lunes, 2 de noviembre de 2026

Irán advierte a EEUU mientras debate posible cambio de su doctrina nuclear


Irán endurece su discurso ante la posibilidad de una nueva guerra, mientras condiciona cualquier negociación con Washington al cumplimiento de sus exigencias políticas y económicas.


Por Xavier Villar

En una entrevista con Al Jazeera, el ministro de Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, abordó los últimos esfuerzos diplomáticos, la carta transmitida por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, las propuestas planteadas por los mediadores regionales, las condiciones de Irán respecto al estrecho de Ormuz y la preparación militar del país ante la posibilidad de una nueva confrontación.

Subrayó que no hay previstas conversaciones con representantes estadounidenses y que las afirmaciones en sentido contrario no se ajustan a la realidad.

Añadió que Irán no considera necesario negociar actualmente con Estados Unidos y que sus condiciones están claras. No obstante, señaló que los contactos con Catar y Pakistán, en calidad de mediadores, continúan.

“Nuestras condiciones incluyen el levantamiento de las sanciones impuestas tras el memorando de Islamabad y la reducción de las fuerzas estadounidenses en la región. Exigimos que se restablezcan las exenciones a las sanciones sobre el petróleo y que se liberen todos nuestros fondos congelados, incluidos los que se encuentran en Qatar. La apertura del estrecho de Ormuz bajo nuestras condiciones allanaría el camino para reanudar las negociaciones con Washington sobre las cuestiones pendientes”, declaró Araqchi a Al Jazeera.

El ministro de Exteriores subrayó además que Teherán busca poner fin a la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. Señaló que los esfuerzos para acabar con el conflicto no deben limitarse a un solo frente mientras los combates continúan en otras partes de la región.

Dicho esto, resulta evidente que un nuevo fracaso en las negociaciones podría desencadenar una escalada bélica mucho mayor que la anterior. Y por el momento, a pesar de los contactos diplomáticos, el clima predominante en Irán es de tensión creciente.

Teherán se está preparando para responder con contundencia a un ataque estadounidense-israelí que, según diversas evaluaciones, podría ser especialmente devastador. Además, parece que Irán busca ampliar su lista de objetivos para incluir instalaciones que no fueron atacadas en campañas anteriores, entre ellas infraestructuras de comunicaciones y otros activos estratégicos en los países del Golfo Pérsico.

Esto implica que la próxima campaña, si llega a producirse, podría ser mucho más extensa y prolongada de lo que espera Washington, cuyo deseo principal es una operación militar intensa pero breve.

En este sentido, Araqchi afirmó que Irán no descarta que se produzca otra guerra: “No descartamos ninguna posibilidad en lo que respecta al estallido de una guerra y estamos preparados para todos los escenarios”, declaró.

Explicó que Irán ha aprovechado el periodo transcurrido desde la anterior confrontación para reforzar sus capacidades militares, modernizar su equipamiento, corregir vulnerabilidades y probar nuevos sistemas de armamento.

Mohsen Rezai, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, confirmó en la televisión estatal iraní la existencia de la carta de Vance, aunque reconoció que aún no le ha respondido. Señaló también que existe un debate público sobre la doctrina nuclear del país, pero que aún no se ha tomado ninguna decisión al respecto.

“Ahora está sobre la mesa la cuestión de si, en caso de que vuelva a producirse una guerra, queremos mantener la misma doctrina que teníamos hasta ahora. No se ha tomado oficialmente ninguna decisión al respecto”, señaló.

En otra parte de la entrevista, Rezai afirmó que la reciente guerra ha demostrado que la República Islámica de Irán no depende de una sola persona y que la administración del país no sufrió ninguna interrupción, ni siquiera momentánea. Según él, esto demuestra que, durante los últimos 47 años, las instituciones del Estado-nación se han consolidado plenamente en el país.

Añadió que actualmente existe unidad y consenso entre los responsables de los distintos poderes del Estado. Aunque puede haber diferencias de criterio en cuestiones técnicas y especializadas, sostuvo que hoy existe el mayor grado de cohesión en torno al wali, el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei.

Como han señalado varios analistas iraníes, la retórica sobre la guerra se ha endurecido considerablemente en los últimos dos días. Desde el propio wali hasta Rezai y otros altos cargos, el mensaje ha sido claro: si la guerra se reanuda, Irán responderá con represalias masivas, desproporcionadas y sin restricciones.

Esto sugiere que Teherán considera que, pese a la actividad diplomática de última hora, la posibilidad de una guerra es cada vez mayor. Sus amenazas buscan disuadir una nueva confrontación o, al menos, frenar las opciones militares más ambiciosas que, según parece, Trump está considerando. Y en el fondo, la variable decisiva sigue siendo la que Rezai dejó sobre la mesa: si la guerra vuelve, la doctrina nuclear dejará de ser la de antes.

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El desafío de Irán sacude la maquinaria bélica estadounidense-israelí y pone en entredicho la hegemonía occidental, inspirando al Sur Global.

La negativa de Irán a ceder ante la presión estadounidense pone de manifiesto las divisiones con Israel, desafía la coerción occidental, fortalece la soberanía de Teherán y ofrece al Sur Global un modelo de resistencia geopolítica e independencia.


Por Iqbal Jassat

La reciente confirmación por parte del general de división Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, de que Teherán no ha respondido a la carta del vicepresidente estadounidense JD Vance, marca un momento de profunda claridad estratégica en la diplomacia de Asia Occidental.

Al optar por un silencio calculado en lugar de un marco de concesiones apresuradas, Irán ha demostrado un nivel de resiliencia soberana que reafirma su papel como peso pesado regional, uno que se niega a ceder ante el peso de la presión estadounidense.

Este estancamiento diplomático no solo salvaguarda la soberanía iraní, sino que también asesta un duro golpe al aparato de línea dura en Tel Aviv, dejando al descubierto los claros límites de la influencia israelí sobre la política exterior estadounidense.

Durante años, la doctrina geopolítica de Israel se ha basado en una premisa fundamental: que podía alinear sin problemas el inmenso poder militar y económico de Washington con sus propios objetivos militares regionales.

El objetivo principal de esta estrategia ha sido la neutralización permanente del programa nuclear iraní y de su infraestructura de mando regional mediante una fuerza abrumadora y preventiva.

Tras los intensos ataques armados conjuntos entre Estados Unidos e Israel a principios de este año, la región parecía estar al borde de una guerra a gran escala diseñada para doblegar a Teherán.

Sin embargo, en lugar de ceder ante la presión de un agresivo bloqueo naval y una agresión militar, Irán se mantuvo firme. Esta postura inquebrantable cambió por completo el panorama, obligando a la administración Trump a buscar una salida diplomática a través de los discretos contactos de Vance.

Al buscar un marco para las negociaciones de paz en lugar de exigir la rendición incondicional, la Casa Blanca ha dado a entender que reconoce de forma pragmática que la política de capitulación absoluta contra la República Islámica ha fracasado.

Para Tel Aviv, este cambio representa un profundo revés estratégico. Altera de hecho su estrategia de "máxima escalada", revelando que Estados Unidos es plenamente consciente de los altos costos de una guerra regional prolongada y sin restricciones, y que busca activamente una salida.

Al mismo tiempo, este acontecimiento diplomático abre una brecha notable entre los objetivos políticos de Washington y Tel Aviv. Israel depende en gran medida de una convergencia férrea con la política exterior estadounidense para mantener sus ciclos de disuasión y escalada.

Sin embargo, el contenido de la carta de Vance, que según se informa se centra en los intereses nacionales mutuos al tiempo que reconoce la soberanía de Irán, indica que la Casa Blanca está priorizando sus propios límites geopolíticos por encima de las demandas maximalistas de Israel.

Cuando Washington opta por las cartas y los ajustes tácticos en el tono, subraya una realidad que Tel Aviv ha tratado de evitar durante mucho tiempo: los intereses estadounidenses e israelíes en la región no son idénticos.

Además, la campaña de presión impulsada por Israel ha desencadenado una reacción adversa no deseada y sumamente peligrosa dentro de la estructura política de Teherán. En lugar de forzar una capitulación nuclear, la agresión ha provocado un intenso debate interno en Irán sobre la conveniencia de revisar formalmente su doctrina nuclear, vigente desde hace mucho tiempo.

Como señaló el general Rezaei, debido a que el público iraní presenció ataques directos en su territorio, existe una creciente presión interna para abandonar las restricciones anteriores y debatir abiertamente la necesidad de una disuasión nuclear.

Esto resulta directamente contraproducente para los objetivos militares a largo plazo de Israel y su nefasto proyecto regional, empujando a Teherán más cerca de un umbral que de otro modo podría haber evitado.

Por último, la negativa de Irán a considerar las sanciones económicas como una señal de sumisión está debilitando activamente la influencia colectiva de Occidente en la que se apoya Israel.

Al imponer siete condiciones estrictas, entre ellas el levantamiento total del bloqueo naval y la liberación de los activos congelados, antes de que puedan reanudarse las negociaciones formales o reabrirse el estrecho de Ormuz, Irán está dictando las condiciones del acuerdo.

Según se informa, debido a que Estados Unidos ha mostrado disposición a aceptar estas condiciones para restablecer las rutas marítimas vitales, el muro de contención económica construido alrededor de Irán está empezando a desmoronarse.

En definitiva, la firme postura de Teherán ha paralizado el principal mecanismo de escalada de Israel. Al negarse a participar en una negociación con condiciones preestablecidas, Irán ha obligado tanto a Washington como a Tel Aviv a afrontar una realidad cambiante donde la coerción ya no produce resultados automáticos y donde la resiliencia ha demostrado ser capaz de alterar el equilibrio de poder entre las potencias mundiales.

Para las naciones del Sur Global, incluida Sudáfrica, la postura desafiante de Irán ofrece un modelo convincente para desenvolverse en la geopolítica contemporánea. A medida que Sudáfrica se encuentra cada vez más en el punto de mira de la presión diplomática y económica occidental debido a su política exterior independiente, puede inspirarse en la firme postura de Teherán.

Al negarse a ceder ante la intimidación unilateral y, en cambio, afianzar su posición en la soberanía nacional, Sudáfrica puede afirmar de manera similar su derecho a definir sus propias alianzas globales, demostrando que la resiliencia colectiva sigue siendo el escudo definitivo contra los dictados extranjeros.

Iqbal Jassat es miembro ejecutivo de Media Review Network, Johannesburgo, Sudáfrica.

(Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las de Press TV).



Oliver Blanco: el canciller que confirma la traición


Oliver Blanco: el canciller que confirma la traición
Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez

La Habana, 2 de noviembre de 2026.- Hay nombramientos que no necesitan explicación. Hablan por sí solos. El de Oliver Blanco como canciller de Venezuela es uno de ellos.

Blanco no es un chavista reciclado. Es un cuadro formado en la oposición más dura. Según EFE, El País y Runrun.es, inició su carrera política a los 19 años como jefe de campaña de Diego Arria en las primarias opositoras de 2012. Poco después ingresó a Acción Democrática, donde fue secretario de organización juvenil y hombre de confianza de Henry Ramos Allup. Entre 2013 y 2019 fue secretario de Organización Juvenil de AD. Y cuando Ramos Allup presidió la Asamblea Nacional en 2016, Blanco fue nombrado director de Comunicaciones Estratégicas y Relaciones Institucionales del Parlamento. Es decir, fue la voz y la estrategia de comunicación de la misma Asamblea que prometió sacar a Maduro en seis meses.

En febrero de 2026, un mes después de la captura de Maduro, Delcy Rodríguez lo nombró viceministro para Europa y América del Norte. Blanco dijo entonces que "no milita en el partido de Gobierno". No lo dijo como una crítica. Lo dijo como una carta de presentación.
La hoja de ruta que no oculta nada
El nombramiento fue el jueves 29 de octubre. El viernes 30, Blanco ya se reunía con John Barrett, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Caracas. En su cuenta de X, escribió: "Reafirmamos nuestro compromiso de seguir fortaleciendo, bajo el liderazgo de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, el diálogo y la cooperación bilateral en beneficio de nuestros países".
Pero el mensaje más revelador no fue el suyo. Fue el de la embajada estadounidense, que publicó que ambos gobiernos trabajan "juntos para avanzar en el plan de tres fases" de Trump y Rubio: estabilización, recuperación y transición.

Y este lunes, según confirmó el Departamento de Estado, Blanco se reunirá con Marco Rubio en Washington. Será el primer encuentro entre los jefes de la diplomacia de ambos países desde que restablecieron relaciones tras la captura de Maduro.
Lo que esto significa para Cuba
La ausencia de Venezuela en la votación de la ONU contra el bloqueo, que discutimos hace unos días, ya no parece un accidente. Parece una decisión coherente con el nuevo rumbo. Un gobierno que pone a un exasesor de Ramos Allup al frente de su diplomacia y que coordina con Rubio el "plan de tres fases" no va a arriesgar su relación con Trump votando a favor de Cuba.
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Los 32 cubanos que murieron en Caracas defendiendo la Revolución Bolivariana no merecían esto. Los médicos cubanos que sirvieron en Venezuela no merecían esto. Y Cuba, que confió en la palabra de Chávez y de Maduro, hoy tiene que mirar con desconfianza a un gobierno que pone a un opositor a dirigir su cancillería.
Lo que yo sostengo
La traición ya no es una hipótesis. Tiene nombre, apellido y cargo. Oliver Blanco es la cara presentable de una entrega que se consumó el 3 de enero y que hoy se formaliza en los despachos de Caracas y Washington.

Que nadie se engañe. Venezuela ya no es un aliado de Cuba. Es un apéndice de Washington. Y Delcy Rodríguez, con este nombramiento, lo ha confirmado ante el mundo. Ya no hay chavismo que representar.

Patria o Muerte. Venceremos.

La primera salida del canciller: Oliver Blanco y la rendición sin careta
Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez


domingo, 1 de noviembre de 2026

Análisis de AP muestra cómo Irán reconfiguró presencia militar de EEUU en zona

Los daños causados por los ataques iraníes a bases y equipos militares de EE.UU. han obligado a Washington a reconfigurar su presencia en Asia Occidental.

Un análisis publicado el sábado por la agencia estadounidense Associated Press (AP), basado en imágenes satelitales de distintos proveedores, reveló que más de 115 ataques con drones y misiles reivindicados por Irán o por fuerzas del Eje de la Resistencia dañaron o destruyeron estructuras en 26 bases militares y otros emplazamientos que albergan equipos estadounidenses.

Según AP, en una primera fase, Irán concentró sus ataques en hangares de aeronaves y sistemas de detección de amenazas entrantes, allanando el camino para nuevos golpes contra almacenes, instalaciones de alojamiento de tropas y otros objetivos.

El análisis señala que los daños sufridos por Estados Unidos han reconfigurado significativamente su presencia en Asia Occidental, obligando a Washington a trasladar numerosos activos militares fuera de los países ribereños del Golfo Pérsico. Entre ellos figuran aeronaves, sistemas de defensa antiaérea, equipos de comunicaciones y otros recursos esenciales para el funcionamiento de sus bases militares.




Defensa de EEUU queda sumida en incertidumbre
El informe destaca que los daños sufridos plantean interrogantes sobre la capacidad de las defensas estadounidenses en la región, en un momento en que el presidente Donald Trump contempla la posibilidad de lanzar nuevos ataques tras las elecciones de mitad de mandato del próximo martes, mientras Teherán promete una represalia contundente “sin limitaciones geográficas”, tal como ha ordenado el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei.


AP determinó que, del 1 de abril al 30 de junio, los ataques iraníes dañaron y destruyeron cientos de edificios y otras estructuras en bases de Estados Unidos.

De hecho, el análisis precisa que Irán priorizó los ataques contra la columna vertebral del sistema de defensa antiaérea estadounidense, al apuntar a radares clave de alerta temprana cuya reparación o sustitución resulta difícil y costosa.


Un radar fue alcanzado en Jordania y se dijo que quedó destruido. Era uno de apenas 13 que posee EE.UU. en todo el mundo, según el fabricante Raytheon. Documentos presupuestarios, citados por AP, muestran que cada uno cuesta alrededor de 500 millones de dólares.

Golpear esas instalaciones probablemente tenía como objetivo “interrumpir y degradar la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para responder a nuevos ataques”, señaló un experto consultado por el medio estadounidense.

Tras destacar los daños infligidos por Irán a aeronaves de reabastecimiento, sistemas de comunicaciones, depósitos de combustible e instalaciones de alojamiento de tropas en varias bases estadounidenses durante la reciente guerra, el informe advierte de que un nuevo conflicto “podría anticipar una nueva realidad para las fuerzas de Estados Unidos” en la región.

Estados Unidos y el régimen israelí lanzaron dos guerras de agresión contra Irán: la primera, en junio de 2025 que duró 12 días, mientras que la segunda comenzó el 28 de febrero de 2026 y se prolongó durante 40 días. En ambos casos, la resistencia iraní y sus operaciones de represalia obligaron a los agresores a aceptar un alto el fuego. Sin embargo, en julio, Washington reanudó los ataques aéreos e impuso un bloqueo naval a Irán, en violación del memorando de entendimiento firmado en Islamabad el 17 de junio.


En respuesta, las Fuerzas Armadas iraníes atacaron objetivos estratégicos estadounidenses en Asia Occidental y declararon cerrado el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, lo que disparó los precios mundiales de la energía.



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Cómo multimillonarios e intereses corporativos influyen en elecciones y políticas de EEUU


Los multimillonarios y los intereses corporativos condicionan las elecciones y las políticas de EE.UU. mediante la financiación de campañas y el lobby empresarial.

Por Ali Zeraatpisheh

El creciente papel de los multimillonarios influyentes en las elecciones estadounidenses ha concentrado enormes recursos financieros en manos de un reducido número de personas, capaces de ayudar a los candidatos a financiar sus campañas, moldear la publicidad política y respaldar a organizaciones que buscan influir en las políticas federales.

Elon Musk, Miriam Adelson, Richard y Elizabeth Uihlein, George Soros, Michael Bloomberg y Jeff Yass figuran entre los grandes donantes políticos cuyas contribuciones merecen un análisis detenido.

Hasta el 23 de octubre de 2026, los 50 principales donantes y organizaciones habían aportado aproximadamente 2770 millones de dólares al ciclo electoral de mitad de mandato, según The Washington Post.

Los contribuyentes alineados con el Partido Republicano representaron 1670 millones de dólares, frente a los 832 millones aportados por los vinculados al Partido Demócrata. Otros 264 millones procedieron de grupos bipartidistas y organizaciones con intereses especiales.

Musk había aportado 446 millones de dólares, principalmente a grupos políticos afines al Partido Republicano, entre ellos America PAC, Senate Leadership Fund y Congressional Leadership Fund.

Richard y Elizabeth Uihlein, el matrimonio propietario de la empresa de suministros de embalaje Uline, habían contribuido conjuntamente con 150 millones de dólares, mientras que los financieros Jeff y Janine Yass habían donado aproximadamente 110 millones a causas políticas y candidatos.

Entre los mayores donantes vinculados al Partido Demócrata figuraban George Soros, cuyas contribuciones alcanzaron los 102 millones de dólares, y el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, que había aportado 84,2 millones.

El cofundador de LinkedIn, Reid Hoffman, y su esposa, Michelle Yee, habían contribuido con aproximadamente 41,2 millones de dólares, mientras que los inversores de capital riesgo Marc Andreessen y Ben Horowitz habían destinado unos 92,2 millones a grupos políticos, incluidas organizaciones que respaldan los intereses de los sectores de las criptomonedas y la inteligencia artificial.

Otros destacados contribuyentes fueron la multimillonaria del sector de los casinos Miriam Adelson, que había donado 67,6 millones de dólares, y el gestor de fondos de cobertura Ken Griffin, cuyas contribuciones alcanzaron los 32,6 millones.

El multimillonario Elon Musk hace un gesto durante un mitin para celebrar la investidura de Donald Trump, Washington D. C., Estados Unidos, 20 de enero de 2025.

¿Cómo financian las grandes petroleras, Wall Street y las farmacéuticas la influencia política?

La industria del petróleo y el gas ofrece un claro ejemplo de gasto político sostenido. Según estimaciones de OpenSecrets, el sector destinó aproximadamente 3100 millones de dólares a actividades de presión (lobbying) ante el Gobierno federal entre 1998 y 2025, frente a los cerca de 486,8 millones gastados por los grupos ecologistas durante un periodo comparable.

ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips y el Instituto Estadounidense del Petróleo (API, por sus siglas en inglés) figuran entre los principales participantes en estas actividades de presión, que abarcan disputas sobre las perforaciones, las normas de emisiones y el desarrollo de los combustibles fósiles.

Este gasto se ha mantenido de cara a las elecciones de mitad de mandato de 2026. En agosto, ConocoPhillips aportó 1,5 millones de dólares a cada uno de los supercomités de acción política (super PAC) Senate Leadership Fund y Congressional Leadership Fund, ambos alineados con el Partido Republicano, mientras que Chevron donó 750 000 dólares al primero.

Wall Street también ha intensificado sus esfuerzos para influir en la formulación de políticas federales. Un análisis de Reuters publicado en febrero de 2026 reveló que 38 grandes bancos estadounidenses, junto con siete de las principales asociaciones del sector, gastaron 86,8 millones de dólares en actividades de presión ante la Casa Blanca, las agencias federales y los legisladores durante 2025.

Estas actividades se intensificaron en medio de las disputas sobre la regulación financiera y la competencia de las empresas de criptomonedas, mientras los bancos buscaban proteger su posición en un sector financiero en rápida transformación.

Las compañías farmacéuticas afrontan una batalla política diferente, pero igualmente trascendental: el coste de los medicamentos con receta.

Un informe publicado por la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado de Estados Unidos documentó que Johnson & Johnson, Merck y Bristol Myers Squibb gastaron conjuntamente 351,6 millones de dólares en actividades de presión ante el Gobierno federal y 34,1 millones en contribuciones a campañas electorales entre 2004 y 2023.

El gasto de estas compañías coincidió con años de debates en el Congreso sobre los precios de los medicamentos y la regulación sanitaria.

Las contribuciones políticas de la industria farmacéutica han continuado durante el actual ciclo electoral. La Pharmaceutical Reform Alliance, que promueve cambios en las políticas de fijación de precios de los medicamentos, informó de que las compañías farmacéuticas, sus comités políticos afiliados y las asociaciones comerciales aportaron cerca de 17 millones de dólares a las campañas electorales al Congreso entre 2023 y junio de 2026. De esa cantidad, unos 9 millones se destinaron a los republicanos y 7 millones a los demócratas.

Directivos de empresas farmacéuticas comparecen ante una comisión del Senado de EE.UU., donde los legisladores los interrogan sobre los precios de los medicamentos con receta. La audiencia sometió a los representantes de Merck, Johnson & Johnson y Bristol Myers Squibb a un escrutinio sobre el coste de los fármacos y las prácticas de fijación de precios del sector. Washington D. C., Estados Unidos, 8 de febrero de 2024.

¿Quién financia a los políticos que deciden las guerras y el gasto en armamento de Estados Unidos?

La guerra de agresión de Estados Unidos contra Irán ha puesto de manifiesto los intereses financieros que están en juego en la política militar, ya que la agresión no provocada e ilegal ha agotado las reservas estadounidenses de armamento y ha generado presiones para aumentar el gasto en misiles, sistemas de defensa aérea y otros equipos militares.

El 19 de marzo de 2026, la revista TIME informó de que el secretario de Guerra, Peter Hegseth, había confirmado una solicitud del Pentágono de 200 000 millones de dólares en fondos adicionales, mientras que el presidente Donald Trump había pedido un presupuesto militar de 1,5 billones de dólares para 2027.

Lockheed Martin es una de las empresas que podrían beneficiarse de la demanda de reposición de armamento.

La compañía fabrica los sistemas de defensa aérea Patriot y los interceptores del sistema de defensa antimisiles de gran altitud THAAD, ambos utilizados para interceptar misiles entrantes.

El Pentágono ya había alcanzado acuerdos para aumentar la producción anual de interceptores Patriot de 600 a 2.000 unidades y la de interceptores THAAD de 96 a 400, aunque ampliar la capacidad de fabricación llevará tiempo.

Cada interceptor THAAD cuesta aproximadamente 12,7 millones de dólares, mientras que cada interceptor Patriot PAC-3 tiene un precio de unos 3,7 millones.

RTX, empresa matriz de Raytheon, también podría beneficiarse de la demanda de armamento utilizado en la guerra contra Irán.

Raytheon fabrica misiles de crucero Tomahawk y sistemas Patriot, y en febrero firmó acuerdos con el Pentágono para aumentar la producción de misiles Tomahawk y varios tipos de interceptores.

General Dynamics, Boeing y Northrop Grumman también figuran entre los principales proveedores de equipos y tecnologías militares vinculados al gasto de defensa estadounidense.

Estas empresas también destinan grandes sumas de dinero a influir en el proceso político que determina los presupuestos militares. La organización Project On Government Oversight informó en julio de que seis grandes contratistas —Lockheed Martin, RTX, General Dynamics, Boeing, Northrop Grumman y Huntington Ingalls Industries— gastaron conjuntamente 21,2 millones de dólares en actividades de presión política durante el primer trimestre de 2026.

Sus grupos de presión estaban presionando al Congreso en relación con la legislación militar, mientras la Administración buscaba aprobar un presupuesto militar récord de 1,5 billones de dólares.

Las contribuciones a las campañas electorales también han llegado a los legisladores responsables del gasto militar. En mayo, Defense News informó de que la industria militar había donado cerca de 5 millones de dólares a miembros del Congreso durante los primeros meses de 2026, mediante comités de acción política (PAC) y contribuciones individuales.

El representante Ken Calvert, presidente de la Subcomisión de Asignaciones de Defensa de la Cámara de Representantes, había recaudado aproximadamente 200 000 dólares procedentes de PAC y particulares vinculados a empresas armamentísticas.

Por su parte, el representante Adam Smith, principal demócrata del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, recibió cerca de 130 000 dólares de PAC del sector y directivos empresariales durante el primer trimestre.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el secretario de Guerra, Peter Hegseth, se reúnen con directivos de importantes contratistas militares, entre ellos Lockheed Martin y RTX, para acelerar la producción de armamento después de que la agresión contra Irán agotara las reservas de misiles defensivos. Washington D. C., Estados Unidos, 6 de marzo de 2026.

¿Cómo utiliza el sector de las grandes tecnológicas su dinero para influir en las leyes que aprueba el Congreso?

La industria de las criptomonedas ofrece un ejemplo concreto de cómo el gasto político puede estar vinculado a una agenda legislativa.

En octubre de 2026, Reuters informó de que las empresas de criptomonedas y los grupos políticos afiliados habían gastado aproximadamente 176 millones de dólares en más de 100 contiendas electorales de mitad de mandato.

El mayor supercomité de acción política (super PAC) del sector, Fairshake, y sus organizaciones afiliadas representaron unos 150,8 millones de dólares, con importantes aportaciones de Coinbase, Ripple y la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz.

La industria ya ha conseguido un importante resultado legislativo. En 2025, el Congreso aprobó la Ley GENIUS, que estableció un marco federal para las monedas estables (stablecoins), un tipo de criptomoneda diseñado para mantener un valor estable.

El sector también busca la aprobación de la Ley CLARITY, que modificaría la regulación de los mercados de criptomonedas.

Las empresas de inteligencia artificial también persiguen sus propias prioridades legislativas. Una investigación publicada en marzo de 2026 por Sludge informó de que Innovative Future Collective, una organización entre cuyos asesores figuran grupos de presión empresariales, había patrocinado viajes para miembros del personal del Congreso con el fin de visitar compañías tecnológicas, entre ellas Meta y Amazon.

La investigación vinculó estas actividades con una campaña del sector a favor de una legislación federal que impediría a los estados imponer sus propias medidas de protección en materia de inteligencia artificial.

Las donaciones empresariales a proyectos presidenciales también han suscitado interrogantes sobre el acceso a la Administración.

Un análisis publicado en junio de 2026 por Citizens for Responsibility and Ethics in Washington identificó a Meta, Amazon, Coinbase y Google entre las empresas que contribuyeron a varios proyectos vinculados a Trump.

La organización constató que 13 de los 15 mayores donantes corporativos se habían reunido con Trump o lo habían acompañado en actos o viajes.

El alcance del problema queda patente en la magnitud del gasto empresarial. Public Citizen informó en agosto de 2026 de que las contribuciones empresariales declaradas para financiar el gasto electoral federal habían alcanzado los 646 millones de dólares, incluidos 206 millones procedentes de compañías de criptomonedas y 62 millones de las grandes tecnológicas y empresas con intereses en inteligencia artificial y centros de datos. La organización advirtió de que la financiación no declarada podría elevar aún más la cifra real.

Estas cifras plantean una pregunta inquietante para la democracia estadounidense, cada vez más deteriorada: cuando los sectores empresariales pueden gastar cientos de millones de dólares para respaldar a sus aliados políticos, atacar a sus adversarios e impulsar leyes favorables a sus intereses, ¿cuánta influencia les queda a los ciudadanos, que solo disponen de un voto?


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