jueves, 14 de marzo de 2024

Valdir da Silva Bezerra
Analista internacional

A principios del 2024, el Gobierno saudí no confirmó su adhesión a los BRICS, meses después de que el país fuera invitado a unirse durante la 15.ª cumbre del grupo en Sudáfrica. ¿Se enfrenta Riad a un dilema?

En principio, la respuesta parece ser afirmativa, pero hay matices importantes a tener en cuenta. Curiosamente, Riad envió representantes para participar en la reunión de sherpas de los BRICS a finales de enero, que reunió a organizadores y negociadores de cada uno de los países miembros del grupo para preparar la futura cita de jefes de Estado prevista para la segunda mitad de 2024. Con la participación de nuevos países —Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos e Irán— los BRICS ampliados celebrarán su próxima cumbre en la ciudad de Kazán, en Rusia.

Con la ampliación, el grupo inaugura su presencia política en Oriente Medio (gracias a Irán y Emiratos Árabes Unidos), así como en el Norte de África (a través de Egipto y Etiopía). Con la esperada entrada definitiva de Arabia Saudita, los BRICS controlarán casi la mitad de los recursos energéticos mundiales, especialmente el petróleo y el gas natural, ampliando enormemente la influencia de la agrupación.

Además, los BRICS son los principales impulsores de las iniciativas de desdolarización de la economía mundial actualmente en curso, basadas en la defensa del comercio internacional en monedas locales, lo que reducirá progresivamente el papel del dólar en las transacciones entre Estados. Este proceso promete ser un duro golpe para la hegemonía estadounidense en el mundo y un parteaguas para la economía política mundial. Teniendo en cuenta todo esto, ¿por qué los saudíes siguen dudando sobre si unirse o no a los BRICS?

Una de las razones puede residir precisamente en la presión ejercida por EEUU sobre Riad para que no amplíe su cooperación tan rápidamente. Después de todo, desde la Guerra Fría, Arabia Saudita ha sido uno de los principales socios estratégicos de los norteamericanos en Oriente Medio, junto con Israel. Sin embargo, los saudíes fueron pioneros en vender su petróleo a cambio de dólares estadounidenses, generando lo que más tarde se conoció como petrodólares. Esta enorme entrada de dinero en el país procedente del comercio de materias primas con Occidente fue decisiva para el enriquecimiento del Gobierno saudí. Hoy, por su parte, EEUU se muestra muy receloso ante el hecho de que Arabia Saudita haya acordado con China vender su petróleo a cambio de yuanes. Por lo tanto, la entrada de Riad en los BRICS no hará, sino acelerar este proceso, profundizando el movimiento de desdolarización de la economía mundial promovido por el grupo.

Al fin y al cabo, aparte de Arabia Saudita, los estadounidenses no tienen poder de negociación para disuadir a los demás miembros de los BRICS de utilizar sus monedas locales para comerciar con otros países. Esto se debe a que Washington no mantiene una relación tan estrecha en materia de seguridad y defensa con países como la India, Brasil, Sudáfrica y Egipto, como la que mantiene, por ejemplo, con los saudíes. Es debido a esta relación, además, que las empresas del complejo militar industrial norteamericano obtienen enormes beneficios, concretamente vendiendo armas a gobiernos amigos de Oriente Medio, como Riad.

Sea lo que sea, hay otra razón que puede estar disuadiendo a los saudíes de tomar una decisión rápida sobre su adhesión a los BRICS. Se trata de Irán. Aunque las relaciones diplomáticas entre ambos países se restablecieron en 2023 con la intermediación de China, el pasado reciente muestra una atmósfera de cuasi Guerra Fría en Oriente Medio que involucra a Riad y Teherán. En el contexto de la Primavera Árabe, por ejemplo, Arabia Saudita fue acusada de causar inestabilidad en Yemen y de luchar contra las fuerzas locales hutíes, que a su vez reciben ayuda de Irán. En cuanto a la guerra civil siria. 

Irán y Arabia Saudita también se encontraron en bandos opuestos del conflicto, ya que los saudíes apoyaban a las fuerzas de oposición salafíes y wahabitas (dos de los grupos más conservadores dentro del islam), mientras que Irán apoyaba la permanencia de Bashar al Ásad en el poder. Así pues, tras años de crecientes tensiones políticas en la región, es natural esperar que no todo sea coser y cantar en las relaciones entre Teherán y Riad, incluso tras el reciente acercamiento diplomático.

Además, cuando se trata de la presión de Washington sobre Riad, también hay que tener en cuenta la gran presencia militar norteamericana en el país. Hay numerosas bases estratégicas instaladas en territorio saudí, que sirven para vigilar los procesos en la región, así como para contener a Irán y a los países hostiles a Israel. Al fin y al cabo, la orientación estratégica de Estados Unidos en Oriente Medio siempre ha sido cooperar con determinados gobiernos locales, incluso los más autoritarios, en defensa de sus intereses económicos y geopolíticos. Sin embargo, antes de la crisis provocada por las operaciones israelíes en Gaza, los norteamericanos habían estado patrocinando un acercamiento diplomático entre los saudíes y los israelíes por debajo de la mesa. 

Este acercamiento solo se vio comprometido por las repercusiones internacionales negativas que rodearon las acciones de Israel en Gaza, que ya han causado la muerte de más de 30.000 palestinos. Irán, por su parte, ha aprovechado la situación para aumentar su tradicional retórica antisraelí, así como su influencia mediante el apoyo a grupos como Hamás e Hizbulá en Líbano. Con Irán (que ahora forma parte de los BRICS), por tanto, cualquier proceso de acercamiento a Israel no solo es poco práctico, sino imposible.

Teniendo en cuenta todos los factores ya mencionados, aunque Arabia Saudita decida unirse definitivamente a los BRICS, el país seguirá siendo susceptible a las presiones de EEUU (en particular) y del propio Occidente, de forma más general. En última instancia, el dilema de Riad implica mucho más que el simple cálculo de costes y beneficios típico de cualquier decisión política adoptada por los Estados. Se trata de unirse al mundo multipolar a riesgo de perder algunos de los importantes beneficios de su relación con la hegemonía estadounidense en declive.

Las opiniones expresadas en este artículo pueden no coincidir con las del equipo editorial


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