domingo, 31 de mayo de 2026

Activista de Sumud denuncia agresión sexual tras secuestro por Israel


Una activista de flotilla Global Sumud denunció haber sido violada por soldados israelíes tras incautación de su embarcación por Israel en aguas internacionales.

Durante una entrevista concedida el sábado con el canal británico Double Down News (DDN), la documentalista australiana Juliet Lamont afirmó que fue violada por un soldado israelí mientras estaba esposada y con grilletes en los pies por un soldado israelí “dentro de un contenedor oscuro”.

Lamont se encontraba entre más de 450 activistas de la flotilla Global Sumud, quienes fueron detenidos por fuerzas israelíes en aguas internacionales cuando intentaban romper el cerco sionista impuesto contra Gaza.

Según organizadores de Global Sumud, al menos 15 detenidos denunciaron haber sufrido agresiones sexuales o violaciones mientras se encontraban bajo custodia en los territorios ocupados.




Unos 11 australianos detenidos por las fuerzas israelíes mientras intentaban entregar ayuda humanitaria en Gaza han presentado pruebas ante la Corte Penal Internacional (CPI), en las que denuncian abusos, torturas y otras violaciones sufridas durante su detención en los territorios ocupados, según informó el viernes la flotilla Global Sumud en un comunicado.

El 14 de mayo, con la participación de 54 embarcaciones, la flotilla Global Sumud zarpó desde la ciudad turca de Marmaris en un nuevo intento por romper el bloqueo impuesto por Israel a Gaza desde 2007.

El 18 de mayo, tras cuatro días de zarpar, las fuerzas navales israelíes atacaron embarcaciones de la flotilla en aguas internacionales del mar Mediterráneo, y arrestaron a sus activistas, quienes tras su liberación afirmaron haber sido sometidos a torturas y maltratos bajo custodia israelí.

Desde el pasado octubre de 2023, Israel ha liberado una guerra genocida contra palestinos en Gaza, asesinando al menos 72 939 palestinos, según el Ministerio palestino de Salud.



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viernes, 29 de mayo de 2026

Sin firma de Irán, lo dicho por Trump solo es un mensaje político ilusorio, no un avance decisivo


El presidente de EE.UU., Donald Trump, en una publicación en redes sociales el viernes, intentó proyectar la imagen de un avance diplomático con Irán, uno que pusiera fin a la guerra de agresión en curso contra la República Islámica y abriera la puerta a una solución regional más amplia.

Trump habló con aire de suficiencia sobre la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento de las restricciones marítimas, la resolución de las disputas en torno a las reservas de uranio enriquecido de Irán e incluso la obtención de compromisos de Teherán sobre la cuestión nuclear.

Su mensaje transmitía la impresión de que ya se habían trazado los contornos de un acuerdo y que los principales obstáculos para alcanzarlo se habían superado eficazmente.

Sin embargo, esta versión presenta un problema fundamental: Irán mismo no la ha confirmado.

Un análisis más detenido revela una brecha significativa entre el mensaje triunfalista de Washington y la realidad del proceso de negociación. A pesar de las afirmaciones públicas de Trump, se confirma que la República Islámica aún no ha enviado su borrador final a Estados Unidos. En la práctica, esto significa que ninguna de las disposiciones que el presidente estadounidense, en medio de la crisis, celebra públicamente puede considerarse definitiva.

Por lo tanto, cada cláusula que Trump ha presentado como parte de un acuerdo emergente sigue siendo, en esta etapa, una expectativa unilateral más que un compromiso mutuamente acordado.

Existe una profunda diferencia entre una propuesta en discusión y un acuerdo aceptado por ambas partes. Hasta que Irán presente formalmente su posición final y ratifique cualquier acuerdo, el marco descrito por Trump existe principalmente como una interpretación estadounidense de dónde deberían terminar las negociaciones, no necesariamente de dónde terminarán.

Esta distinción dista mucho de ser un mero procedimiento. Ataca la esencia misma del proceso de negociación. Tras una guerra de agresión ilegal y no provocada, las narrativas adquieren casi tanta importancia como los resultados en el campo de batalla.

Para Washington, proyectar la imagen de un éxito diplomático inminente cumple múltiples propósitos. Transmite confianza a los aliados, tranquiliza a los mercados inquietos por la inestabilidad regional y permite a la Casa Blanca presentar el panorama de la posguerra como un logro estratégico.

Para Irán, sin embargo, el cálculo es diferente. Teherán ha demostrado repetidamente que considera las negociaciones no como un ejercicio de relaciones públicas, sino como un proceso regido por intereses nacionales claramente definidos, líneas rojas y cálculos estratégicos. Cualquier acuerdo final será juzgado en Teherán según si cumple con las condiciones y términos de Irán para poner fin a la guerra.

La farsa procedimental: el “acuerdo” que no existe

En el ámbito de la diplomacia internacional, el momento oportuno suele ser crucial. Al retener el texto final de la negociación, Irán ha demostrado una paciencia estratégica con un peso político significativo. Mientras Trump se apresura a anunciar cláusulas, plazos y supuestos avances, Teherán transmite un mensaje mucho más sencillo: ningún acuerdo existe hasta que la parte que debe firmarlo lo haya aceptado formalmente.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baqai, confirmó el viernes lo que muchos observadores ya habían señalado: el documento oficial iraní definitivo sobre las “14 cláusulas” que han generado tanta expectación en los medios permanece en Teherán. No ha sido entregado a Washington, ni intercambiado formalmente por vía diplomática, ni finalizado en la mesa de negociaciones.

Al retener el texto, Irán recupera de hecho el control de la narrativa en torno a las negociaciones. Le niega a Washington la posibilidad de transformar las conversaciones preliminares en un resultado diplomático públicamente aceptado antes de que Teherán haya emitido su veredicto.

Desde esta perspectiva, cada palabra contenida en la última declaración de Trump —cada supuesta concesión, cada supuesto compromiso, cada cronograma anunciado— sigue siendo una declaración unilateral en lugar de un entendimiento mutuamente respaldado.

Trump quiere que el mundo crea que Irán se está acercando a las condiciones estadounidenses. Irán quiere que el mundo entienda que ningún acuerdo será real hasta que Teherán lo apruebe personalmente.



Las autoridades iraníes han dejado claro que Teherán no ha aceptado formalmente las disposiciones que se le atribuyen públicamente. Por lo tanto, el desacuerdo no radica simplemente en la interpretación o la aplicación, sino que concierne a la cuestión mucho más fundamental de si existe realmente un acuerdo.

Esta distinción es crucial. La diplomacia no se basa en anuncios, sino en el consenso, y por muy detallado que parezca un marco propuesto, sigue siendo una propuesta hasta que ambas partes la avalen formalmente de buena fe. Al recalcar que aún no ha presentado su posición final, Irán recuerda a todas las partes que las negociaciones no terminan simplemente porque una de ellas haya decidido declararse vencedora de forma unilateral y prematura.

Una de las partes está debatiendo públicamente los detalles de un supuesto acuerdo, mientras que la otra insiste en que aún no se ha concretado ninguno. Este contraste pone de manifiesto la distancia que todavía puede separar el discurso político de la realidad diplomática.

La postura de Irán sigue siendo clara: hasta que no se intercambie, acepte y respalde conjuntamente un texto final, nada está resuelto. En ese sentido, el silencio de Teherán podría ser más elocuente que los anuncios de Washington. Al negarse a ceder ante las presiones, Irán deja claro que los titulares de los medios o las declaraciones políticas no determinarán los términos de ningún acuerdo futuro, sino el resultado de las negociaciones mismas.

La fantasía nuclear: lo que Trump desea frente a lo que Irán siempre ha dicho

Quizás el aspecto más revelador de las declaraciones de Trump se refiere al compromiso de Irán de no producir armas nucleares. Trump lo presenta como una concesión arduamente conseguida, una victoria de la presión estadounidense. La respuesta de Teherán es tajante: no hay nada nuevo en esto.

Durante años, la República Islámica ha declarado públicamente que no desarrollará armas nucleares. Su insistencia en permanecer dentro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) no es un signo de debilidad, sino una demostración transparente y verificable de sus intenciones.

Además, la fatua (decreto religioso) emitida por el mártir Líder de la Revolución Islámica —y reafirmada durante décadas— prohíbe explícitamente el desarrollo, el almacenamiento o el uso de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva, por considerarlo religiosamente prohibido.

Una nación no tiene por qué renunciar a algo que nunca buscó. Trump no está obteniendo un nuevo compromiso, sino que está reinterpretando de forma exagerada la postura moral, religiosa y legal que Irán mantiene desde hace mucho tiempo, presentándola como un trofeo diplomático.

Irán también ha reiterado un principio procesal innegociable: ninguna cláusula es definitiva hasta que todas lo sean. Esto se aplica por igual a la cuestión nuclear y a cualquier otro punto en discusión como parte del marco para poner fin definitivamente a la tercera guerra impuesta.

Trump no puede aislar selectivamente el tema nuclear, declarar la victoria y luego continuar negociando sobre sanciones, rutas marítimas u otros asuntos pendientes.

La postura de Teherán es que los entendimientos parciales, por definición, no constituyen acuerdos. La decisión final sobre el capítulo nuclear —al igual que sobre todos los demás— recae enteramente en las autoridades iraníes, no en las ruedas de prensa estadounidenses, los mensajes políticos ni las publicaciones en redes sociales.

El estrecho de Ormuz: la soberanía no está en venta ni se desea

Cuando Trump habla del estrecho de Ormuz, lo hace principalmente en términos de aspiraciones. Irán, por el contrario, ha declarado reiteradamente y de forma formal que el estatus de esta vía marítima estratégica no volverá simplemente a su configuración anterior a la guerra.

Desde la perspectiva de Teherán, esto no es simplemente una postura de negociación, sino un reflejo de una nueva realidad estratégica surgida de la guerra impuesta ilegalmente al pueblo iraní.

Puede que Trump desee un resultado diferente. Sin embargo, los deseos no mueven petroleros, no aseguran puntos estratégicos marítimos ni alteran el equilibrio de poder. Irán ha mantenido su influencia sobre el estrecho tanto en tiempos de guerra como de paz, porque esa vía marítima le pertenece.



Durante décadas, Washington intentó desafiar la posición de Irán mediante despliegues navales provocadores, operaciones de seguridad marítima, sanciones y presión económica. Sin embargo, estas medidas no lograron alterar fundamentalmente el panorama estratégico.

Los funcionarios iraníes sostienen que lo que Estados Unidos no pudo lograr mediante la presión militar y económica, difícilmente se conseguirá únicamente mediante declaraciones políticas.

Teherán también busca corregir la persistente interpretación errónea que Occidente hace del asunto. Los ingresos que Irán recibe de los buques que transitan por el estrecho no deben describirse como «peajes» ni «tributos». Más bien, son tarifas de servicio asociadas con garantizar el movimiento seguro y ordenado del tráfico marítimo a través de este punto estratégico.

Esta distinción no es meramente semántica. Desde la perspectiva de Teherán, conlleva importantes implicaciones legales y políticas. Las autoridades iraníes sostienen que no cobran a los buques por el permiso de paso, sino que recaudan tasas vinculadas a servicios como asistencia a la navegación, gestión del tráfico, capacidad de respuesta ante emergencias y medidas más amplias de seguridad marítima.

La otra afirmación de Trump de que Estados Unidos ha neutralizado las minas iraníes en el estrecho de Ormuz se desmorona ante un hecho innegable: Irán nunca ha anunciado oficialmente que haya colocado minas. No se puede neutralizar algo cuya existencia nunca se ha admitido.

Teherán ha insistido de forma constante, pública y reiterada en que garantiza una ruta de tránsito segura para todos los buques que transitan por el estrecho. Si las fuerzas iraníes minaran el estrecho, dicha garantía carecería de sentido. El comportamiento de Irán —permitir el tráfico marítimo comercial continuo, proporcionar servicios de seguridad y evitar incidentes que pudieran desencadenar una guerra a mayor escala— contradice la falsa narrativa sobre el minado promovida por Estados Unidos.

Además, Irán le recuerda al mundo una humillante verdad histórica para Washington: durante la Guerra de los Petroleros de la década de 1980, Estados Unidos fue incapaz de desplegar sus propios buques de guerra de forma segura a través del Estrecho de Ormuz, y mucho menos de desminar minas inexistentes.

Si la armada más poderosa del mundo no pudo imponer su dominio, entonces la afirmación de que ahora ha “neutralizado” un campo minado fantasma resulta ridícula. El estrecho sigue bajo control, vigilancia y seguridad iraníes.

El bloqueo naval: levantar lo que nunca debió haber sido

Trump presenta el inicio del levantamiento del bloqueo naval estadounidense como una concesión de Estados Unidos. Desde la perspectiva iraní, esta siempre fue una precondición para poner fin a la guerra. Washington no le está haciendo un favor a Teherán. Simplemente está avanzando tardíamente, de forma parcial y tentativa hacia una exigencia que Irán planteó hace mucho tiempo.

Según informes no oficiales pero consistentes, esta acción estadounidense debe conducir, en un plazo de 30 días, al libre tránsito para todos los buques iraníes, equiparándolo al estatus anterior a la guerra.

Sin acoso, sin inspecciones y sin bloqueos encubiertos. Si la parte estadounidense no cumple con esto dentro del plazo estipulado, la postura de Irán es clara: no se ha cumplido la precondición y, por lo tanto, no se activa el acuerdo para el fin de la guerra.

Fundamentalmente, Irán declara que no alterará la situación en el estrecho de Ormuz hasta que se alcance un acuerdo sobre las condiciones para poner fin a la guerra. No amenaza con interrumpir el tránsito, sino que promete estabilidad y continuidad. Por ahora, los buques iraníes y extranjeros transitan por el estrecho, que funciona bajo la administración soberana de Irán. Esta administración continuará sin interrupciones. Sin embargo, cualquier cambio futuro, ya sea apertura o restricción, será decidido por Irán, basándose en su evaluación del cumplimiento estadounidense, y no en el calendario unilateral de Trump.



Uranio enriquecido: la lista de deseos de Trump satisface las necesidades de Irán

Las declaraciones de Trump sobre las reservas de material nuclear enriquecido de Irán se presentan como exigencias, concesiones o posibles logros diplomáticos. Desde la perspectiva iraní, no son más que preferencias expresadas por Washington, preferencias que carecen de fuerza vinculante a menos que sean aceptadas por la propia República Islámica.

Irán ha declarado reiteradamente que todas las decisiones relativas a su material nuclear enriquecido se basarán exclusivamente en sus propios intereses nacionales y requisitos técnicos, y no en las preocupaciones de seguridad estadounidenses, ni en las líneas rojas israelíes, ni en los cálculos diplomáticos europeos. En opinión de Teherán, esto no es simplemente una postura de negociación, sino una afirmación fundamental de soberanía nacional que no es negociable.

El uranio enriquecido producido en el marco del programa nuclear civil de Irán es un activo iraní y fruto de décadas de logros científicos propios. Por consiguiente, las decisiones relativas a su futuro —ya sea su dilución, conversión, almacenamiento, exportación o enriquecimiento continuo— son cuestiones técnicas y estratégicas que deben determinar las autoridades nucleares y el liderazgo político iraníes.

Trump podría expresar su preferencia por la transferencia de estos materiales a Estados Unidos o a un tercer país. Sin embargo, la respuesta de Teherán sigue siendo clara: una preferencia no es una política, y una exigencia no es un acuerdo. El destino de los materiales nucleares de Irán no se decidirá mediante declaraciones públicas, mensajes políticos ni declaraciones unilaterales.

Aunque las futuras negociaciones aborden el destino de los materiales enriquecidos, los funcionarios iraníes sostienen que tales conversaciones solo podrán tener lugar una vez que se cumplan las condiciones de Teherán para poner fin a la guerra y únicamente dentro del marco de un proceso de negociación estructurado.

Cualquier acuerdo alcanzado requeriría la aprobación explícita de Irán, documentación formal y mecanismos de implementación verificables. No se puede dar nada por sentado de antemano.

Quizás lo más revelador sea que algunos en Irán interpretan la retórica actual de Trump como evidencia de un retroceso sutil pero significativo respecto a sus posturas maximalistas anteriores. Las exigencias estadounidenses previas se centraban con frecuencia en la eliminación total del material enriquecido del control iraní. Hoy, el debate parece centrarse cada vez más en los niveles de enriquecimiento, los mecanismos de vigilancia, los sistemas de almacenamiento y las medidas de seguridad técnicas.

Desde la perspectiva de Teherán, este cambio no es insignificante. Sugiere que el debate se ha alejado gradualmente de la cuestión de si Irán posee o no un programa nuclear pacífico, y se ha centrado en la cuestión más específica de cómo debería gestionarse dicho programa.

A juicio de los responsables políticos iraníes, esa evolución representa un reconocimiento de realidades que años de presión, sanciones, amenazas y coerción militar no lograron borrar.

Dinero y activos congelados: no hay acuerdo sin liberación

La sugerencia de Trump de que Estados Unidos podría no ofrecer compensación financiera a Irán está desvinculada de la estructura misma de las negociaciones. Desde la perspectiva iraní, la liberación de los activos iraníes congelados no es un gesto de buena voluntad, una moneda de cambio ni una concesión que se otorgará posteriormente. Es una condición fundamental para cualquier acuerdo que busque poner fin formalmente a la guerra de agresión no provocada.

Los funcionarios iraníes sostienen que el proceso debe comenzar en el momento en que ambas partes lleguen a un acuerdo para poner fin a la guerra. No después de fases de verificación adicionales. No después de un período de implementación de 60 días. No después de un prolongado proceso de distensión. La liberación de los activos iraníes debe comenzar de inmediato y en paralelo con la firma de cualquier acuerdo final.

Este requisito refleja una preocupación más amplia de Irán respecto a la implementación y la credibilidad. La postura de Teherán es que los compromisos deben ir acompañados de acciones tangibles, no de promesas diferidas. Por consiguiente, los funcionarios iraníes argumentan que la aceptación de la liberación de los fondos iraníes bloqueados debe producirse simultáneamente con la firma de cualquier acuerdo. Una firma sin medidas económicas concretas tendría escaso valor práctico.



Más allá del tema de los activos congelados, Irán también ha expresado expectativas más amplias con respecto a la compensación y la reconstrucción. Cualquier acuerdo integral debe incluir compromisos financieros sustanciales para abordar los daños a la infraestructura, las pérdidas económicas y las consecuencias a largo plazo de la guerra de agresión ilegal y no provocada.

Desde la perspectiva de Teherán, estas demandas no son asuntos secundarios que se discutan una vez alcanzado un acuerdo político. Más bien, forman parte del marco general a través del cual se evaluará cualquier acuerdo final. En ese sentido, la dimensión económica es inseparable de las dimensiones política y de seguridad de las negociaciones.

El mensaje principal que emana de Teherán es que cualquier acuerdo futuro debe generar resultados inmediatos, cuantificables y ejecutables. Una estabilidad duradera no puede construirse únicamente sobre declaraciones políticas. Por el contrario, un acuerdo duradero requerirá compromisos concretos, compensación financiera y mecanismos que demuestren, en la práctica y no solo en palabras, que los términos del acuerdo se están cumpliendo al pie de la letra.

Lo que Trump ignora: las demandas iraníes innegociables

Mientras que las declaraciones públicas de Trump se centran en los plazos nucleares, los niveles de enriquecimiento y las rutas marítimas, la atención de Irán sigue fija en la cuestión mucho más fundamental: la agresiva presencia física de la maquinaria bélica estadounidense atrincherada en toda la región.

Desde la perspectiva objetiva de Teherán, la cuestión no es simplemente qué tinta se derrama sobre el papel, sino si las realidades estratégicas que produjeron esta guerra —la agresión estadounidense, el cerco y la guerra económica— se están abordando con honestidad.

Los funcionarios iraníes han argumentado, con razón, que la red de bases militares estadounidenses que rodea al país —desde el Golfo Pérsico y Asia Central hasta Turquía y el Levante— constituye una fuente permanente y deliberada de inestabilidad e inseguridad. Este cerco militar no es una queja simbólica, sino un componente central e innegable de la confrontación más amplia que Washington mismo inició y mantuvo.

Por consiguiente, cualquier acuerdo duradero para el fin de la guerra debe incluir un marco claro, verificado y con plazos definidos para el desmantelamiento completo de esta presencia militar estadounidense hostil en la región. Las medidas a medias o los redespliegues superficiales no serán suficientes.

Irán también ha establecido condiciones procesales firmes para el período de negociación, condiciones diseñadas para evitar que Washington obtenga una mejor posición negociadora mediante prácticas fraudulentas. Durante el plazo propuesto de 60 días previo a un acuerdo final, Estados Unidos debe abstenerse de imponer nuevas sanciones o medidas punitivas.

La lógica es sencilla: las negociaciones no pueden llevarse a cabo de buena fe mientras una de las partes aumenta hipócritamente la presión económica sobre la otra. Estados Unidos no puede afirmar que busca la paz mientras estrecha el cerco. El proceso diplomático debe desarrollarse en un entorno estable, algo que Washington rara vez le ha concedido a Irán en cuatro décadas de hostilidad.

Al mismo tiempo, el levantamiento integral de las sanciones sigue siendo un pilar fundamental e innegociable de cualquier acuerdo futuro. Estas sanciones ilegales y paralizantes no son meras herramientas económicas, sino instrumentos de coerción política y castigo colectivo que han definido la política estadounidense contra Irán durante años. Por consiguiente, cualquier acuerdo genuino debe abordar la totalidad del sistema de sanciones de manera integral, en lugar de recurrir a las exenciones limitadas, temporales o reversibles que Washington ha ofrecido cínicamente en el pasado.

Esta postura está fuertemente influenciada por traiciones diplomáticas anteriores, sobre todo por el destino del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o JCPOA, por sus siglas en inglés). Irán aprendió por las malas que el levantamiento parcial de las sanciones es una trampa. En consecuencia, Irán ahora insiste en acuerdos amplios, ejecutables, jurídicamente vinculantes y extremadamente difíciles de revocar unilateralmente por Washington.

Desde la perspectiva de Teherán, la presión militar, las sanciones económicas y el aislamiento político no son cuestiones aisladas, sino elementos interconectados de una estrategia estadounidense única y coordinada de «cambio de régimen» y sometimiento. Por lo tanto, no se puede lograr una solución duradera resolviendo un problema puntual sin alterar el resto de la maquinaria bélica.

La cuestión central de cualquier negociación futura reside en si Washington está finalmente dispuesto a abordar seriamente estas demandas. Hasta ahora, Estados Unidos solo ha demostrado arrogancia, promesas incumplidas y posturas unilaterales. Irán, en cambio, ha demostrado paciencia estratégica, claridad jurídica y coherencia moral. La decisión está en manos de Washington: aceptar las condiciones de Irán o ver cómo se esfuma la posibilidad de un acuerdo.


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miércoles, 27 de mayo de 2026

"Los territorios de Oriente Medio ya no serán escudos para EEUU", dice líder supremo de Irán


El ayatolá Mojtabá Jameneí publicó un mensaje con motivo del inicio del hach, la peregrinación anual de los musulmanes a la ciudad sagrada de La Meca, en Arabia Saudita.

Entre otras cosas, el líder supremo iraní invitó "sinceramente a todos los países y Gobiernos islámicos a la amistad y a la cooperación en pro del bien" del mundo islámico.


Además, aseguró que "el tiempo no volverá atrás, y los pueblos y territorios de la región ya no serán escudo para las bases de EEUU", en referencia a la agresión estadounidense-israelí que comenzó en febrero.
"EEUU ya no contará en la región con ningún lugar seguro para sus agresiones ni para el establecimiento de bases militares, y se irá alejando día a día de la posición que antes tenía", añadió.


Álvaro Uribe se mete de lleno en la campaña electoral de Colombia para salvar a su candidata


Sergio Pintado
Periodista uruguayo. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de la República de Uruguay, se ha desempeñado como periodista de actualidad y política en medios digitales como Montevideo Portal (2011-2019).



Con su candidata Paloma Valencia bajando en las encuestas, el expresidente colombiano Álvaro Uribe (2002-2010) refuerza su presencia con ataques al oficialista Iván Cepeda. Expertos consultados por Sputnik indicaron que el dos veces mandatario busca reactivar "la polarización petrismo-uribismo" perdida en favor de Abelardo de la Espriella.

A poco más de una semana de las elecciones presidenciales en Colombia, la figura de Uribe parece cobrar protagonismo, tanto como una herramienta para fortalecer la candidatura de Valencia como para incrementar la polarización con el abanderado oficialista Iván Cepeda.

Si bien Uribe ha estado activo apoyando la campaña de la aspirante a la presidencia por el partido Centro Democrático, la pintura de un mural frente a la residencia del exmandatario en Rionegro (a pocos kilómetros de Medellín) disparó una polémica que lo situó en la primera plana del debate político, enfrentándolo tanto con Cepeda como con el propio presidente colombiano Gustavo Petro.

El mural, con la leyenda "7.837 almas que no te dejarán dormir", fue pintado por activistas con la intención de señalar, cerca de la residencia de Uribe, la presunta responsabilidad del dos veces presidente en las víctimas de los denominados "falsos positivos", asesinados por las fuerzas de seguridad colombianas tras ser erróneamente acusados de integrar grupos armados entre 1990 y 2016.


Uribe, de 73 años, intentó tapar el muro junto a sus colaboradores y denunció el acto como "una provocación de violencia". "Esto es estimulado por los grupos terroristas y su vocero Iván Cepeda. Colombianos, esto es un preludio del Gobierno de Cepeda", enfatizó enseguida, llamando a sus correligionarios a "enfrentar" posibles ataques en cualquier otro punto del país.

Sputnik Mundo

@SputnikMundo

 Álvaro Uribe se mete de lleno en la campaña electoral de Colombia para salvar a su candidata  

Con su candidata Paloma Valencia bajando en las encuestas, el expresidente colombiano Álvaro Uribe (2002-2010) refuerza su presencia con ataques al oficialista Iván Cepeda.  

"En comunicación política hay un principio claro: cuando un candidato enfrenta una erosión, el partido activa a su figura con mayor capital simbólico; a su mito fundacional para reactivar la base dura y detener lo que algunos llaman hemorragia electoral", explicó a Sputnik el analista político Felipe Mendoza  (@FelipeMendozaCO).  

También consultado por Sputnik, el analista político Simón Rubiños Cea afirmó que contar Uribe de respaldo permite a Paloma Valencia "contener el trasvase de voto conservador hacia la figura de Abelardo De la Espriella", un fenómeno que ha crecido en las últimas semanas y amenaza con dejar fuera de una eventual segunda vuelta a la postulante por el partido Centro Democrático.  

Mientras esto ocurre, la población se alista para los comicios en la nación sudamericana, que se llevarán a cabo el 31 de mayo.


El mural se convirtió rápidamente en un episodio político que puso a Uribe cara a cara con Cepeda, que se mantiene como favorito en las encuestas. El candidato del Pacto Histórico acusó a Uribe de emprender "una agresión fanática" hacia los movimientos que respaldan la candidatura oficialista y amenazar a varias de las personas que habían pintado el mural.

¿Uribe al rescate?

En cualquier caso, el diferendo logró colocar al expresidente en la primera plana de los medios colombianos en días en que su candidata, Paloma Valencia, sufrió una caída en las encuestas.

Un estudio de la consultora Invamer presentado el 21 de mayo por Noticias Caracol ubica a la candidata uribista en el tercer lugar, con un 14% de los votos. Abelardo de la Espriella, del partido Defensores de la Patria y principal contendiente de Valencia dentro del arco opositor, se consolida en este estudio en el segundo lugar con 31,6%. Cepeda, en tanto, aparece firme en el primer puesto con 44,6%.

"En Comunicación Política hay un principio claro: cuando un candidato enfrenta una erosión, el partido activa a su figura con mayor capital simbólico; a su mito fundacional para reactivar la base dura y detener lo que algunos llaman hemorragia electoral", explicó a Sputnik el analista político Felipe Mendoza.

Para el experto, la estrategia del equipo de Valencia es que, al influjo de nuevas apariciones públicas de Uribe, se reactive el antagonismo petrismo-uribismo que en los últimos tiempos se había perdido en favor de la figura de De la Espriella, la gran sorpresa de este proceso electoral.

También consultado por Sputnik, el analista político Simón Rubiños Cea afirmó que contar con la figura de Uribe de respaldo permite a Paloma Valencia "contener el trasvase de voto conservador hacia la figura de De la Espriella", un fenómeno que ha crecido en las últimas semanas y amenaza con dejar fuera de una eventual segunda vuelta a la postulante uribista.

De hecho, Uribe también ha apuntado directamente contra De la Espriella. En un video publicado en sus redes sociales, el expresidente enfatizó que Valencia "es la única candidata que representa las tesis que hemos defendido y al Centro Democrático". Uribe, incluso, reveló que De la Espriella intentó competir en la interna del partido uribista pero, al ser rechazado por haber pasado los tiempos para eso, decidió romper con el bloque y apostar por una candidatura independiente.

Álvaro Uribe Vélez
@AlvaroUribeVel

¿Por qué Paloma es nuestra única candidata?


El político "más exitoso" de Colombia

Para Rubiños Cea, la reaparición de Uribe en el escenario trae consigo el debate sobre la seguridad y los procesos de paz, un flanco con el que la oposición ha intentado golpear al Gobierno de Gustavo Petro y su programa de "Paz Total". En ese sentido, el analista valoró la capacidad del expresidente colombiano por seguir representando el discurso de seguridad, a pesar de las múltiples controversias que arrastra consigo.

"Uribe es como un mago. Ha logrado construir alrededor suyo un legado de seguridad, pese a que carga consigo un halo gris de vínculos cuestionables, historias, rumores y familiares condenados por la parapolítica (vínculos entre políticos y paramilitares)", señaló el analista.

Rubiños Cea remarcó que, para muchos colombianos, el expresidente sigue representando "que la gente pueda ir a su finca los fines de semana", incluso aunque quienes defiendan este axioma "sean los que no tienen finca". Así las cosas, afirmó que Uribe ha sabido preservar su "capital político histórico" que aún le permite convertirse en uno de los clivajes más importantes de esta contienda electoral.

De hecho, Mendoza enfatizó que Uribe es "el político más exitoso de la historia moderna de Colombia" ya que "ha estado más de 20 años incidiendo en la elección de los presidentes", en relación no solo a sus dos mandatos, sino también a su participación en el primer gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) y en el período de Iván Duque (2018-2022).

Para el analista, Valencia intenta hacer valer su credencial de "uribismo puro" en los últimos días de campaña electoral, buscando descontar puntos de intención de voto a De la Espriella. Así, vaticinó, el expresidente Uribe tendrá un papel creciente en el último tramo de la campaña con apariciones públicas y participación en polémicas.



Rubiños Cea, por su parte, remarcó la necesidad de tener en cuenta que el electorado colombiano también atraviesa "un recambio generacional" que paulatinamente comienza a horadar la imagen de Uribe, un dirigente político "que lleva casi 50 años de carrera política entre alcalde, gobernador, senador y presidente".

El intento de Uribe por acaparar el debate público también puede tener efecto: fortalecer la narrativa de Cepeda y el Pacto Histórico, que encuentran en el uribismo su oposición más clásica. En ese sentido, Rubiños Cea citó un relevamiento propio que da cuenta de la importancia que la figura de Uribe tiene para el discurso de la izquierda colombiana.

"Entre agosto de 2025 y marzo de 2026, Cepeda menciona 78 veces en 68 discursos al uribismo y la extrema derecha como antagonistas, los sujetos a los que hay que derrotar políticamente", apuntó el analista.

Para Rubiños Cea, el discurso de Cepeda tiene como uno de sus ejes mostrar a los colombianos que Uribe tuvo una injerencia importante en los gobiernos que pasaron entre 2002 y 2022. "Cepeda lo que hace es decirle a la gente que ese es el proyecto político que le quitó la comida, le bajó el salario, le privatizó la educación y le quitó la salud", señaló.


lunes, 25 de mayo de 2026

EEUU atrapado entre lo malo y lo peor: Irán y su hoja de ruta para cerrar la guerra en sus términos

El memorando de entendimiento (MoU) para poner fin de manera definitiva a la guerra de agresión de EE.UU. contra Irán ha alcanzado su punto terminal.

Tras la agresión militar directa, la guerra en la sombra, el estrangulamiento económico y la política del borde del abismo militar en el estrecho de Ormuz, la parte estadounidense se enfrenta ahora a una elección ineludible: o cesar las hostilidades y aceptar los términos de Irán, o prepararse para el colapso total de las negociaciones, lo que sumiría a la región en una conflagración aún más catastrófica.

Pero que no haya error: esto no es una negociación entre iguales que buscan un punto medio. Es un enfrentamiento entre una potencia victoriosa que ha quebrado la voluntad de un enemigo materialmente superior y una “superpotencia” derrotada que intenta desesperadamente encontrar una salida.

La realidad central —a menudo enterrada bajo una avalancha de cortesías diplomáticas— es brutalmente simple. Irán exige el fin permanente y definitivo de esta guerra impuesta y de todas las guerras futuras. Estados Unidos, en cambio, solo busca reparar su imagen deteriorada tras una aplastante derrota militar y geopolítica que ya ha sufrido.

Estos dos objetivos no son simplemente distintos, sino mutuamente excluyentes. Irán ha establecido condiciones claras e innegociables para cualquier solución, entre ellas que la guerra no provocada e ilegal impuesta al pueblo iraní debe terminar completa y definitivamente antes de que siquiera pueda comenzar cualquier discusión sobre el expediente nuclear.

La asimetría fundamental de los objetivos

Desde la perspectiva estadounidense, el impulso para poner fin a esta guerra no surge de una repentina adhesión a la paz, sino de una huida desesperada de un fracaso catastrófico.

Estados Unidos ya no intenta ganar, sino evitar la apariencia de haber perdido. Y la derrota que Washington busca eludir no se limita al campo de batalla militar contra Irán, donde su armamento más sofisticado resultó incapaz de quebrar la resistencia iraní.

De manera más profunda, se trata de una derrota en el ámbito más amplio de la competencia global con otras potencias reales y potenciales. Cuando Washington mira hacia Pekín y Moscú, ve buitres que rodean su posición debilitada en el escenario mundial. Poner fin a esta guerra bajo cualquier condición que no logre disimular ese fracaso supondría para el mundo la señal de que el momento unipolar estadounidense ha llegado realmente a su fin. Esa es la pesadilla que mantiene en vela a Estados Unidos.

Irán, sin embargo, opera desde una lógica estratégica completamente distinta. Para el liderazgo iraní, el resultado de cualquier negociación destinada a poner fin a esta guerra debe alcanzar un único objetivo existencial: cerrar el camino a todas las futuras guerras de agresión.

Irán no está negociando un alto el fuego o una tregua que simplemente pause las hostilidades estadounidenses. Está negociando una transformación estructural del equilibrio de poder regional. Desde la perspectiva iraní, la guerra ya ha demostrado que la agresión contra la República Islámica conlleva costos prohibitivos. La tarea de la diplomacia ahora es codificar esa realidad del campo de batalla en un marco arquitectónico permanente.

La voluntad de Irán no ha sido quebrada. Por el contrario, su resistencia inquebrantable ha frustrado activamente los objetivos más siniestros del enemigo. Por eso la propuesta que Irán ha puesto sobre la mesa no se basa en las arenas movedizas de la conveniencia temporal, sino en el lecho firme de una lógica legal, racional y estratégica, firmemente respaldada por un poder de facto indiscutible en el terreno.



La propuesta de Irán: la razón respaldada por el poder

Lo que hace que la posición de Irán sea tan formidable es que su propuesta diplomática es un reflejo perfecto de sus capacidades militares. Ha presentado un plan en el que cada cláusula está anclada en un hecho correspondiente sobre el terreno. La insistencia en este plan es producto de una cultura estratégica forjada en la amarga experiencia: desde el fracaso del JCPOA (acuerdo nuclear de 2015), desde promesas estadounidenses incumplidas, desde doce días de agresión militar fallida en junio del año pasado.

Irán ha presentado su propuesta ante el enemigo, apoyándose en su poder de campo, tanto en el campo de batalla convencional como, de manera aún más decisiva, en el ámbito de la movilización popular y la resistencia, que ha quedado plenamente demostrado en los últimos tres meses.

El significado de esto es inequívoco y debe ser comprendido por cada responsable de la toma de decisiones en Washington: la agresión contra Irán ahora conlleva costos astronómicamente altos.

La comprensión genuina de esta realidad por parte del enemigo producirá uno de dos resultados, y ambos son favorables para Irán. O bien cerrará de forma permanente cualquier futura agresión estadounidense, o bien hará que cualquier decisión de iniciar nuevas hostilidades sea tan difícil, compleja y arriesgada que resulte prácticamente imposible. Esta es una advertencia basada en una capacidad demostrada.

Para Estados Unidos, esto crea un dilema grave, quizá insuperable. Las dos opciones ante Washington son cálices envenenados. La primera es aceptar las condiciones lógicas y de principios de Irán para poner fin a la guerra injusta e ilegal. La consecuencia inmediata sería una nueva e innegable revelación de la derrota política de Estados Unidos, tras su ya reconocida derrota militar según los principales analistas del mundo.

Aceptar los términos de Irán equivaldría a confesar públicamente que una superpotencia fue forzada a capitular ante una nación a la que antes buscó destruir. La segunda opción es persistir en su propia postura, insistiendo en condiciones que otorguen un respiro artificial a su credibilidad en ruinas. Eso significa continuar la senda de la tensión y la hostilidad, lo que conducirá bien a una guerra a gran escala, o bien a la perpetuación del bloqueo naval y el cierre del estrecho.

La elección entre lo malo y lo peor

La élite estadounidense no se enfrenta actualmente a una elección entre lo bueno y lo malo. Se enfrenta a una elección entre lo malo y lo peor. Aceptar las condiciones de Irán es, desde una perspectiva, la peor opción, lo que implica la aceptación formal y por escrito de la derrota política y el anuncio público del declive y la caída de Estados Unidos como superpotencia mundial.

Sin embargo, optar por la vía de la confrontación, es decir, rechazar la propuesta de Irán mediante una postura de intimidación propia de una superpotencia, es una mala elección acompañada de riesgos astronómicamente elevados.

Esto se debe a que la trayectoria actual ya se está desmoronando bajo Donald Trump y su partido en dificultades, que pierden apoyo de forma considerable en los índices de popularidad. Si la crisis en el estrecho de Ormuz continúa, si el expediente nuclear permanece sin resolver, si las economías estadounidense y global siguen en caída libre, y si la popularidad de Trump sigue la misma pendiente descendente, entonces la caída de Trump y del Partido Republicano en el escenario político estadounidense será inevitable.

Una nueva guerra contra Irán no salvaría a Trump ni al Partido Republicano, sino que solo aceleraría su destrucción política.

Consideremos lo que realmente significaría aceptar los términos de Irán. La guerra terminaría sin que Irán se hubiera rendido como el enemigo había querido. Terminaría sin que Irán entregara su programa nuclear, sin desmantelar su infraestructura de misiles, sin ceder sus recursos petroleros y sin renunciar a su autoridad política en favor de Estados Unidos.

Para cualquier observador honesto y agudo, esto significa que la guerra no solo fue ineficaz, sino totalmente inútil. Sin embargo, para Irán, es aún más que eso. No se trata de un regreso al statu quo anterior, sino de una victoria iraní decisiva.

Al poner fin a la guerra bajo estos términos, Irán logrará un aumento significativo de su credibilidad política, plena soberanía sobre el estrecho de Ormuz, la liberación de todos los activos nacionales congelados, protecciones explícitas para sus aliados del Eje de la Resistencia y —lo más crítico— una garantía escrita y exigible de no agresión por parte de Estados Unidos.



El expediente nuclear: tras el fin definitivo de la guerra

Uno de los puntos más críticos de confusión en el análisis de los medios occidentales es la relación entre la cuestión nuclear y el fin de la guerra en curso impuesta a Irán.

Que esto quede absolutamente claro: según la posición iraní, cualquier negociación nuclear solo será posible tras el fin definitivo de la guerra actual, sobre la base de un Memorando de Entendimiento (MoU) firmado entre Irán y Estados Unidos, con garantías de mediadores.

La secuencia no es negociable. Primero, termina la guerra. Luego, y solo después, pueden comenzar las discusiones sobre los niveles de enriquecimiento, las reservas de uranio al 60% o las instalaciones nucleares.

Y las líneas rojas de Irán en este ámbito también están claramente marcadas, lo que significa que incluso esos futuros compromisos nucleares no son incondicionales. Se determinarán estrictamente según las necesidades inherentes de Irán, dentro de un proceso de negociación de 60 días, e incluirán un compromiso renovado de no producción de armas nucleares.

Pero, de manera crucial, todas estas decisiones nucleares futuras dependen de la realización previa y completa de cada otra cláusula del acuerdo final.

La liberación de activos, el levantamiento de sanciones, la retirada de las fuerzas estadounidenses y el pago de reparaciones de guerra: todo ello debe ocurrir antes de que se aborde el expediente nuclear. Si no sucede, ninguno de los compromisos nucleares de Irán se cumplirá.

La era en la que Irán otorgaba concesiones irreversibles a cambio de promesas estadounidenses reversibles ha terminado de facto. Esta vez, Irán ha establecido una política paso a paso con reversibilidad inmediata incorporada incluso en sus compromisos más importantes. Esta vez, es Irán el que plantea la amenaza de todas las cláusulas del acuerdo o ningún acuerdo en absoluto.

Los derechos tangibles en juego

Para entender por qué Irán no dará un paso atrás, es necesario comprender los derechos concretos y tangibles que su propuesta busca asegurar para el país y su pueblo.

No se trata de aspiraciones abstractas, sino de realidades prácticas e inmediatas. El estrecho de Ormuz es un derecho ya materializado e inmediato de Irán. Lo tiene en su mano y no necesita el reconocimiento de ningún enemigo. Los derechos que el enemigo debe garantizar incluyen el levantamiento inmediato del bloqueo naval, la retirada de todas las fuerzas estadounidenses de la región, la liberación de los activos iraníes confiscados y la suspensión de las sanciones petroleras.

Posteriormente, dentro de un plazo determinado, deberán producirse el pago de indemnizaciones de guerra y la aprobación de un mecanismo de compensación, el levantamiento definitivo de todas las sanciones ilegales y draconianas, la revocación final de todas las resoluciones antiraníes y el fin definitivo de la guerra contra Irán y sus aliados en el Eje de la Resistencia.



Confusión estratégica en Washington y el camino a seguir

Las declaraciones contradictorias y opuestas de Trump y su equipo en los últimos días no son señales de tácticas ingeniosas ni de una máxima presión, sino síntomas de una profunda confusión estratégica.

Un día se habla de un acuerdo inminente, y al día siguiente aparecen amenazas burdas de ataque y aniquilación. Esta incoherencia persiste precisamente porque Washington comprende el dilema, pero no puede aceptar la respuesta.

Por esta razón, nadie puede hablar con certeza sobre la decisión final de Estados Unidos. Sigue siendo genuinamente incierto si Trump aceptará la propuesta de Irán o la rechazará y terminará cayendo en otra guerra y en otro atolladero mortal sin una salida fácil.

Sin embargo, lo que es seguro es que los defectos e inconvenientes de las negociaciones anteriores, ya sea durante la era del JCPOA o en los períodos antes y después de la guerra de doce días, han sido resueltos en gran medida y de manera satisfactoria en el actual plan de catorce puntos de Irán.

El fracaso más importante del pasado fue la cesión irreversible de concesiones iraníes a cambio de promesas estadounidenses vacías otorgadas a crédito. Esa era está efectivamente muerta.

Irán ha aprendido que la única garantía fiable es aquella escrita dentro de un proceso paso a paso, en el que cada concesión estadounidense se corresponde con una concesión iraní, con reversibilidad inmediata si la otra parte no cumple su parte.

Por lo tanto, tal como están las cosas, Estados Unidos se enfrenta a un momento de la verdad. Puede elegir el camino del realismo, lo que significa aceptar las condiciones legítimas de Irán, poner fin a la guerra de forma permanente y comenzar el largo proceso de adaptación a un mundo multipolar.

O puede elegir el camino de la ilusión, lo que significa aferrarse al fantasma de su pasado como superpotencia y arriesgarse a una guerra más amplia que solo acelerará su declive y caída.

Irán ha hecho su elección y ha puesto su propuesta sobre la mesa. La pelota está ahora en el tejado de Washington, y las consecuencias de un error resonarán durante generaciones.


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viernes, 22 de mayo de 2026

Cubanos encabezados por el presidente se movilizan en apoyo a Raúl Castro


Miles de cubanos, encabezadps por el presidente Miguel Díaz-Canel, se han concentrado este viernes en La Habana en apoyo al expresidente Raúl Castro Ruz.

Los cubanos se han reunido en La Habana, la capital, para respaldar al expresidente y líder histórico de la Revolución, Raúl Castro Ruz, quien el pasado miércoles fue acusado por el Departamento de Justicia de EE.UU. por su supuesta implicación en la muerte de cuatro personas tras el derribo de dos aeronaves que ingresaron al espacio aéreo cubano el 24 de febrero de 1996.

Tras la acusación, organizaciones políticas y sociales de Cuba convocaron una Tribuna Antimperialista en La Habana a las 7:30 a.m. para respaldar al revolucionario —que cumple 95 años este 22 de mayo— y reafirmar la determinación del pueblo cubano frente a más de seis décadas de presión de EE.UU.

El presidente cubano ha encabezado la concentración en la Tribuna Antimperialista José Martí. A la cita también asistieron, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo; el primer ministro, Manuel Marrero; el secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba; Roberto Morales, y el comandante del Ejército, José Ramón Machado.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez
@DiazCanelB

#RaúlEsRaúl, es #Cuba y es el heroísmo, la dignidad y el amor profundo al pueblo que se reconoce en él. El Norte revuelto y brutal que nos desprecia no acaba de conocernos: queriendo dividirnos, nos ha unido más. A pocos días de los #95DeRaúl, el intento de atacar al General de Ejército se ha convertido en una motivación extraordinaria para adelantar la celebración de su vida. 

Siga Usted con el pie en el estribo. ¡Ordene!





“Por Cuba y por Raúl, estamos en la Tribuna Antiimperialista”, ha aseverado el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, minutos antes del inicio del acto en su cuenta de X.

La víspera, Miguel Díaz-Canel afirmó que las acusaciones contra Raúl Castro por parte de la Justicia estadounidense “solo evidencian la soberbia y la frustración que le provoca a los representantes del imperio, la inquebrantable firmeza de la Revolución cubana y la unidad y fortaleza moral de su liderazgo”

El presidente cubano también advirtió en un mensaje publicado en sus redes sociales que “se trata de una acción política, sin ningún basamento jurídico, que solo busca engrosar el expediente que fabrican para justificar el desatino de una agresión militar a Cuba”.

El anuncio ha generado igualmente el rechazo del Gobierno cubano, que sostuvo que EE.UU. no tiene legitimidad ni jurisdicción para llevar adelante esta acción.

Las autoridades cubanas han señalado que la maniobra judicial de Washington no es más que “un acto despreciable e infame de provocación política”, basado en “la manipulación deshonesta del incidente que llevó al derribo sobre el espacio aéreo cubano” y cuyo objetivo final es justificar ante la opinión pública el recrudecimiento del bloqueo y las “amenazas de agresión armada”.



El 29 de enero, el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” por la supuesta amenaza que representaría Cuba para la seguridad regional.

Washington acusó al Gobierno cubano de mantener vínculos con países considerados hostiles y de permitir la presencia militar y de inteligencia de Rusia y China en la isla.

Además, EE.UU. anunció posibles sanciones y aranceles contra países que comercien petróleo con Cuba.

Días después, el secretario de Estado, Marco Rubio, adelantó nuevas medidas, que se concretaron el lunes con sanciones adicionales contra funcionarios del Gobierno de Miguel Díaz-Canel.


Trump lleva semanas amenazando con “apoderarse de Cuba”. El miércoles, afirmó que estaba “liberando” al país, culpando al Gobierno de la isla por la crisis energética que atraviesa sin mencionar el papel del bloqueo inhumano impuesto por su propia Administración.

Trump lleva semanas amenazando con “apoderarse de Cuba”. El miércoles, afirmó que estaba “liberando” al país, responsabilizando al Gobierno de la isla por la crisis energética que atraviesa, sin mencionar el papel del bloqueo inhumano impuesto por su propia Administración.

Sin embargo, La Habana, que acusa a Estados Unidos de aplicar una política “genocida” contra la isla, ha afirmado estar totalmente preparada para defenderse ante cualquier aventurismo y ha advertido que una agresión estadounidense causaría un “baño de sangre” en ambas bandas.


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hispantv.com

Raúl Castro es Cuba, y a Cuba se respeta

El pueblo de La Habana, en representación de todo el país, patentiza desde la Tribuna Antimperialista una lección de historia y soberanía para defender la independencia nacional y a sus principales líderes.

Raúl Castro es Cuba, y a Cuba se respeta (Foto Granma. Digital).

Desde la Tribuna Antiimperialista José Martí, miles de cubanos, en representación de todo el país, se congregan este viernes para expresar un rechazo contundente al acto despreciable e infame anunciado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana.

La convocatoria responde al llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas, organizaciones de masas, estudiantiles y movimientos juveniles para condenar la nueva escalada de agresiones de Estados Unidos contra Cuba y respaldar la Declaración del Gobierno Revolucionario de la isla.

almayadeenenespanol 12 h🔴🇨🇺 RAÚL ES RAÚL🇨🇺🔴

⭕ El pueblo de Cuba responde con unidad, dignidad y resistencia.

📍El pueblo de La Habana, en representación de todo el país, patentiza desde la Tribuna Antiimperialista una lección de historia y soberanía para defender la independencia nacional y a sus principales líderes.

📍El masivo acto está presidido por el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, junto a los principales líder de la Revolución Cubana.

📍La convocatoria responde al llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas, organizaciones de masas, estudiantiles y movimientos juveniles para condenar la nueva escalada de agresiones de Estados Unidos contra Cuba y respaldar la Declaración del Gobierno Revolucionario de la isla.

⭕ Washington intenta incriminar al General de Ejército por los sucesos del 24 de febrero de 1996, fecha en la cual aeronaves de la organización contrarrevolucionaria y terroristas Hermanos al Rescate ejecutaron una nueva violación al espacio aéreo cubano.

⭕ Dicha acción constituyó otra de las más de 16 incursiones ilegales y reiteradas que el grupo civil miamense realizó sobre territorio soberano entre 1994 y 1996, bajo la coordinación directa del connotado terrorista de origen cubano José Basulto.



Washington intenta incriminar al General de Ejército por los sucesos del 24 de febrero de 1996, fecha en la cual aeronaves de la organización contrarrevolucionaria y terrorista Hermanos al Rescate ejecutaron una nueva violación al espacio aéreo cubano.

Dicha acción constituyó otra de las más de 16 incursiones ilegales y reiteradas que el grupo civil miamense realizó sobre territorio soberano entre 1994 y 1996, bajo la coordinación directa del connotado terrorista de origen cubano José Basulto.

El masivo acto está presidido por el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, junto a los principales líder de la Revolución Cubana.
Raúl Castro es Cuba, y a Cuba se respeta

La jornada de este viernes está enmarcada en la celebración por los 95 años del General de Ejército, y a través de ella, el pueblo cubano reafirma que ni amenazas, ni bloqueo, ni cerco energético, ni falsas acusaciones podrán doblegar la voluntad de un pueblo que ha hecho de la dignidad su escudo.

Firmeza frente a las provocaciones imperiales

El Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo, transmitió un mensaje especial del General de Ejército Raúl Castro Ruz, quien agradeció de corazón la solidaridad del pueblo.

Con marcada emoción, Gerardo aseguró que el líder revolucionario pidió al pueblo tener la certeza de que mientras viva seguirá marchando al frente de la nación, defendiendo la obra socialista con el pie en el estribo.

Hernández enfatizó que el histórico dirigente no ocupa el banquillo de los acusados, sino el puesto de guía legítimo y heredero directo del pensamiento de José Martí y de Fidel Castro.

Al referirse a la maniobra jurídica de Washington, el luchador antiterrorista aseveró que los Cinco conocen detalladamente la verdad sobre los acontecimientos de 1996, los cuales la extrema derecha miamense pretende manipular ahora con fines espurios.

Raúl Castro es Cuba, y a Cuba se respeta

Tras recordar de cerca los macabros planes organizados contra la isla, señaló a José Basulto como uno de los verdaderos culpables de las lamentables muertes ocurridas en el incidente de febrero de 1996, debido a su persistencia en violar las fronteras cubanas.

Gerardo ratificó que los enemigos de la Revolución están lejos de cumplir sus objetivos si consideran que el pueblo cubano contemplará impasible la infamia contra su liderazgo.


 RAÚL CASTRO: MIENTRAS VIVA MARCHARÉ JUNTO A MI PUEBLO  

Gerardo Hernández, Héroe de la República de Cuba, compartió un mensaje enviado por el General de Ejército Raúl Castro, durante la masiva concentración popular en la Tribuna Antiimperialista de La Habana este 22 de mayo.  

El líder de la Revolución cubana agradeció “de corazón” las muestras de solidaridad recibidas por parte del pueblo cubano y de amigos de todo el mundo.  

Según transmitió Gerardo Hernández, Raúl reafirmó su compromiso con la defensa de la Revolución y aseguró que, mientras viva, continuará marchando junto a su pueblo.  

“Que tengan la certeza de que mientras viva, seguiré marchando al frente de nuestro pueblo, defendiendo la Revolución con el pie del estribo”, expresó el líder histórico cubano. 

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Más detalles en nuestra web: 



Cuba demostró hace mucho tiempo que no baja la cabeza ante las presiones de Estados Unidos, una potencia cómplice del terrorismo que carece de moral para dictar sentencias, afirmó.

Asimismo, rememoró la trayectoria política del General de Ejército, calificado como el más fiel seguidor de Fidel, capaz de servir, exigir y amar con una profunda sensibilidad y humanidad.

Para el Héroe de la República de Cuba, esta nueva patraña judicial clasifica como una despreciable e ilegal provocación política, fundamentada en el rencor y la impotencia de sectores que no soportan ver a una Cuba de pie, libre y soberana.

Al Mayadeen Español

@almayadeen_es

Raúl Castro es Cuba, y a Cuba se respeta  

Desde la Tribuna Antiimperialista José Martí, miles de cubanos, en representación de todo el país, se congregan este viernes para expresar un rechazo contundente al acto despreciable e infame anunciado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana.  

La convocatoria responde al llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas, organizaciones de masas, estudiantiles y movimientos juveniles para condenar la nueva escalada de agresiones de Estados Unidos contra Cuba y respaldar la Declaración del Gobierno Revolucionario de la isla. 

#RaulCastro #LiderRevolucionCubana #EscaladaAgresiva #Fraude


Ninguna nación del mundo toleraría que violaran su espacio aéreo en 25 ocasiones sin tomar acciones soberanas en defensa de sus fronteras, patentizó.

Finalmente, ratificó el compromiso de la mayor de las Antillas con la paz, reafirmando la decisión colectiva de defender la patria y brindar un respaldo unánime e inquebrantable a Raúl Castro.

Otras de las voces escuchadas en el acto, la del joven jurista Rolando López Meriño denunció que la acusación estadounidense constituye un acto fraudulento e ilegítimo, el cual carece de validez legal y atenta de forma directa contra el derecho internacional.

Ante la multitud de cubanos reunidos en la Tribuna Antiimperialista, el especialista exigió el respeto irrestricto a las normas jurídicas globales, subrayando que la soberanía exclusiva y absoluta de los Estados sobre el espacio aéreo de su territorio es un principio inviolable que Washington pretende quebrantar mediante presiones políticas.

Por su parte, la hija de una cubana víctima de un atentado terrorista perpetrado por Estados Unidos contra la embajada de Cuba en Portugal, hace 50 años, calificó a Raúl Castro como un hombre de familia que ha dedicado su vida a defender la Revolución cubana.

Betina Palenzuela también reconoció a Raúl como uno de los principales impulsores de la proclama para declarar a América Latina y el Caribe como Zona de Paz.


El jueves, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció la agresión y recordó desde X que "no se irrespeta a los héroes de la Patria, no se ofenden historia y tradiciones sin respuesta. No en Cuba", remarcó.

El mandatario subrayó que, pese a las dificultades y carencias cotidianas provocadas principalmente por el bloqueo económico estadounidense, el pueblo cubano ha sabido sobreponerse y mantenerse unido frente a la pretensión de judicializar en tribunales norteamericanos al líder de la Revolución.

"La nueva agresión nos ha unido más y ha elevado el honor, la dignidad y el sentimiento antimperialista de un pueblo reconocido en todo el mundo por su brava resistencia a cualquier tipo de subordinación al imperio", afirmó.