sábado, 21 de marzo de 2026

«Las ecuaciones de la guerra cambian»: la Guardia Revolucionaria Islámica afirma que cientos de muertos y heridos en la última oleada de la Operación Promesa Verdadera 4 contra objetivos israelíes.


Captura de pantalla de un video que muestra la ejecución de la 73.ª oleada de la Operación Promesa Verdadera 4, una operación de represalia en curso del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) contra objetivos hostiles, el 21 de marzo de 2026.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) afirma que cientos de personas han resultado muertas o heridas durante la última fase de su operación de represalia en curso, la Operación Promesa Verdadera 4, lo que apunta a un importante desequilibrio en la balanza en contra de los adversarios.

En un comunicado emitido el sábado, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército informó que la 73ª oleada de la operación tuvo como objetivo tanto las zonas del sur como del norte de los territorios ocupados.

El comunicado indicaba que los ataques se llevaron a cabo en homenaje a la valentía de los mártires del sector de defensa aérea de la República Islámica, utilizando sistemas de misiles y drones operados por la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Según la Guardia Revolucionaria Islámica, instalaciones militares y centros de seguridad en Arad, Dimona, Eilat, Be'er Sheva y Kiryat Gat fueron atacados tras el colapso de los sistemas de defensa aérea israelíes.

Añadió que las bases militares estadounidenses en la región, concretamente Ali al-Salem en Kuwait, así como al-Minhad y al-Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos, también fueron objetivo de los ataques.

La 73ª oleada desplegó los sistemas de misiles Fattah, Qadr y Emad, junto con drones de ataque.

Informes de víctimas y restricciones a los medios de comunicación

El comunicado citaba informes sobre el terreno que indicaban que más de 200 personas resultaron muertas o heridas en las primeras horas de la última fase de la represalia.

También afirmó que las autoridades sionistas habían intensificado la presión sobre periodistas y testigos presenciales para censurar la información sobre los daños y las cifras de víctimas.

Se destaca el papel de Hezbolá

La Guardia Revolucionaria Islámica elogió los "dignos esfuerzos" de los combatientes del movimiento de resistencia Hezbolá del Líbano, afirmando que estaban defendiendo la integridad territorial del país, al tiempo que abrían un "duro frente de batalla de alta presión" contra las zonas del norte y centro de los territorios ocupados.

Por lo tanto, el comunicado extendió sus felicitaciones al pueblo libanés y a los musulmanes de la región.

El Cuerpo de Ingenieros describió la situación de los colonos ilegales en los territorios ocupados como "desesperada y desamparada", atribuyendo esto a las políticas incendiarias del gabinete de guerra del primer ministro Benjamin Netanyahu.

La seguridad de los colonos, añadió, se ha visto particularmente comprometida en las zonas donde hay instalaciones nucleares y militares cerca de áreas residenciales.

Las "ecuaciones de la guerra" están cambiando.

La Guardia Revolucionaria Islámica concluyó afirmando que "las ecuaciones de la guerra están cambiando rápidamente" y añadió que el control del ejército israelí sobre la defensa de los territorios ocupados se estaba "desmoronando".

La declaración se produjo después de que, a pesar de la censura generalizada sobre el verdadero número de víctimas de un ataque con misiles iraníes contra Dimona, los informes locales indicaran que decenas de personas habían muerto en la represalia.

La ciudad es famosa por estar equipada con medidas de protección extremas debido a que alberga en sus inmediaciones el tristemente célebre reactor nuclear de Dimona, perteneciente al régimen.

Fuentes oficiales han reportado cerca de 50 heridos. Sin embargo, el despliegue de decenas de ambulancias y varios helicópteros militares para evacuar a los afectados sugiere que las versiones locales podrían estar más cerca de la realidad.

Mientras tanto, el periódico israelí Yedioth Ahronoth informó que, debido a la represalia iraní, el llamado "frente interno" del régimen vivió su "noche más difícil" desde el 28 de febrero. Ese día, las Fuerzas Armadas de la República Islámica iniciaron contraataques implacables y decisivos ante la reciente oleada de agresión no provocada de Tel Aviv y Washington contra territorio iraní.





Irán saldrá victorioso en la guerra contra EEUU e «Israel»: presidente de Bielorrusia


El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, afirmó que Irán superará con valentía los desafíos actuales derivados de la guerra no provocada entre EEUU e “Israel” contra la República Islámica, iniciada a finales del mes pasado.

Lukashenko hizo estas declaraciones en un mensaje enviado el sábado al presidente iraní, Masud Pezeshkian, felicitándolo a él y a la nación iraní con motivo del Año Nuevo persa, conocido como Nauruz.

Según la embajada de Irán en Bielorrusia, Lukashenko describió la antigua festividad de Nauruz como símbolo de renovación, reconstrucción y un vínculo inseparable entre generaciones.

Añadió que Nauruz anima a las personas a avanzar por el camino de la comprensión y el respeto mutuo.

Enfatizó que Irán continúa luchando con valentía contra los difíciles desafíos externos en este Año Nuevo.

El presidente bielorruso expresó su confianza en que el sabio pueblo iraní, basándose en su experiencia centenaria, superará todas las dificultades y preservará su derecho a continuar por el camino de la independencia y la soberanía.

Añadió además que Teherán y Minsk están desarrollando sus relaciones en un ambiente de sincera amistad, confianza y apoyo mutuo.

Lukashenko afirmó que su país valora la cooperación fiable y constructiva con Irán, basada en intereses comunes y esfuerzos para promover la estabilidad y la prosperidad.


Fuente: bielorrusia


Tomado de : Al Manar 

viernes, 20 de marzo de 2026

La brecha entre expectativa y realidad en Irán


Durante más de tres semanas, EE.UU. e Israel han actuado guiados por un conjunto de suposiciones sobre Irán tan rígidas como desconectadas de la realidad empírica.

Por Xavier Villar

La campaña no se limitaba a degradar capacidades militares o erosionar activos estratégicos: aspiraba a reconfigurar el orden político en su conjunto. Se eliminaron altos cargos, se golpearon símbolos de autoridad estatal y se explotaron fisuras diplomáticas para proyectar una posición de fuerza que nunca terminó de consolidarse. El diseño apuntaba a algo más ambicioso que una operación coercitiva convencional: buscaba inducir una transformación sistémica, un cambio de régimen que los planificadores daban por plausible una vez alcanzado cierto umbral de presión.

Ese resultado no se ha materializado. La República Islámica no se ha derrumbado ni ha entrado en una fase de fragmentación apreciable. Tampoco han emergido señales consistentes de descomposición interna, ni las instituciones clave han mostrado indicios de colapso. Por el contrario, el Estado ha exhibido cohesión, capacidad de adaptación y una notable aptitud para absorber presión sin perder continuidad operativa. Para los responsables políticos en Washington y Tel Aviv, esta persistencia constituye una anomalía incómoda, un desenlace que sus marcos analíticos no anticipaban. Para quienes observan la relación entre proyección estratégica y realidad institucional, el episodio confirma un diagnóstico más amplio: la estrategia descansaba sobre una lectura defectuosa de Irán, una lectura que ignoraba tanto la lógica interna del Estado como la dinámica de su sociedad.

El problema no es únicamente táctico; es, ante todo, conceptual. Se origina en una premisa recurrente en la política exterior contemporánea: la creencia de que la transformación política puede inducirse desde el exterior mediante la aplicación calibrada de violencia, presión económica y señalización simbólica. Bajo ese supuesto, el Estado iraní se reduce a un objeto susceptible de modelización, cuyo comportamiento puede anticiparse con un margen de error aceptable. La población, por su parte, se interpreta como una variable reactiva, disponible para validar expectativas externas si las condiciones adecuadas son creadas. Sin embargo, tanto el Estado como la sociedad operan conforme a lógicas autónomas, determinadas por su trayectoria histórica, sus tensiones internas y sus mecanismos de reproducción. La reiteración del error —y su persistencia en el tiempo— sugiere que no se trata de una desviación puntual, sino de una forma estructural de malinterpretación.

El Estado como sistema adaptativo

Una de las premisas centrales de la estrategia era que el Estado iraní podía ser desarticulado mediante la eliminación selectiva de sus nodos de liderazgo. La hipótesis implícita asumía una estructura jerárquica rígida, una cadena de mando lineal y una dependencia crítica de un número reducido de actores. Bajo ese marco, la decapitación produciría desorganización, seguida de una rápida erosión de la capacidad de coordinación. La experiencia reciente sugiere lo contrario.

El entramado institucional iraní no se ajusta a ese modelo. La autoridad se distribuye a través de múltiples capas, las funciones se solapan y los mecanismos de sucesión están diseñados para operar sin fricción visible. La eliminación de una figura relevante no genera necesariamente un vacío de poder; más bien activa procesos de sustitución que mantienen la continuidad operativa. La toma de decisiones se desplaza, se reconfigura y se redistribuye sin que ello implique una ruptura sistémica.

Esta arquitectura responde a un aprendizaje acumulado durante décadas de confrontación asimétrica. Irán ha operado bajo condiciones sostenidas de presión externa: sanciones, guerra convencional, operaciones encubiertas y asesinatos selectivos. En ese contexto, la redundancia y la descentralización no son anomalías, sino características de diseño. Constituyen una respuesta adaptativa a un entorno hostil, orientada a preservar la integridad del sistema frente a perturbaciones recurrentes.

Desde esta perspectiva, los intentos de degradación militar no se traducen automáticamente en efectos políticos lineales. La interpenetración entre funciones militares, económicas y administrativas dificulta la segmentación del sistema. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica no actúa únicamente como un actor militar; está integrada en infraestructuras críticas, redes económicas y dispositivos de gobernanza. Atacarla como si fuera una estructura convencional implica subestimar su densidad institucional y su capacidad de regeneración.

La consecuencia es que la presión externa no circula de manera predecible. Los ataques generan disrupción, pero la disrupción no equivale a colapso. El sistema absorbe el impacto, redistribuye funciones y reconstituye equilibrios internos. Lo que desde fuera puede interpretarse como opacidad o ineficiencia responde, en realidad, a una lógica de resiliencia deliberada. Tratar al Estado iraní como una estructura frágil no solo conduce a errores de cálculo; impide comprender la racionalidad que subyace a su persistencia.

La sociedad como variable autónoma

El segundo eje de la estrategia descansaba en una lectura igualmente problemática de la sociedad iraní. Se asumía que la población podía ser activada desde el exterior, que la combinación adecuada de presión militar y señalización política generaría una alineación con los objetivos de las potencias externas. Bajo esta lógica, la sociedad aparecía como un campo en espera, predispuesto a movilizarse una vez debilitado el aparato estatal.

Esta interpretación simplifica en exceso la complejidad social. Las dinámicas políticas y económicas en Irán se producen en un marco interno, atravesado por conflictos, negociaciones y equilibrios que no responden a agendas externas. La relación entre la sociedad y el Estado es contingente, variable y profundamente contextual. Los actores sociales no operan como receptores pasivos de estímulos externos; interpretan, filtran y responden en función de sus propias condiciones materiales y simbólicas.

La expectativa de que la presión externa generaría una convergencia política se ha visto desmentida por los hechos. La amplificación de figuras en el exilio, la construcción de narrativas de alternativa inmediata y la escenificación de momentos simbólicos no han producido la alineación anticipada. Más bien han evidenciado la distancia entre la proyección externa y la realidad interna. La legitimidad política no puede importarse ni inducirse mecánicamente desde fuera.

Existe, además, un patrón recurrente en la lectura occidental de la sociedad iraní: la tendencia a interpretar el descontento como antesala de una alineación con objetivos externos. Este desplazamiento analítico —que confunde posibilidad con inevitabilidad— lleva a sobreestimar la capacidad de influencia externa. La existencia de tensiones internas no implica que estas puedan ser canalizadas desde fuera en una dirección predeterminada. La agencia social se ejerce en contextos específicos y responde a incentivos que no coinciden con los intereses de actores extranjeros.

La persistencia de estas suposiciones apunta a un problema más amplio en la formulación de política exterior. La anticipación sustituye a la observación, y el deseo se presenta como análisis. Los escenarios se construyen a partir de supuestos simplificados, en los que la complejidad se reduce a variables manejables. La incertidumbre se transforma en narrativa, y la agencia de los actores locales queda subordinada a expectativas externas.

Este enfoque introduce una distorsión sistemática. Los responsables políticos interpretan la brecha entre intención y resultado como un fallo de ejecución, no de diagnóstico. En lugar de revisar las premisas, intensifican las herramientas: más presión, más recursos, más riesgo. El resultado es una acumulación de costes —materiales, humanos y reputacionales— sin una correspondencia clara en términos de objetivos alcanzados.

En el caso iraní, esta dinámica se manifiesta con claridad. La campaña ha generado efectos tangibles: daños materiales, pérdidas humanas y un incremento de la tensión regional. Sin embargo, no ha producido el resultado político que la justificaba. El sistema no ha colapsado, ni ha entrado en una fase de transición controlada desde el exterior. La distancia entre los objetivos declarados y los resultados obtenidos revela los límites de la estrategia.

Para Irán, el desenlace es distinto. El Estado ha absorbido la presión, ha reconfigurado sus equilibrios internos y ha mantenido la continuidad institucional. Las decisiones siguen respondiendo a dinámicas internas, no a las expectativas externas. El proceso político continúa, con sus propias tensiones y contradicciones, pero sin ajustarse al guión proyectado desde fuera.

La campaña pone de relieve una lección recurrente: la capacidad de coerción externa tiene límites cuando se enfrenta a sistemas políticos con estructuras adaptativas y legitimidades complejas. La imposición de cambio mediante presión militar o simbólica puede alterar comportamientos en el margen, pero rara vez reconfigura sistemas en profundidad sin la concurrencia de dinámicas internas.

El error reside en concebir la política como un mecanismo susceptible de control remoto. Bajo esta lógica, los actores externos se atribuyen una capacidad de intervención que no se corresponde con la realidad. La complejidad se subestima, la resistencia se interpreta como anomalía y la persistencia del sistema se convierte en una sorpresa.

La brecha entre expectativa y resultado no es accidental; es estructural. Refleja una forma de pensar la política internacional que privilegia la proyección sobre el análisis, y la intervención sobre la comprensión. Mientras esa brecha persista, es probable que estrategias similares produzcan resultados comparables.

Conclusión

La experiencia reciente sugiere que la política basada en supuestos rígidos tiende a generar errores de cálculo acumulativos. Cuando esos supuestos incluyen la fragilidad del adversario, la maleabilidad de su sociedad y la eficacia de la coerción externa, el margen de error se amplía. El caso iraní ilustra esta dinámica con claridad.

La República Islámica ha demostrado capacidad de adaptación y continuidad institucional en un entorno de presión sostenida. La campaña dirigida contra ella no ha producido el colapso anticipado, sino que ha puesto de manifiesto las limitaciones del enfoque que la sustentaba. Más que una anomalía, el resultado es coherente con la estructura del sistema al que se dirigía.

La implicación es directa: la transformación política no puede imponerse de manera lineal desde el exterior. Requiere dinámicas internas que no pueden ser sustituidas por presión externa. Ignorar este principio no solo conduce a estrategias ineficaces; contribuye a reproducir un ciclo de intervención y desajuste en el que los objetivos se redefinen sin que los supuestos se revisen.

En última instancia, el episodio subraya una cuestión de método. La política exterior que se apoya en la proyección de deseos tiende a confundirse con la realidad que pretende transformar. Cuando esa confusión se institucionaliza, la acción deja de estar guiada por el análisis y pasa a responder a narrativas autoafirmativas. El resultado no es la reconfiguración del sistema objetivo, sino la reiteración del error. La persistencia de Irán no es, en este sentido, una excepción: es el indicio de que el problema reside menos en el objeto de la política que en las categorías con las que se lo intenta comprender. 


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Cuán importante es "la joya" petrolera de Irán y qué pasará si EE.UU. decide destruirla

La última vez que la isla sufrió un ataque importante fue durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980.
La isla de JarkNachrichtenagentur / Legion-Media

El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que el Ejército del país llevó a cabo "uno de los bombardeos más devastadores de la historia de Oriente Medio", que tuvo como objetivo, entre otras instalaciones, la isla de Jark, donde se asienta infraestructura clave para la exportación del petróleo iraní y desde la cual se gestiona el 90 % del total de las exportaciones de crudo del país.

La isla, que está situada a unos 25-30 km de la costa iraní, al norte del golfo Pérsico, funciona como terminal de exportación de petróleo desde la década de 1960. Antes y en los primeros días de la agresión actual, la terminal estaba manejando en torno a 1,5 millones de barriles diarios, un volumen superior a la producción total de muchos países de la OPEP.


La última vez que la isla sufrió un ataque importante fue durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980. En aquel entonces, el Ejército iraquí, bajo el mando de Saddam Hussein, llevó a cabo intensos bombardeos contra la infraestructura petrolera de la isla, causando graves daños; sin embargo, Irán logró reconstruir las instalaciones.

Según Mohammad Marandi, profesor de la Universidad de Teherán y antiguo asesor del equipo de negociación nuclear de Irán, desde el punto de vista militar, "la isla está bien protegida", mientras que la posición geográfica también sería desfavorable para Washington, ya que Jark "está lejos de la Marina estadounidense y más cerca de la costa iraní".

Corazón petrolífero de Irán

Las profundas aguas que la rodean proporcionan la altura libre necesaria para que atraquen los grandes petroleros, a diferencia del golfo Pérsico. Cuenta con instalaciones de almacenamiento y oleoductos que conectan con algunos de los yacimientos de petróleo y gas más grandes de Irán, por lo que interrumpir su funcionamiento perjudicaría no solamente al país persa, sino que también afectaría negativamente al mercado energético mundial.

RT

De acuerdo con funcionarios iraníes citados por Bloomberg, desde Jark se pueden cargar más de 6 millones de barriles al día, y la capacidad podría llegar hasta 10 millones de barriles diarios si fuera necesario. La isla está habitada principalmente por trabajadores del sector petrolero, que se desplazan a través de una pista operada por la Compañía Nacional Iraní de Petróleo. Irán suministra alrededor del 4,5 % del petróleo mundial, con una producción diaria de 3,3 millones de barriles de crudo y 1,3 millones de barriles de condensado y otros líquidos.

Trump anunció que los bombardeos de Washington "han destruido por completo todos los objetivos militares de la joya de la corona de Irán", mientras que sus tanques de almacenamiento o puntos de carga no han sido apuntados. Agregó que si Irán u otros países interfieren en el paso de buques por el estrecho de Ormuz, reconsiderará inmediatamente la decisión de no apuntar a la infraestructura petrolera de la isla.


Luego, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) informó que la infraestructura petrolera de la isla no resultó dañada.

De acuerdo con el exgeneral de brigada del Ejército estadounidense Mark Kimmitt, Washington ha pasado de "un simple 'eliminar al Ejército, eliminar al régimen'" a intentar aniquilar "el motor económico del país", supuestamente manteniendo a la isla "como rehén" para garantizar que Irán permita el paso de barcos por el estrecho de Ormuz.

¿Qué supondría destruir la isla como terminal petrolera?

Si Washington decidiera ir más allá y destruir de forma sistemática la infraestructura de exportación de Jark —tanques, oleoductos internos, puntos de carga y sistemas de bombeo—, el impacto sería doble: asfixia económica para Irán y 'shock' energético global. Por otra parte, expertos también han argumentado que intentar tomar el control o atacar la isla de Jark requeriría un número significativo de tropas terrestres, algo que la Administración Trump se ha mostrado reacia a solicitar hasta ahora.Con alrededor del 90 % de las ventas de petróleo pasando por Jark, la destrucción de su terminal dejaría a Irán prácticamente sin salida formal al mercado internacional. Otros puertos iraníes tienen capacidades muy inferiores; su función principal es el gas, los petroquímicos y las operaciones regionales limitadas. Un ataque contra ellas obstaculizaría las exportaciones de petróleo de Irán, que oscilan entre 1,4 y 1,7 millones de barriles diarios.

Los daños a estas plataformas también provocarían un aumento de los precios mundiales del petróleo.
Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado y una subida del precio del crudo superior al 40 % desde el inicio de la agresión, los bombardeos sobre Jark elevan de por sí el nivel de riesgo para el mercado petrolero. La prensa económica europea ya advertía estos días de que un ataque serio a Jark sería un "desastre" para la economía iraní, pero también un factor de inestabilidad para el mercado: China, principal comprador del crudo iraní, tendría que reorientar sus compras, y el resto de importadores competiría por un volumen menor de barriles disponibles.

Ataques aéreos contra Jark podrían interrumpir la mayor parte de las exportaciones de crudo iraní durante semanas o meses y agravar una crisis económica interna, resalta Bloomberg.


"Según medios, el impacto más inmediato es un aumento vertiginoso de los costos energéticos, que incluyen tanto los gastos directos de producción como los costos ocultos a lo largo de las cadenas de suministro. Estos factores, a su vez, alimentarían la inflación en grandes economías industrializadas, incluida la estadounidense, algo que la Administración Trump querría evitar en un año electoral.

Ante esas nuevas acciones militares de EE.UU., el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió el jueves que los ataques contra las islas situadas en la frontera marítima sur de Irán provocarían que la República Islámica "abandone toda moderación". Asimismo, desde el cuartel general de Jatam al Anbiya avisaron que, en caso de ataque a las infraestructuras petroleras, económicas y energéticas iraníes, "inmediatamente todas las infraestructuras petroleras, económicas y energéticas pertenecientes a compañías petroleras en toda la región que tengan acciones estadounidenses o colaboren con Estados Unidos serán destruidas y convertidas en un montón de cenizas".

"Extrema vulnerabilidad"

En este contexto, Mohammad Marandi advirtió de la extrema vulnerabilidad de los aliados árabes de EE.UU.: "Kuwait, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Catar son en gran medida desiertos. Todo lo que tienen es petróleo y gas, ni siquiera tienen agua. Son completamente vulnerables a la represalia iraní". Agregó que si estos países facilitaran una invasión de territorio iraní, "serían severamente castigados".

Evaluando la posibilidad de que Washington ataque Jark, Marandi aseveró que una ofensiva de este tipo sería, a la vez, extremadamente costosa, militarmente arriesgada e inútil. En primer lugar, subrayó las dificultades de acceso, ya que EE.UU. tendría que "usar el territorio o sobrevolar el territorio" de los aliados estadounidenses del golfo Pérsico, lo que obligaría a Irán a responder. En este caso, si se ocupara territorio iraní, esto "llevaría la guerra hacia una gran escalada", por lo que los países de la región "tendrían que pagar un precio muy alto, mucho mayor del que están pagando ahora".                               
El terminal de la isla de Jark, el 12 de marzo de 2017.Fatemeh Bahrami / Anadolu Agency / Gettyimages.ru

Hizo hincapié en que, incluso en el caso hipotético de que EE.UU. lograra tomar el control de la isla, esto no va a cambiar ni el mercado energético global para mejor —sino que empeorar— ni la situación en el estrecho de Ormuz, porque si la guerra se extendiera por todo el golfo Pérsico, las instalaciones petroleras de los países del Golfo "serían destruidas", de modo que, incluso si más adelante se reabre el estrecho de Ormuz, "no habrá petróleo, no habrá gas que transportar, y no habrá petroleros para hacer el transporte".

Ante ello, concluyó que sería "un movimiento ridículo, logísticamente muy difícil, si no casi imposible, en el que las defensas iraníes destruirían muchas de las capacidades militares de Estados Unidos" y cuyos efectos serían "muy perjudiciales debido a las consecuencias a largo plazo que tendría para los mercados globales".Mientras tanto, los futuros globales del petróleo subieron el viernes un 2,7 %, hasta situarse por encima de los 103 dólares por barril, lo que supone un alza acumulada del 40 % desde el inicio de la guerra.

El Brent, referencia mundial, cerró en 103,14 dólares por barril, su nivel más alto de cierre desde agosto de 2022. Solo en la última semana avanzó más de un 11 % y acumula más de un 40 % de subida desde que comenzó la guerra a finales de febrero. El West Texas Intermediate, referencia estadounidense, terminó la sesión en 98,71 dólares por barril.

Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero, los mercados petroleros se han movido de forma convulsa. El precio del Brent llegó a rozar los 120 dólares por barril el lunes, ante el temor de recortes duraderos en la oferta. Desde entonces las cotizaciones han retrocedido, pero siguen muy por encima de los niveles previos al estallido del conflicto.

Trump presume de los más devastadores bombardeos, en medio de potentes represalias de Irán: 


internaciona

Por qué un asalto a la 'joya' petrolera de Irán podría convertirse en una misión suicida para EE.UU.

Un desembarco numeroso y peligroso, junto con la necesidad de mantener el control de la isla de Jarg durante tiempo indefinido, convertiría a los militares estadounidenses en un blanco fácil para Irán y abriría la puerta a una escalada impredecible.                         
La isla iraní de JargPublic Domain

Desde Estados Unidos se escuchan cada vez con más frecuencia declaraciones sobre un posible intento de tomar la isla de Jarg, que desempeña un papel clave en el suministro de las exportaciones de petróleo de Irán

La importancia de la isla de Jarg y su papel en el conflicto de Oriente Medio, en este artículo

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que Washington podría "acabar con la isla cuando quiera". "Podemos acabar con la isla cuando queramos. Yo la llamo 'la islita' que está allí, totalmente desprotegida", afirmó el mandatario. "Dejamos las tuberías, porque reconstruirlas llevaría años", explicó.

Al mismo tiempo, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, señaló que Trump está "enfocado" en la isla desde 1998. "Y otra cosa que puedo decirles es que, si fuese un empleado petrolero, no quisiera trabajar allí. Así que todos los trabajadores petroleros están siendo obligados a quedarse ahí, y ya veremos qué sucede al respecto si finalmente se convierte en un activo estadounidense", indicó.

RT

La posibilidad de tomar la isla también es mencionada por los militares. El exjefe del Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), el general retirado Frank McKenzie, planteó que, en lugar de destruir su infraestructura petrolera —con daños "irreversibles" para la economía local y la mundial—, los marines podrían tomar el enclave insular y convertirlo en moneda de cambio para la reapertura del estrecho de Ormuz.

No obstante, analistas advierten de que la toma de la isla no acercará a Trump a su objetivo ni llevará a Teherán a la capitulación, sino que, al contrario, una operación de este tipo podría convertirse en una misión peligrosa.

¿En qué se equivoca Washington?

La apuesta por una capitulación de Irán tras una toma de la isla es errónea, teniendo en cuenta que EE.UU. e Israel han arrastrado al país a una guerra de supervivencia, opina Harrison Mann, excomandante del Ejército de EE.UU. y director asociado de la fundación Win Without War.


"¿Qué líder iraní se rendiría y cambiaría la soberanía de Irán por una terminal petrolera que, de todos modos, esperaba que fuera volada por los aires, para restaurar unos ingresos petroleros que controlaría un régimen títere de Trump?", planteó.

El plan de Washington de que Teherán no tenga con qué pagar los sueldos de los militares tras la pérdida de las exportaciones de petróleo tampoco se justifica, agregó.

La terminal petrolera del puerto de la isla de Jarg, Irán, 12 de marzo de 2017Fatemeh Bahrami / Gettyimages.ru

"Las tropas iraníes cuyas familias están siendo bombardeadas no abandonarán sus puestos solo porque no hayan cobrado la paga. La pérdida de los ingresos petroleros castigará a la ya debilitada economía de Irán, pero años de sanciones estadounidenses obligaron a Irán a desarrollar una industria de defensa casi autosuficiente", destacó el analista.

Camino sin retorno para los militares estadounidenses

Según Mann, a nivel táctico, una operación de asalto podría resultar aún peor. Washington necesitaría miles de soldados para tomar y mantener el control de la isla durante tiempo indefinido, y estos se convertirían en un blanco fácil para Irán.

En caso de un desembarco desde buques, los iraníes podrían minar el estrecho de antemano, mientras que un desembarco desde helicópteros convertiría a los militares estadounidenses en un blanco fácil para los drones y los sistemas de defensa aérea.


Un salto aerotransportado sería la opción más fiable, pero aún se desconoce cuántos militares iraníes hay en la isla. Además, tras una hipotética toma, las fuerzas estadounidenses se encontrarían en una zona a pocos kilómetros de los misiles iraníes, lo que haría que la evacuación de la isla fuera prácticamente imposible y se asemejara a las escenas de las películas de acción.

Mann advierte de que tal aventura podría conducir a una escalada incontrolada de la situación.

"La Casa Blanca debería comprender que cualquier intento de tomar la isla es una receta para que la misión se desborde. Las tropas estadounidenses en peligro en Jarg podrían utilizarse para justificar el desembarco de tropas adicionales en el territorio continental iraní con el fin de eliminar a las fuerzas iraníes que obstaculizan la evacuación. Entonces, esas tropas también necesitarían ser protegidas, reabastecidas, reforzadas y vengandas, y a partir de ahí la lógica autocumplida de la intervención acercaría a las fuerzas estadounidenses a Teherán", concluye el experto.

Irán ataca la mayor refinería israelí, mientras Netanyahu promete reducir misiles iraníes "a cenizas":



Delcy Rodríguez nombra a Gustavo González López como ministro de Defensa de Venezuela


La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, designó al general Gustavo González López, exdirector de Contrainteligencia Militar y exjefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), como nuevo ministro de Defensa, en sustitución de Vladimir Padrino López.


"Agradecemos al G/J Vladimir Padrino López por su entrega, su lealtad a la Patria y por haber sido, durante todos estos años, el primer soldado en la defensa de nuestro país. Seguros estamos de que asumirá con el mismo compromiso y honor las nuevas responsabilidades que le serán encomendadas", escribió la presidenta interina en sus redes.

En el mensaje, la presidenta encargada comunicó que "hoy he designado al G/J Gustavo González López como ministro del Poder Popular para la Defensa".

El nombramiento fue formalizado mediante la firma de un decreto, por el cual se establece que el alto oficial asumirá de inmediato las funciones correspondientes al cargo, conforme a lo dispuesto en el marco jurídico vigente, precisa un comunicado publicado en el sitio web del Gobierno del país.

Desde el 6 de enero de 2026, González López era comandante general de la Guardia de Honor Presidencial de Venezuela y director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM).      
América Latina   Jueces, deudas y activos: la ingeniería legal detrás del reconocimiento de Washington al Gobierno venezolano