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Momčilo Gavrić tenía ocho años cuando regresó a su casa y encontró que su infancia había terminado.
Era agosto de 1914.
Había nacido en Trbušnica, cerca de Loznica, en Serbia. Su padre lo había enviado a buscar una carreta a casa de un tío.
Ese encargo le salvó la vida.
Cuando volvió, soldados austrohúngaros habían matado a su padre, a su madre, a su abuela, a tres hermanas y a cuatro hermanos.
La casa había sido incendiada.
Momčilo quedó solo.
Caminó por las laderas del monte Gučevo buscando soldados serbios hasta encontrar una unidad de artillería de la División Drina.
El mayor Stevan Tucović escuchó lo ocurrido.
Decidió quedarse con él.
Uno de los soldados recibió la tarea de cuidarlo. Otro le confeccionó un pequeño uniforme utilizando restos de prendas militares.
Momčilo pasó a ser conocido como “el hijo de la División Drina”.
Según el relato que su familia conservó posteriormente, aquella misma noche mostró a los soldados dónde se encontraban los hombres responsables del ataque contra su familia.
La artillería abrió fuego.
Después de la batalla de Cer, el niño recibió el rango de cabo.
Tenía apenas ocho o nueve años.
Pero la guerra todavía tenía mucho preparado para él.
En 1915 acompañó al ejército serbio durante la terrible retirada a través de Albania.
Miles de soldados y civiles murieron de hambre, frío y agotamiento.
Momčilo sobrevivió.
Tras ser evacuado a Corfú recibió un uniforme completo y continuó junto a su unidad.
También volvió a la escuela.
Durante un periodo fue enviado a recibir educación primaria, pero regresó después con los soldados.
Estuvo en el frente de Salónica.
Combatió en Kajmakčalan.
Fue herido varias veces.
En 1917, el mariscal Živojin Mišić visitó las posiciones y quedó sorprendido al encontrar a un niño uniformado entre los soldados.
Cuando le explicaron que Momčilo llevaba con ellos desde 1914, decidió ascenderlo nuevamente.
Con unos once años se convirtió en suboficial.
Continuó con la unidad hasta el final de la guerra y participó en el avance que liberó Serbia.
Cuando otros niños de su edad apenas comenzaban la escuela secundaria, Momčilo ya había sobrevivido a cuatro años de guerra.
Después llegó algo completamente distinto.
Fue enviado a Inglaterra, donde organizaciones británicas ayudaban a educar a huérfanos serbios.
Pasó varios años estudiando allí.
Luego regresó a su país.
Vivió hasta 1993.
Durante décadas habló poco de lo ocurrido y buena parte de su historia terminó siendo conocida gracias a testimonios posteriores, documentos militares y relatos de su familia.
La fotografía del pequeño soldado sigue resultando difícil de mirar sin contexto.
El uniforme parece demasiado grande.
El rostro, demasiado joven.
Y precisamente ahí está la parte esencial de su historia.
Momčilo Gavrić no fue extraordinario porque un niño perteneciera a un ejército.
Fue extraordinario porque una guerra destruyó su familia, le arrebató la infancia y lo dejó buscando entre soldados el único lugar donde todavía podía sentirse protegido.
A los ocho años no eligió una carrera militar.

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