda del clan Trump y de la familia real de Emiratos Árabes Unidos, la dinastía Al-Zayed [10].

Si la moneda utilizada para pagar el paso por el estrecho de Ormuz no fuese el dólar, las compañías petroleras abandonarían el billete verde estadounidense, cuyo valor ya no está vinculado al nivel de la economía de Estados Unidos, sino al actual predominio del dólar en el mercado mundial de los hidrocarburos. Ese profundo cambio sería la continuación de la guerra contra el «Gran Satán»

El 12 de abril, el presidente Trump publicó un mensaje en su red social: «A partir de este momento, la Marina de Estados Unidos, la mejor del mundo, iniciará el proceso de BLOQUEO de todos los barcos que traten de entrar o de salir del estrecho de Ormuz. En un momento dado alcanzaremos este principio, “TODOS ESTARÁN AUTORIZADOS A ENTRAR, CUANDO TODOS ESTÉN AUTORIZADOS A SALIR”, pero Irán no ha permitido que eso suceda diciendo simplemente: “Puede haber alguna mina en algún lugar”, algo que sólo ellos saben. Es una EXTORSIÓN MUNDIAL y los dirigentes de los países, en particular los Estados Unidos de América, nunca serán extorsionados. También he pedido a nuestra Marina que busque, en las aguas internacionales, y prohíba todos los barcos que hayan pagado a Irán. Todo el que haya pagado un peaje ilegal no tendrá paso seguro en alta mar.» [11]

Como no sabe qué hacer, Donald Trump anuncia que él mismo bloqueará el estrecho de Ormuz, olvidando que los anglosajones impusieron la libre circulación y el libre comercio desde 1837. ¡Se acabó el dogma del «libre intercambio»! Por otro lado, también es cierto que los jacksonianos no son globalistas.

En todo caso, Donald Trump ya traicionó a sus electores al iniciar esta guerra, hace un mes y medio. Ahora traiciona a sus predecesores. Lo que estamos viendo es el suicidio de Estados Unidos.



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