domingo, 17 de junio de 2018

Lo que realmente se definía en la elección presidencial de Venezuela

Por :Thierry Meyssan.
Si bien la abstención registrada en la elección presidencial que acaba de realizarse en Venezuela no permitiría validar formalmente el carácter democrático de la victoria de Nicolás Maduro, el índice de participación, en plena guerra económica, es de hecho más que suficiente para demostrar el apoyo popular a las instituciones de la República Bolivariana. Porque es importante entender que, más que el mantenimiento o no de los chavistas en el poder, lo que realmente estaba en juego era el futuro mismo de Venezuela como nación ante la agresión en marcha contra ella.
Tropas del Comando Sur de Estados Unidos se entrenan para un desembarco. 

La elección presidencial en Venezuela debía dar paso al inicio de una nueva etapa en la preparación de la destrucción de la «Cuenca del Caribe». Al menos eso esperaba el Comando Sur estadounidense (SouthCom) [1].
Existen varias lecturas de la crisis que Venezuela enfrenta. Para los países occidentales, es resultado de la mala gestión del presidente Maduro y de su obsesión socialista. Para el ejército, que observa los preparativos militares de Panamá, Colombia, Brasil y Guyana, esa crisis es –por el contrario– resultado de una terrible guerra –por el momento solamente económica– iniciada contra Venezuela por orden de Estados Unidos. En todo caso, el Producto Interno Bruto (PIB) disminuye en un 15% anual y la inflación alcanza cifras enormes (18 000% desde el inicio del año 2018). El gobierno del presidente Maduro ha logrado organizar la distribución de alimentos, alejando así el peligro del hambre, pero no ha podido –al menos por ahora– evitar que la situación siga empeorando.
Sin exponer ninguna razón válida, los 14 países del Grupo de Lima habían cuestionado por adelantado la legitimidad de la elección [2]. Como hicieron Francia y Alemania ante la elección presidencial convocada en Siria, uno de esos países prohibió a la embajada de Venezuela la realización del voto en sus oficinas consulares. El país que violó así deliberadamente la Convención de Viena fue Canadá –miembro del ya mencionado Grupo de Lima [3].
También como en el caso de Siria, la oposición respaldada por Estados Unidos llamó a boicotear la elección. Peor aún, organizó una huelga de transportistas para impedir así que los electores de los suburbios y las zonas rurales pudieran contar con los medios de transporte colectivo para acudir a las urnas.
Si se tiene además en cuenta el hecho que la situación de crisis económica inducida y las carencias que esta conlleva han empujado un millón y medio de venezolanos a salir del país, y que esos electores no han tenido tiempo de inscribirse en las embajadas de Venezuela para votar en el exterior, es evidente que el índice de abstención tenía que ser anormalmente alto.
A pesar de todo eso, 46% de los 20 millones de electores inscritos acudieron a las urnas. Y el 67% de esos votantes aportaron su apoyo al candidato chavista, Nicolás Maduro.
Los estudios sobre los resultados de esta elección demuestran que los índices de participación son elevados principalmente en las circunscripciones correspondientes a los electores más pobres.
Esos mismos estudios muestran que sólo los electores de más de 40 años acudieron a las urnas, mientras que los electores jóvenes estuvieron prácticamente ausentes. O sea, los jóvenes mostraron su desinterés por la política o siguieron las consignas de la oposición apoyada por Estados Unidos, pero las personas que conocieron la Venezuela anterior a la Revolución Bolivariana se esforzaron por votar.
Todo eso demuestra que para votar en la presidencial venezolana del 20 de mayo había que estar verdaderamente deseoso de acudir a las urnas, ¡y para votar además por Nicolás Maduro, a quien se atribuye la crisis general de la economía! Los más desfavorecidos, los trabajadores cuyo salario mensual ya no alcanza para comprar un kilo de carne, han sido proporcionalmente más numerosos en votar. Eso quiere decir que, al contrario de lo que esperaba Estados Unidos, los venezolanos no consideran al gobierno de Maduro responsable de la catástrofe económica… y prosiguen la lucha iniciada por Hugo Chávez para liberar su país del imperialismo estadounidense.
Esta anomalía es consecuencia del sentimiento nacional que se ha desarrollado durante los 18 últimos años de la Revolución Bolivariana y hace difícil toda intervención militar extranjera en Venezuela.
Por otra parte, el hecho que un candidato inicialmente serio, Henri Falcón –ex gobernador del Estado de Lara–, declarara al principio de la jornada electoral que el escrutinio estaba “arreglado”, que por ende él no podía ganarlo y que no valía la pena ir a votar, no impidió que casi 2 millones de electores se tomaran de todas maneras el trabajo de ir a votar por él. El comportamiento de esos electores sólo puede interpretarse como un doble deseo de defender el país y de llamar al conjunto de la clase política venezolana a la reconciliación ante la agresión en marcha contra el país.
Otro síntoma de desorientación es que cerca de un millón de electores votó por el pastor evangélico Javier Bertucci, que para salvar el país no ve otra solución que un arrepentimiento colectivo y una intervención divina.
Sin conocer aún el resultado del escrutinio, Washington anunció la promulgación de una «Orden Ejecutiva de prohibición de ciertas transacciones adicionales con Venezuela» [4] y el G7 [5] tenía preparada una declaración para «rechazar el proceso electoral» [6].
Ante la realidad del resultado… se ha producido un gran silencio. ¿Qué hacer ahora con el plan de destrucción de los Estados y sociedades en los países de la región? ¿No será quizás demasiado peligroso lanzarse al ataque contra Venezuela –como se hizo en Siria– con el riesgo de tener que enfrentar una dura resistencia? En pocas palabras, ¿es aconsejable atacar ahora o quizás sería mejor tratar de seguir empobreciendo a los venezolanos y dividiéndolos más antes de atacarlos?
Además, el hecho, contradiciendo las costumbres en materia de diplomacia, Rusia haya reaccionado por adelantado a las declaraciones del Grupo de Lima, subrayando que constituyen una injerencia en los asuntos internos de Venezuela [7], hace pensar que Moscú no se deja engañar. Ante una intervención de la OTAN, ¿adoptaría Rusia una actitud de oposición, como en el Medio Oriente?
Parece aún demasiado pronto para que el SouthCom pueda decidirse. Durante este periodo de “evaluación” de la situación es probable que el Pentágono siga “trabajando” a la juventud venezolana, prácticamente ausente en la elección del 20 de mayo. También podría acentuar su presión sobre otros países de la «Cuenca del Caribe», principalmente contra Nicaragua. 

Thierry Meyssan

Fuente: http://www.voltairenet.org/article201287.html

lunes, 11 de junio de 2018

DESCANSEN EN PAZ LOS INOCENTES


Nunca pagó por los crímenes que cometió. Murió impunemente en Miami la semana pasada. Sus seguidores dicen que Luis Posada Carriles luchó toda su vida adulta contra el comunismo, y así lo justifican. Pero Posada jamás luchó en el campo de honor. Sus víctimas nunca fueron los soldados del Ejército Rebelde cubano. Su estrategia militar fue matar a los inocentes para, de esa manera, tratar de aterrorizar a los que querían visitar, dialogar o comerciar con Cuba.
Dejó un saldo de sufrimiento en varios países de Nuestra América, especialmente en Cuba, Venezuela, El Salvador y Guatemala. Fue el autor intelectual del asesinato de 73 personas a bordo un avión de pasajeros cubano en 1976, incluyendo 24 adolescentes del equipo juvenil de esgrima isleño y también una niñita guyanesa de nueve años llamada Sabrina. Como jefe de operaciones especiales del servicio de inteligencia venezolano, durante la presidencia del derechista Rafael Caldera, torturó y asesinó a decenas de ciudadanos, incluyendo a las hermanas Brenda y Marlene Esquivel. Un testigo afirmó que Brenda tenía ocho meses de embarazo cuando la detuvieron, y Posada Carriles reaccionó: Mata a esa semilla antes de nacer, porque va a ser un comunista. Brenda perdió al bebé debido a las torturas.
Posada trabajó también para los escuadrones de la muerte en El Salvador y en Guatemala. Desde su guarida en El Salvador dirigió una campaña terrorista en 1997, con el propósito de desestimular el turismo hacia Cuba. Contrató a varios centroamericanos para que hicieran explotar bombas en los centros más emblemáticos del turismo en la isla, incluyendo el Hotel Nacional, La Bodeguita del Medio y el Hotel Meliá Cohiba. Una de esas bombas mató al turista italiano Fabio di Celmo en el lobby-bar del Hotel Comodoro, de Miramar. Le confesó, el año siguiente, al New York Times que el italiano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, y por eso duermo como un bebé.
En 2000 trató de asesinar al presidente Fidel Castro en Panamá. Planeaba depositar nueve kilogramos de explosivos C-4 en el Paraninfo de la Universidad Nacional de Panamá, para que volara el auditorio durante el discurso del mandatario cubano ante aproximadamente mil invitados, que incluían estudiantes y diplomáticos.
Su abogado, Arturo Hernández (el letrado prefiere que lo llamen Art Jernandes), admitió ante un tribunal federal estadunidense que todo lo que hizo Luis Posada Carriles fue en nombre de la CIA. Y son precisamente los documentos de la CIA, el Departamento de Estado y la FBI los que admiten el historial terrorista de Posada Carriles.
Documentos desclasificados del gobierno de Estados Unidos y publicados por el Archivo Nacional de Seguridad comprueban que, días antes de la voladura de la nave, Posada dijo que pensaba golpear a un avión cubano y Orlando (su cómplice) tiene todos los detalles.
Una fuente confidencial confió a la CIA, el día después de la voladura del avión de pasajeros, que Posada Carriles fue el autor intelectual del siniestro ataque.
Los autores materiales son Hernán Ricardo y Freddy Lugo, ambos venezolanos y subordinados a Luis Posada Carriles. Fueron condenados a 20 años de prisión en Venezuela. Ricardo dibujó el croquis de las bombas C-4 que él y Lugo pusieron en la nave CU-455 ese día. Lugo testificó que Ricardo alardeó de haber matado más personas en ese avión que Carlos El Chacal y Ricardo contó haber recibido 25 mil dólares por el acto terrorista. Dijo también que trabajaba para la CIA y que su jefe era Luis Posada Carriles.
Después de una vida dedicada al terrorismo, Posada Carriles decidió jubilarse en Miami. Llegó a finales de marzo de 2005, ilegalmente, a bordo de una embarcación llamada El Santrina. La República Bolivariana de Venezuela presentó una demanda por su extradición en mayo de 2005, pero Washington se rehusó a enviarlo a Caracas para rendir cuentas por sus crímenes. Lo protegió hasta el día de su muerte. Como dijo el ex presidente estadunidense Franklin D. Roosevelt del dictador nicaragüense Anastasio Somoza García, será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.
La muerte de Posada Carriles, el pasado 23 de mayo, ha inspirado varias notas periodísticas. Utilizan varios adjetivos para describirlo. La BBC de Londres tituló que era un radical anticastrista. El País lo describió simplemente como un ex agente de la CIA. Para El Nuevo Herald de Miami, Posada era un militante anticastrista. El New York Times tituló: Muere a los 90 años Luis Posada Carriles, quien luchó para derrocar a Castro. La Voz de América, órgano oficial del gobierno de Estados Unidos, informó antisépticamente a sus oyentes que había muerto el anticastrista Posada Carriles.
¿Cómo habría titulado esos medios si Posada hubiese sido musulmán? Muy probablemente: Murió el terrorista Luis Posada Carriles. Descansen en paz los inocentes.

José Pertierra

https://es.news-front.info/2018/05/30/descansen-en-paz-los-inocentes/