Aquel Ayer En Historias se siente sorprendido(a) en La Habana, Cuba.
La frase de Fidel en el funeral de las víctimas —"Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla"
Textual;
"La historia del 6 de octubre de 1976 es la de un miércoles que se tiñó de negro sobre las aguas del Caribe. No fue un accidente, sino un acto de barbarie meticulosamente planeado en reuniones secretas y ejecutado con la frialdad de quienes desprecian la vida humana. El derribo del vuelo CU-455 de Cubana de Aviación dejó 73 familias rotas y una herida en el corazón de la isla que, 49 años después, sigue sangrando por la impunidad de sus autores. Esta es la crónica de un sabotaje anunciado que el mundo conoció como el Crimen de Barbados. 



Todo comenzó meses antes, en junio de 1976, en la localidad de Bonao, República Dominicana. Allí, bajo el amparo de la sombra, se reunieron organizaciones extremistas de exiliados cubanos radicados en Estados Unidos. El coordinador: Orlando Bosch Ávila. 



En aquel encuentro se fundó la CORU (Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas), una alianza terrorista cuyo único fin era atacar intereses cubanos. Mientras algunos planeaban el asesinato del embajador chileno Orlando Letelier en Washington, Bosch y Luis Posada Carriles centraban su mirada en el cielo, diseñando planes para derribar aeronaves civiles.
El vuelo salía de Guyana hacia La Habana, con escalas en Trinidad y Tobago y Barbados. A bordo viajaban 73 personas: jóvenes del equipo nacional de esgrima cargados de medallas de oro, estudiantes de medicina, trabajadores y niños.
A pocos minutos de despegar de Barbados, dos explosiones sacudieron la nave. El capitán Wilfredo Pérez intentó desesperadamente regresar a la costa para salvar a su tripulación y pasajeros, pero el avión, herido de muerte, se precipitó al océano ante la mirada horrorizada de quienes estaban en las playas. No hubo sobrevivientes. 



Años de desclasificación de documentos han revelado una verdad escalofriante: la inteligencia estadounidense sabía lo que iba a pasar. 



El Aviso Anticipado: Documentos de la CIA fechados en junio de 1976 ya alertaban que el grupo de Bosch planeaba poner bombas en vuelos de Cubana.
El Silencio: A pesar de tener datos precisos sobre el objetivo y los perpetradores, la información nunca fue compartida con las autoridades cubanas ni con la aerolínea.
La Impunidad: Los autores materiales, los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, fueron condenados, pero los cerebros detrás del plan, Bosch y Posada Carriles, vivieron décadas de libertad e impunidad en Estados Unidos, protegidos por indultos presidenciales y lagunas legales. 



En 2026, la historia de Barbados sigue siendo el símbolo del doble rasero en la lucha contra el terrorismo. Mientras el pueblo cubano recuerda cada año a sus caídos con flores y llanto, los verdugos murieron en sus camas en Miami sin haber pagado por el asesinato de 73 inocentes.
La frase de Fidel en el funeral de las víctimas —"Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla"— resuena hoy no como una consigna, sino como el recordatorio de una deuda histórica. El Crimen de Barbados no es solo un suceso del pasado; es el testimonio de una era donde el sabotaje y la muerte fueron utilizados como herramientas políticas ante la mirada cómplice de quienes debieron evitarlos. 
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