miércoles, 29 de abril de 2026

Irán aprovecha el frágil alto el fuego para reagruparse, reabastecerse y prepararse para nuevas batallas


Irán aprovecha el alto el fuego para reorganizarse, reabastecerse y reforzar su capacidad militar de cara a posibles nuevas confrontaciones.

Por: Mohammad Molaei

El actual alto el fuego prolongado —desde la guerra de 40 días— ha demostrado ser más que una pausa momentánea en la agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica.

Este período ha servido como una importante fase de reevaluación y reajuste para Irán, permitiendo una rápida evaluación del impacto de la guerra, la recuperación operativa y la consolidación de varios componentes clave del creciente perfil militar del país.

Un examen más detenido de los acontecimientos recientes, junto con las declaraciones de las autoridades iraníes, sugiere que Teherán ha utilizado este tiempo no solo para sostener el impulso de su recuperación tras la “Guerra de Ramadán”, sino también para fortalecer su capacidad ante un posible retorno al conflicto.

La señal más clara de esta recuperación acelerada ha sido el notable incremento de las operaciones logísticas en los días inmediatamente posteriores al alto el fuego a principios de este mes.

El aumento de los puentes aéreos militares —incluyendo aeronaves de carga pesada que llegan a bases aéreas clave— apunta a un esfuerzo intensificado por reponer componentes vitales, reforzar las líneas de suministro y sostener la producción de armamento incluso en medio del alto el fuego que la parte estadounidense extendió de forma unilateral.

Aunque estas transferencias militares permanecen oficialmente sin confirmar, la tendencia sugiere que Irán está ejecutando ahora sus estrategias largamente sostenidas de descentralización logística, lo que le permite recuperarse rápidamente cuando es puesto a prueba, como ocurrió en la reciente guerra ilegal y no provocada.

Múltiples canales de suministro, combinados con capacidades de fabricación nacional, han permitido a Irán absorber pérdidas con mucha mayor facilidad de la que sus adversarios podrían haber anticipado.



Arsenal de misiles intacto y en expansión

Quizás el aspecto más significativo de esta recuperación concierne al arsenal de misiles de Irán, piedra angular de su estrategia de disuasión. Las lecciones de la guerra de 12 días en junio del año pasado subrayaron el papel crucial de la tecnología de misiles en la creación de oportunidades operativas.

Según análisis locales y fuentes militares, la producción de misiles se multiplicó por diez entre el final de esa guerra y el inicio de la Guerra de Ramadán.

De manera crucial, este crecimiento no se detuvo; de hecho, según la evidencia disponible, la producción ha continuado acelerándose rápidamente desde que se anunció por primera vez el alto el fuego a principios de abril. Tal impulso contradice las afirmaciones de Estados Unidos e Israel sobre un supuesto programa de misiles iraní incapacitado.

Estas declaraciones ignoran una característica arquitectónica esencial: gran parte de las líneas de producción de misiles, los sitios de almacenamiento y las cadenas de suministro de Irán están integrados en instalaciones subterráneas fuertemente fortificadas, a menudo denominadas “ciudades de misiles”.

Estas instalaciones, construidas en regiones montañosas y reforzadas con múltiples capas de medidas protectoras, son capaces de resistir los efectos de los explosivos antibúnker más potentes.

Curiosamente, se cree que algunas están situadas a profundidades y en configuraciones geológicas que superan la capacidad de penetración de ciertas armas antibúnker (como la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator).

Así, aunque los objetivos en superficie puedan ser priorizados, la mayor parte de la infraestructura de fabricación de misiles de Irán permanece intacta y lista para continuar la producción, incluso frente a bombardeos constantes.



Gasto prudente

La segunda variable clave ha sido su demostrada política de gasto prudente en las dos guerras recientes que le fueron impuestas. Existen indicios de que Irán evitó deliberadamente operar algunos de sus sistemas y configuraciones más avanzados, optando en su lugar por desplegar grandes cantidades de sus existencias de misiles más antiguos.

Esta estrategia fue multifacética, con fines tanto operativos como potencialmente estratégicos: en primer lugar, permitió agotar reservas antiguas acumuladas durante décadas; en segundo lugar, brindó la opción de reservar activos más nuevos y avanzados para una escalada deliberada en caso de una futura guerra.

En este sentido, los informes que sugieren un uso operativo mínimo o nulo de algunas de estas plataformas (como los sistemas de lanzadores dobles para el misil Jeybar Shekan) constituyen un punto clave de atención. Estos sistemas, capaces de duplicar la cadencia de lanzamiento, permanecen en gran medida sin desplegar, lo que sugiere que Irán posee la capacidad de intensificar el ritmo de lanzamientos si reanuda operaciones ante cualquier acto de agresión futura.

Un aspecto crítico de esta estrategia inteligente de lanzamiento se relaciona con consideraciones de inventario y almacenamiento en los silos subterráneos de misiles de Irán. Los misiles más voluminosos y de combustible líquido —como versiones antiguas de la serie Qadr— requieren considerablemente más espacio de almacenamiento que los modelos más recientes, como el Jeybar Shekan de combustible sólido.

Al priorizar el despliegue de sistemas que consumen más espacio durante las primeras etapas de la guerra, parece que Irán ha estado despejando gradual pero sistemáticamente sus instalaciones de almacenamiento para sistemas más compactos de nueva generación.

Esta modernización no solo mejora la capacidad de supervivencia del sistema, sino que también maximiza el número de sistemas que pueden desplegarse en áreas protegidas. En consecuencia, la gran cantidad de misiles utilizados en guerras anteriores podría representar solo una pequeña fracción del total disponible en escenarios alternativos.



Poder marítimo

Paralelamente, otro aspecto de la estrategia de disuasión de Irán es el ámbito marítimo. Las observaciones de los despliegues navales estadounidenses durante la Guerra de Ramadán indicaron un notable grado de cautela.

A pesar de la superioridad numérica y tecnológica de los activos navales estadounidenses presentes, los grupos de ataque de portaviones y las fuerzas marítimas acompañantes mantuvieron, según informes, una postura de distanciamiento a unos 300 kilómetros de Irán.

Se entiende que esta distancia está relacionada con las capacidades antibuque iraníes, incluyendo sistemas de crucero de nueva generación y misiles balísticos antibuque de las familias Jaliy Fars (Golfo Pérsico) y Hormoz (Ormuz). Cabe destacar que estos sistemas no han sido ampliamente utilizados en enfrentamientos anteriores, lo que sugiere que forman parte del “arsenal de contingencia” de Irán.

Las implicaciones de esta contención son significativas. El uso de tales capacidades en un posible nuevo escenario de agresión podría provocar un cambio fundamental en el equilibrio marítimo, planteando amenazas considerables para activos navales de alto valor, como los destructores de la clase Arleigh Burke en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.

La integración sinérgica de ojivas de alta velocidad y maniobrabilidad, sistemas de guiado terminal y tácticas de ataque por saturación podría dificultar la defensa y aumentar el riesgo incluso para plataformas navales modernas. De este modo, el mero hecho de que estas capacidades existan —y no hayan sido utilizadas plenamente— constituye una potente herramienta disuasoria capaz de influir en el comportamiento adversario sin necesidad de ser desplegada.



Declaraciones de funcionarios

La evaluación de que el período de alto el fuego ha sido utilizado activamente para preparativos estratégicos se ve reforzada por declaraciones de altos funcionarios iraníes.

Un comentario reciente del presidente del Parlamento y principal negociador, Mohamad Bager Qalibaf, indica que Irán está listo para jugar nuevas cartas en caso de una futura guerra, lo cual se interpreta ampliamente como una señal de que existen capacidades inéditas que el país está preparado para revelar —ya sea porque no han sido discutidas previamente o porque aún no han sido empleadas.

El funcionamiento exacto de estos sistemas sigue siendo objeto de especulación, aunque el panorama general parece incluir capacidades de misiles ampliadas, principios de lanzamiento perfeccionados y, posiblemente, conceptos operativos novedosos orientados a explotar vulnerabilidades detectadas en enfrentamientos anteriores.

En conjunto, los acontecimientos ocurridos durante el alto el fuego conducen a una conclusión evidente: en lugar de reducir las capacidades militares de Irán, las declaraciones de guerra y el período posterior de pausa han impulsado un proceso de transformación y consolidación.

La combinación de una mayor capacidad de producción, infraestructura protegida, uso selectivo de recursos y una gestión conservadora de capacidades avanzadas ha situado a Irán en una posición estratégica reforzada en comparación con el periodo previo al inicio de la guerra impuesta.



En ese sentido, el equilibrio de poder no ha permanecido congelado, sino que ha sido redefinido en torno al alto el fuego, recientemente extendido de forma unilateral por el presidente estadounidense.

Si la agresión se reanudara, el contexto en el que se desarrollaría diferiría considerablemente de las etapas anteriores. Mayores tasas de producción de misiles, mayor densidad de lanzamientos, la posible introducción de sistemas hasta ahora no utilizados y la implementación de capacidades de negación marítima configurarían un escenario más complejo y desafiante para cualquier coalición enemiga.

La noción psicológica de que los ataques previos han dejado a la fuerza disuasoria iraní incapaz de responder resulta difícil de sostener cuando se contrasta con la solidez estructural y la capacidad de adaptación demostradas a lo largo de los años.

Finalmente, el período de alto el fuego ha puesto de relieve una tendencia particular en la guerra contemporánea: en cierta medida, las pausas temporales no solo congelan la acción militar, sino que también ofrecen tiempo para rejuvenecer, innovar y reorientarse. En el caso de Irán, parece haber sido un tiempo bien aprovechado, en el que la recuperación a corto plazo se transformó en una ventaja estratégica a largo plazo.

Texto recogido de un artículo publicado en Press TV

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EEUU en una encrucijada: Trump solo puede capitularse ante Irán


Un análisis de leacciones de EE.UU. ante las posturas de Irán, expuestasas r por el canciller persa durante su reciente gira, revela una cosa: profunda confusión en Washington.

Por el equipo de análisis estratégico de Press TV

Irán ha marcado sus líneas rojas con claridad y precisión. Según fuentes fidedignas, Teherán ha comunicado sus posiciones a todas las partes en al menos dos frentes cruciales.

Primero, la exclusión de cualquier cuestión relacionada con el programa nuclear de las negociaciones para el fin de la guerra. Segundo, la determinación decisiva e irreversible de Irán de ejercer el control total del estrecho de Ormuz.

No se trata de simples ajustes en la negociación. Representan exigencias fundamentales que transforman por completo el panorama estratégico. Y estas exigencias inflexibles han colocado a Estados Unidos en una encrucijada donde ambos caminos conducen a derrotas definitivas para el presidente Donald Trump.

Primer camino: Aceptación

Si Trump acepta las posturas iraníes, la conclusión es devastadoramente simple. Confirmaría que Estados Unidos no ha logrado absolutamente nada, ni en el campo de batalla ni en el ámbito diplomático. Ni una sola victoria. Ni una sola concesión.

Peor aún, Irán saldría de la guerra que le fue impuesta con importantes ventajas estratégicas. Estas incluyen la preservación y consolidación de sus derechos y disposiciones nucleares, un golpe directo a décadas de política estadounidense destinada a frenar el programa nuclear iraní.



Y, quizás aún más significativo, el estrecho de Ormuz, de gran importancia estratégica, quedaría firmemente bajo el control y la soberanía iraníes para siempre.

En otras palabras, la aceptación significaría el reconocimiento formal y público de que Estados Unidos no solo no ha logrado derrotar a Irán, sino que ha visto a Teherán emerger más fuerte, más soberano y más dominante en uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más críticos del mundo.

Segundo camino: Reanudación de la guerra

Si Trump se niega a aceptar las condiciones de Irán, no le queda más remedio que reanudar la guerra. Y aquí, los riesgos son extraordinariamente altos para él y su maquinaria bélica.

Irán ya ha demostrado su capacidad en el campo de batalla. La guerra impuesta ha demostrado que el poderío militar estadounidense no puede doblegar la determinación iraní. Pero lo más preocupante para Washington es que Irán aún guarda ases bajo la manga: recursos militares y estratégicos que aún no ha desplegado.

Dadas estas capacidades demostradas y el arsenal desconocido que aún mantiene en reserva, la probabilidad de que Irán inflija a Estados Unidos una derrota y humillación aún mayores que las sufridas en los primeros 40 días es extremadamente alta. Esto no es mera bravuconería. Es un cálculo basado en pruebas.

¿Qué significa esto para Trump? Una pesadilla terrible. Si no actúa con cautela y retoma una guerra inútil contra Irán, podría verse obligado en el futuro a concederle a Irán concesiones mucho mayores y más significativas solo para salir del conflicto.



En otras palabras, reanudar la guerra podría tener consecuencias aún peores que la aceptación.

El tercer camino: La ilusión de la inacción

Reconociendo la imposibilidad de ambas opciones, Washington busca ahora una tercera vía. Y la única opción que queda —a juicio de Estados Unidos, la menos arriesgada— es no aceptar las condiciones de Irán para poner fin definitivamente a la guerra ni reiniciarla.

¿Cómo se traduce esto en la práctica? Mantener el bloqueo naval actual mediante el bandidaje y la piratería marítima. Continuar hostigando a los buques iraníes en aguas internacionales. Reforzar la presión económica sobre Teherán. Esperar resultados. Y, como dice el refrán, esperar una salida cambiando de un enfoque fallido a otro.

Para Estados Unidos, esta podría ser la única opción posible. Se trata de una estrategia de dilación: un intento de congelar la guerra mientras se busca presionar económicamente a Irán.

El peligro oculto

Pero aquí reside el gran peligro que los estrategas de la Casa Blanca podrían estar subestimando. Si esta opción también resulta inútil e ineficaz para Trump, si la presión económica no logra doblegar a Irán, si el bloqueo se neutraliza, si la resistencia iraní se mantiene, entonces se vería obligado a recurrir a las dos opciones anteriores.

Y ambas, desde la perspectiva de cualquier estratega sensato, son sin duda más arriesgadas que el bloqueo naval. La aceptación conlleva humillación y derrota estratégica. La guerra conlleva la aterradora perspectiva de una humillación aún mayor.

Lo que presenciamos es a un presidente atrapado. Irán ha estructurado sus demandas no como propuestas iniciales, sino como posiciones finales. La cuestión nuclear está descartada. Ormuz es innegociable. Trump puede aceptar, luchar o congelar la situación. Ninguna de estas opciones conduce a la victoria.

La confusión y el desorden en las reacciones iniciales de Washington no son temporales. Son síntomas de una realidad estratégica más profunda: por primera vez en décadas, Estados Unidos se enfrenta a un adversario que ha cerrado todas las opciones viables.

Si Trump acepta las condiciones de Irán, pierde. Si reanuda la guerra, se arriesga a una derrota aún mayor. Si no hace nada y espera que el bloqueo funcione, solo estará retrasando el inevitable regreso a las dos primeras opciones, ambas catastróficas.



Este es un momento crucial. Y sea cual sea el camino que Trump elija, la situación es clara: Irán ha convertido el alto el fuego en un reinicio estratégico, y a Estados Unidos se le está acabando el margen de maniobra.

Bandido marítimo estadounidense

A Estados Unidos se le ha acabado el tiempo. Según una fuente de seguridad de alto rango que habló con Press TV, el actual “bloqueo naval” estadounidense, esencialmente una forma de piratería y bandidaje marítimo, pronto se enfrentará a una “acción práctica y sin precedentes”.

Las Fuerzas Armadas iraníes han dejado clara su postura: la paciencia tiene un límite. Una respuesta contundente es necesaria si Washington mantiene su control ilegal sobre el estrecho de Ormuz, afirmó.

El cálculo estratégico detrás de la moderación de Teherán a menudo se malinterpreta. Según la fuente, la pausa nunca fue una señal de debilidad. Fue una oportunidad deliberada para la diplomacia: una última ocasión para que los estadounidenses conocieran y aceptaran las condiciones de Irán para poner fin a la guerra.

También tenía como objetivo brindarle al presidente Trump una vía de escape, una oportunidad para sacar a Estados Unidos del atolladero en el que se encuentra. Eso era precisamente lo que buscaba.

Si la obstinación y las ilusiones estadounidenses persisten, advirtió la fuente, el enemigo debería esperar una respuesta muy diferente. Cabe destacar que Irán es plenamente consciente de las consecuencias económicas.

El cierre del estrecho de Ormuz y el mantenimiento del bloqueo afectarían a todos los países, incluido Irán. Sin embargo, las décadas de experiencia de Teherán en eludir sanciones, sus miles de kilómetros de fronteras terrestres y sus medidas preexistentes para contrarrestar los bloqueos marítimos han hecho que Irán sea mucho más resistente a la presión económica que Estados Unidos.

Casi 60 días después del inicio de la guerra contra Irán, Trump busca una salida, tras haber perdido tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones.

Pero si el bloqueo ilegal e imprudente continúa, incluso esta última opción quedará desacreditada, al igual que las demás. Eso sería el golpe de gracia para el agonizante Imperio estadounidense.




martes, 28 de abril de 2026

“Ormuz: si no reabre el 1 de mayo, punto de no retorno”

Una web analítica del mercado petrolero prevé que, si Ormuz no se reabre hasta antes de mayo, se habrá cruzado el punto de no retorno, sin vuelta atrás.

HFI Research, medio analítico y especializado del mercado energético y del petróleo, ha evaluado la situación del mercado de crudo a nivel global, en momentos en que el estrecho de Ormuz y sus alrededores están bajo doble candado; por un lado, Washington ha impuesto un cerco en el mar de Omán a las embarcaciones hacia o desde puertos iraníes, mientras Irán en represalia ha restringido el tránsito por esta vía marítima, donde antes de la guerra navegaba la quinta parte del petróleo que requiere el mundo.


“Si el estrecho de Ormuz no se reabre antes de mayo, los analistas advierten que el mundo se enfrentará al mayor corte de suministro de la historia, de una magnitud cuatro veces superior a cualquier crisis anterior”, afirma el medio.

Tampoco se podrá hacer una predicción precisa del precio del petróleo—que hoy día ha superado los 112 dólares por barril— porque las teorías fundamentales del mercado ya no funcionarán aquí, puesto que para una escasez absoluta y total de combustible, no hay precio, agrega.

HispanTV

@Nexo_Latino

 El precio del petróleo supera los 112 dólares  

El crudo Brent superó los 112 dólares por barril. El petróleo West Texas Intermediate también alcanzó más de 101 dólares por barril.

En este escenario, los analistas de los grandes bancos de inversión intentarán pronosticar un precio del crudo, pero, HFI Research advierte de cualquier predicción se quedará corta. No hay precedente histórico que sirva de guía, remarca.

La firma especializada explica que ya se ha superado el punto de quiebre y, a partir de ahora, el mercado seguirá una lógica implícita en la actual dinámica de cierre del estrecho: sin combustible, no hay mercado.

Con todo, HFI Research concluye que, “si el estrecho de Ormuz permanece cerrado más allá de abril, habremos cruzado tanto el punto de no retorno que ya no habrá vuelta atrás, y el mercado petrolero tal como lo conocemos dejará de funcionar con las reglas habituales”.



Según el informe, considerando la pérdida acumulada de almacenamiento y disminución de la oferta mundial, “la única forma de compensar una caída tan brutal sería imponer confinamientos obligatorios similares a los de la pandemia de la COVID-19”.

Rememora que, fuera de medidas gubernamentales, jamás se ha registrado una destrucción de demanda impulsada por el mercado de esta magnitud. Ni siquiera durante la Gran Crisis Financiera de 2008 se observó una caída cercana al 12 % de la demanda global. El único período comparable fue entre 1980 y 1983, cuando la demanda mundial de petróleo se redujo un 10 %, pero eso ocurrió a lo largo de tres años.


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Rubio: “Estrecho de Ormuz es un arma nuclear económica” de Irán


El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, destacó el lunes que el estrecho de Ormuz es, en esencia, equivalente a un arma nuclear económica de Irán.

Marco Rubio declaró en una entrevista con la cadena Fox News que “el estrecho de Ormuz es, en esencia, equivalente a un arma nuclear económica que Irán intenta usar contra el mundo”.

Anteriormente, analistas estadounidenses e israelíes habían explicado que la principal arma de Irán es su geopolítica y su geografía específica —especialmente el estrecho de Ormuz—, y que puede ejercer la presión necesaria sobre sus enemigos sin poseer armas nucleares. Una idea que ahora también reconoce el secretario de Estado estadounidense.

Aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas licuado del mundo transitaba a diario por esta estratégica vía marítima. Durante 40 días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dedicó todos sus esfuerzos —incluyendo amenazas y solicitudes de ayuda a los europeos— con el fin de lograr, tal vez, la apertura del estrecho de Ormuz. Finalmente, al establecer un bloqueo en el mar de Omán, ha sellado de hecho, y de manera aún más hermética, el cierre del estrecho de Ormuz.



El cierre del estrecho de Ormuz ha ejercido presión directa sobre la economía y la vida cotidiana de los estadounidenses; esta es una de las razones por las que el pueblo estadounidense considera a Trump el perdedor de la guerra y su popularidad disminuye día a día.

EE.UU. e Israel lanzaron una guerra de agresión contra Irán el 28 de febrero de 2026, en la que cayeron mártires el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, altos comandantes militares, científicos nucleares de alto rango y civiles iraníes, incluidos niños y mujeres.

En respuesta, Irán lanzó una operación de represalia llamada “Verdadera Promesa 4”, en la que, en 100 oleadas de ataques, golpeó a Israel y a bases estadounidenses en países árabes del Golfo Pérsico. Estados Unidos se vio obligado a pedir una tregua de dos semanas para negociar, bajo la mediación de Pakistán.

La tregua dio lugar a una primera ronda de negociaciones, que terminaron sin avances, debido a exigencias excesivas y la violación del alto el fuego por parte de Estados Unidos al imponer un cerco naval a Irán y atacado embarcaciones del país persa.

Teherán que reabrió el 17 de abril el estrecho de Ormuz a los buques comerciales como medida de buena fe, volvió a cerrarlo el 18 de abril en respuesta al bloqueo naval estadounidense y prometió responder cualquier acción hostil del enemigo en la zona.




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